“Por definición, el futbolero es curioso por la geografía. Empiezas descubriendo jugadores y equipos, luego países. Una cosa lleva a la otra. Acabas explorando el mundo a través del fútbol”. Lo dice así, sin darse demasiada importancia. Ajeno a su condición involuntaria de profesor de geografía de media España. No le falta razón. Existe una extraña filia en el fenotipo futbolero por lo toponímico, por lo cartográfico, por las localidades desconocidas. El placer de aprender por aprender. Si no a santo de qué íbamos a saber ubicar en el mapa Bialystok, Tetovo o Tiraspol. Cada par de jueves —siempre y cuando el abyecto fútbol de selecciones no lo impida— los militantes de tan folclórico credo tenemos una cita con él, que no nos conoce a todos pero nos intuye, como intuye nuestros salones y nuestras cenas. A él le debemos un corpus teórico de conocimiento absurdo, de acuerdo, pero imprescindible para nuestra educación sentimental.
El caso de Jaume Naveira (Sant Adrià de Besòs, Barcelona, 1993) es el de un niño precoz. Podría decirse que siempre ha estado predestinado para el fútbol internacional. Sí, porque mientras que el común de los mortales tenemos nuestros primeros recuerdos asociados a un balón a los siete, ocho, diez años; él tiene que remontarse a la temporada 1997/98 para encontrar en los cajones olvidados de la memoria sus primeros flashes balompédicos. Las victorias del Dinamo de Kiev de Shevchenko y Rebrov al Barça, la final de la Séptima. Antesalas ambas del gran colofón tardonoventero, la final de Champions del 1999 en su Barcelona natal. El partido con el que se enamoró del fútbol definitivamente. Él y toda una generación. Solskjaer asesinando al Bayern con cara de niño y Schmeichel dando volteretas. Seis años tenía Jaume por entonces, condenado ya de por vida a una pasión de la que es imposible huir.
“Lo primero que me fascinó del fútbol es toda la parafernalia y la liturgia de la Champions. Además, a finales de los 90, las agendas escolares traían el mapa de Europa en la última página, con las banderas y las capitales. Desde pequeño me las aprendí. El fútbol internacional siempre me fascinó”. Y así, entre partidos continentales y la agenda del colegio, fue construyendo poco a poco una memoria futbolística que le ha llevado a consagrarse como uno de los narradores referentes en nuestro país y a ser, veinticinco años después del gol de Solskjaer, la voz del celebrado Multichampions y del todavía más reverenciado, producto de culto para muchos, Multi Europa y Conference League, ambos en Movistar+.
Naveira empezó a narrar fútbol a los 17 años, de manera amateur, en varias emisoras online. Lo que le echasen. Primera, Segunda, Champions, Europa League. Hablamos de la época post Mundial de Sudáfrica, prácticamente en los albores de las redes sociales, en la que en las facultades de periodismo una palabra resonaba con más fuerza que cualquier otra: especialización. Y a él le dio por el fútbol soviético, cuando todavía la liga rusa o la ucraniana eran potentes. El Zenit de Hulk, el Shakhtar de los brasileños, apariciones estelares como el Dnipro o el Rubin Kazán. Esa era su movida. Como lo era para el tuitero davai davai, con el que haría pareja retransmitiendo partidos de estas ligas que posteriormente subiría a su blog.
“Cogía la imagen del partido y narraba por encima. Narraba todos los partidos que no tuviesen derechos televisivos en España. League One, liga checa… estamos hablando de una época de mucho tuitero especializado”, señala. El famoso twitter fútbol. Los llamados parabólicos, o “pizarritas”, como los bautizó Roberto Gomez antes de que Quintana, Adrián Blanco y Nahuel Miranda se adueñasen del término.
En ese ecosistema le escucha Axel Torres y se lo lleva a Radio Marca, al mitológico Marcador Internacional. Era la temporada 2012/13. Máster acelerado en nombres impronunciables y acentos del este. De ahí pasa a Mediapro. Y unos años después, casi por accidente, la llegada del formato que le cambia la vida. La escena es la siguiente. Es jueves de 2016. Son las cinco de la tarde. En unas horas se disputa la vuelta de los dieciseisavos de final de la Europa League. Naveira se encuentra realizando las prácticas de la universidad en TVE. Recibe una llamada de Mediapro. Le piden que narre los partidos del día. ¿Qué partido?, pregunta el adrianense. Todos, le responden. La jornada empieza a las siete. Y allí que se planta.
