Lugares

La atención como forma de cuidado

Quizá esa sea una de las cualidades más difíciles de encontrar hoy: la coherencia emocional.

29 de junio 2026


Carla Lloveras y La Bionda: la amabilidad y la atención como forma de creación y de cuidado.


“Una historia existe porque alguien la escribió”, dice Pol Guasch en La Reliquia.
Y de la misma forma, existe un lugar como La Bionda porque antes alguien lo imaginó con suficiente sensibilidad como para hacerlo real.
Ese alguien es Carla Lloveras.


Pero reducir lo que ha construido a un hotel sería simplificar demasiado las cosas. Porque lo que Carla ha creado en Begur no es únicamente un espacio físico, sino una forma de habitar el mundo. Una red silenciosa de personas, oficios, gestos y sensibilidades que encuentran en ella un punto de unión casi natural. Hay personas que ocupan espacio. Y otras que generan espacio para los demás. Carla pertenece a las segundas. Lo hace desde un lugar difícil de fingir: la amabilidad. No entendida como cortesía superficial, sino como una forma profunda de atención hacia los otros. Una manera de cuidar lo pequeño. Lo cotidiano. Lo invisible.


“Ningún acto de amabilidad, por pequeño que sea, es una pérdida de tiempo”.


La frase podría funcionar como una definición involuntaria de todo lo que sucede alrededor de ella. Porque Carla convierte la amabilidad en estructura. En ritmo. En estética incluso.
Está en cómo recibe. En cómo recuerda detalles mínimos. En la manera en que sirve un desayuno. En cómo deja que las personas se sientan cómodas sin necesidad de explicar quiénes son. Todo en su universo parece construido desde una pregunta muy simple: ¿cómo hacer que alguien se sienta bien?



Quizás por eso alrededor de Carla se ha ido formando algo mucho más interesante que una comunidad creativa al uso. Lo suyo no funciona desde la lógica de la tendencia, el networking o la acumulación de nombres. Funciona desde la afinidad real. Desde elreconocimiento mutuo entre personas que comparten una sensibilidad parecida hacia el oficio, el tiempo y la belleza.


Las hermanas Blanca y Marta, fundadoras de The Foyer, entendieron rápidamente que detrás de La Bionda había una narrativa mucho más compleja que la hospitalidad o el diseño.
Cuando comenzaron a trabajar junto a Carla descubrieron algo mucho más raro: un ecosistema femenino construido desde la intuición, la escucha y el cuidado.
Un espacio donde distintas disciplinas se cruzan sin esfuerzo.
Donde una conversación puede terminar en una colaboración.
Y una colaboración convertirse en amistad.


Dani, fundadora de Temps Tea, forma parte también de esa constelación sensible. La selección de tés del hotel no responde únicamente a una experiencia gastronómica, sino a una filosofía compartida: la pausa como lujo contemporáneo. El gesto lento. El tiempo dedicado.
En Repòs, el espacio de tratamientos integrado dentro del hotel y dirigido por Repòs, sucede algo parecido. Carla Maestro entiende el bienestar desde un lugar íntimo y esencial,lejos de cualquier artificio estético. Allí el cuidado recupera algo casi ancestral: parar, respirar, tocar, descansar.


Todo lo que Carla incorpora a su universo parece tener una condición: debe ser humano antes que espectacular.
Por eso la cerámica del hotel nace de las manos de Pau Costa, su tío, artesano dedicado al oficio desde hace décadas en su taller del Masnou. Por eso las piezas de vidrio diseñadas por Max Enrich, las tazas de Júlia Crevecoeur a través de L’Assiette o las obras de Iván Forcadell no se sienten como elementos decorativos, sino como extensiones naturales de una misma sensibilidad. Nada está ahí para impresionar. Todo está ahí porque significa algo. Y quizá esa sea una de las cualidades más difíciles de encontrar hoy: la coherencia emocional.


Carla no parece obsesionada con construir una marca. Está más interesada en construir un contexto. Un lugar donde las personas puedan bajar el volumen del mundo exterior y volver a conectar con algo más esencial. Hay algo profundamente femenino en su manera de crear. No desde el estereotipo, sino desde la capacidad de contener, conectar y sostener. Como si entendiera que la creatividad no siempre nace del ruido o de la velocidad, sino de sentirse seguro. De sentirse visto. Un útero creativo y emocional.
Un refugio contemporáneo donde distintas personas, ideas y proyectos encuentran espacio para existir.


“Haz cosas. Sé tenaz, curiosa. No esperes a que te empuje la inspiración ni a que la sociedad te dé el visto bueno”, escribió Susan Sontag.

Hay algo de esa filosofía en Carla. Una perseverancia tranquila. Sin necesidad de grandes discursos. Sin estridencia. Construyendo día a día una realidad que responde exactamente a su forma de entender la vida. Porque al final, las casas, igual que las personas, terminan pareciéndose a aquello que practican cada día. “Somos lo que hacemos día a día. La excelencia, pues, no es un acto, sino un hábito.” Y quizás por eso La Bionda se siente tan viva. Porque antes de convertirse en un lugar, fue una manera de mirar el mundo. La de Carla.

Texto y fotos: Marta Parera @martamph

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