El Multi de 2016 no era el artefacto perfecto de orfebrería que es hoy, sino un experimento de laboratorio. La UEFA mandaba a Mediapro una señal con los highlights en directo de toda la jornada, pero entre acción y acción sólo aparecían grafismos, nada de imágenes. A Naveira le piden que hable por encima, que algo se le ocurrirá. “Las jugadas las narraba, pero entre medias podía tener tres minutos de grafismos. Tuve que improvisar. Salí del paso tocando el violín”, bromea. La inconsciencia de la juventud.
Con el tiempo el formato se ha estilizado y Jaume lo ha hecho suyo. Disfruta con la incertidumbre, con no saber lo que pasará en la siguiente acción. “Me gusta que las cosas me sorprendan y que la narración tenga naturalidad”, confiesa. “Pido que no me avisen de lo que vamos a ver. Al editor lo único que le pido es que me diga el equipo local del partido al que vamos”. Así de simple. Una voz por el pinganillo exclama Jagiellonia o Samsunspor o Ludogorets y él narra lo que ve. Como lleva haciendo quince años.
La clave, como él mismo reconoce, radica en la transversalidad del producto. “A la gente joven le llama la atención por los estímulos constantes, pero a los más veteranos les trae recuerdos de los carruseles de las cinco de la tarde. Por eso gusta tanto”. comenta. No en vano hablamos del más perfecto hijo de su tiempo de todos los productos audiovisuales deportivos. La cultura del highlight, del gol en un tuit y del bombardeo constante. Aquí es imposible aburrirse treinta segundos. El multi es una peli de tiros y explosiones durante dos horas. “Si yo no estuviese haciendo el multi estaría en casa viendo el multi”, acierta a resumir Naveira.
Los martes y los miércoles son para la Champions. Aquí el formato es distinto, pues cada partido cuenta con su pareja de narrador y comentarista correspondiente, y la labor de Jaume se limita a dar paso a los campos en los que está a punto de producirse la acción destacada. Lo suyo, lo de Naveira, son los jueves. El Multi Europa y Conference League. Café para muy cafeteros. Por cuestiones de personal, Movistar no dispone de narradores para todos los partidos de la jornada, al menos los de la primera fase. Para evitar dar paso a encuentros con retransmisión propia y a otros no, se decidió que fuese Naveira quien narrase todos los partidos de ambas competiciones. Sí, todos. Los 36. 18 a las siete de la tarde y los 18 restantes a las nueve. Porno salvaje para el futbolero parabólico.
“Me gusta más el multi de los jueves. Me va la marcha. Yo me lo gozo”, confiesa. Desde la temporada 2018-19 le acompaña en las labores de comentarista Fermín Suárez, con quien conectó enseguida. “Fermín es un lujo. Cualquier centro que yo le tiro me lo remata”, afirma Naveira. Sin pretenderlo, Jaume y Fermín forman ya parte del imaginario colectivo balompédico, pareja de culto para muchos, una especie de Montes y Daimiel del fútbol indie.
Juntos han hecho prácticamente todo lo que se puede hacer en una cabina de retransmisión. Que una cosa es narrar un partido y otra 36. Son oficios distintos. Y lo suyo es una profesión de riesgo. Jaume cantando 107 goles en cuatro horas. Fermín haciendo sudokus en directo para resolver que el Bayern se clasifica por delante del Madrid por el sexto criterio de desempate. Un dron salvaje apareciendo en medio de un Dudelange – Qarabag (Luxemburgo; Dudelange está en Luxemburgo. De primero de Multi) paseando una bandera de Nagorno-Karabaj, a los jugadores no les hace ni puta gracia y nuestros amigos poniéndose el traje de expertos en conflictos internacionales para explicarnos el enredo diplomático. La noche aquella absolutamente delirante de vuelta de cuartos de Europa League, con la remontada del United al Lyon en la prórroga y el Bodø/Glimt cargándose a la Lazio en los penaltis. La megafonía del Hoffenheim muy por encima de lo recomendable dejando sin tímpanos a ambos, Jaume cagándose en los alemanes, en el Rhein-Neckar-Arena, en Kramaric y en Grillitsch —“joder, ha marcado el puto Hoffenheim”—. La narración perfecta de un gol en el descuento de En-Nesyri en Old Trafford que le valió al Sevilla su séptima Europa League, a Mendilíbar una vida extra y al propio Naveira el Premio Blázquez del club hispalense.
El rótulo cambia, los escudos cambian, el país cambia. La voz es la misma. Nosotros, los espectadores, no vemos fragmentos de partidos independientes sino una misma película. Una película de acción, de explosiones constantes. De prórrogas, rojas y drones. Thriller socio-geopolítico a veces comedia a veces drama cada jueves por la noche. Y goles, sobre todo goles. En Barcelona, en Mánchester, en Bialystok. Donde sea. Pero siempre cantados por él.