Construcciones

Le Petit Patito. Pisos cutres y humor triste.

Es el Caballo de Troya para llegar adonde no podría con un discurso más activista

22 de octubre 2026


Hay que indignarse. Por eso, es necesario hablar de la vivienda. La vivienda es uno de esos asuntos de actualidad que se suelen abordar desde la polarización, el debate tenso o la personalización y que acaban generando tal hastío que es responsabilidad de todos tratar de procurar nuevos enfoques. De hecho, es de esos asuntos tan obscenos que la manera más irrefutable de atajarlo es el humor. Un ejemplo al que recurro asiduamente es La que se avecina —o al menos la premisa con la que nació esta serie— que nos presenta la cotidianidad de una nueva urbanización a las afueras de Madrid tras la crisis del ladrillo. En este destierro urbano se reúnen algo parecido a los nueve círculos del infierno de Dante: desde la sátira de la familia de niños repollo y colegio privado que quiere y no puede ser clase acomodada hasta la denuncia social de las ancianas que se convierten en okupas porque no les alcanza la pensión.

La idea de organizar la rabia, algo que estamos viendo en estas semanas de protestas en las acampadas de la península y en los disturbios de Francia, ya la defendió Stéphane Hessel en su manifiesto Indignez-vous! que fue uno de los marcos referenciales del 15-M. Recoger este testigo más de una década después puede hacerse de muchas maneras, y debe hacerse desde muchos ámbitos. Laura Pato lleva años organizando esa rabia a través de su cuenta de Instagram @le_petit_patito, donde acumula cerca de 300.000 seguidores gracias a sus vídeos virales sobre las condiciones y los precios del alquiler en España. Pero esta arquitecta afincada en A Coruña (donde los alquileres mensuales rozan los 700 euros este 2026) realiza además viñetas y complementa sus conocimientos de diseño y arquitectura con esta faceta que se presta tanto a la denuncia social. Echar mano del humor es un arma imbatible cuando algo es severo.

La primera vez que la escucho hablar es en un simposio de la Asociación Alexandre Bóveda en el que expuso una tristeza íntima, pero que tantos compartimos. Hablaba, entre otras cosas, de aquellas casas que pagamos y que habitamos, a menudo por tiempos largos, y que ni siquiera podemos decorar como desearíamos. La charla venía acompañada de capturas de inmuebles de contrachapado blanco y pladur sacados de webs inmobiliarias: la plantita de Ikea de un euro o los fogones raquíticos son clásicos indiscutibles, ya esté el piso en A Pobra, La Manga o Alcobendas.


El Banco de España calcula que entre 2021 y 2025 se acumuló un déficit de 750.000 viviendas, porque la creación de hogares superó la construcción, ¿hay falta de vivienda o el problema es la especulación?

Hay falta de vivienda, pero la falta de vivienda no es el único problema. Y la única solución no puede ser “construir, construir y construir”. Hay que desconfiar de quien da soluciones simples a problemas complejos. Construir puede ser necesario, pero construir sin mirar para quién, dónde, a qué precio, con qué régimen de protección y con qué servicios alrededor puede terminar siendo otra forma de alimentar el mismo problema. La especulación será siempre un problema para la mayoría de nosotros y una vía de escape estupenda para gente que quizá no tiene talento suficiente para ganarse la vida de otra manera, pero sí dinero. Si tu Gran Visión De Negocio consiste en aprovechar que la gente necesita un techo para vivir, igual no estamos ante el colmo del espíritu emprendedor.


Hay quien defiende que las ciudades medias continúan siendo un oasis sin especulación, ¿tienen sentido los desarrollos urbanos más recientes de A Coruña?

Es cierto que en Madrid es peor, porque lo contrario sería bastante llamativo. Pero lo grave es que esto ya no pasa solo en Madrid o Barcelona. Tengo un vídeo subido a mi Instagram incluso de un piso de Coristanco. Yo no creo que haya que oponerse automáticamente a cualquier nuevo desarrollo urbano, pero hay que diferenciar entre hacer ciudad y simplemente colocar viviendas. Lo que no tiene sentido es expulsar a la gente de sus barrios de siempre y mandarla a zonas nuevas, mal conectadas o sin servicios, mientras el centro se convierte en un decorado para turistas y franquicias. Además del derecho a una vivienda digna, tenemos derecho a habitar la ciudad en la que vivimos y trabajamos.

Tienes experiencia alquilando pisos, algunos más precarios que otros.

Como casi todo el mundo, he tenido experiencias malas y buenas, porque el enemigo no es “el casero” como figura individual. El problema es el sistema que convierte una necesidad básica en, sobre todo, una oportunidad económica. Viví en un piso diminuto con un novio, un perro y un gato. La cocina no tenía ni un solo cajón. Después me mudé a otro piso cuya casera fue siempre maravillosa. Un año incluso me bajó el alquiler y me devolvió dinero con carácter retroactivo por el ajuste del IRPF. Lo cuento siempre porque es como haber visto un OVNI.


Parece que hemos dejado de considerar como privado un asunto que nos atraviesa a todos, ¿tú cuándo lo empiezas a tener claro?

Creo que desde que me independicé. Siempre se repetía aquello de que el alquiler no debería superar aproximadamente un tercio de tus ingresos. Cada vez que salía ese dato, la reacción era algo tipo “jaja, sí, ya, claro”. Al final te das cuenta de que no estás en una mala racha personal ni ante una ciudad concreta; se trata de un problema estructural. Cuando una generación entera trabaja y aun así no puede pagar una vivienda, el problema no es de esfuerzo individual.


¿Empezaste los vídeos para dar salida a la impotencia?

Empezó como entretenimiento y sigue siéndolo. Me interesa el humor porque permite señalar cosas graves sin adoptar un tono solemne que a veces agota y que yo, además, no sabría interpretar. Uno de mis múltiples defectos es que me cuesta ponerme seria aunque la situación lo requiera. Siempre digo que el humor es como el Caballo de Troya para llegar allá donde no podría llegar con un discurso más activista. Ahora me reafirmo porque hace poco descubrí que me sigue Figaredo.

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¿Qué modelos habitacionales existen en otros países que aquí no tenemos en cuenta?

Hay por ahí modelos interesantes, porque las leyes efectivamente las hacemos las personas y nos recuerdan que esta situación no es inevitable. En Zúrich, las cooperativas de vivienda representan el 17,8% de las viviendas de la ciudad según datos de 2024, y la política municipal lleva tiempo apoyando vivienda sin ánimo especulativo. En Viena, el modelo más mencionado, hay unas 220.000 viviendas municipales y unas 200.000 viviendas cooperativas o promovidas por entidades sin ánimo de lucro, lo que hace que una parte muy importante del mercado esté fuera de la lógica del máximo beneficio. Y ya en Barcelona existen algunos modelos de vivienda cooperativa en cesión de uso. La idea básica es que no compras una vivienda como producto de inversión, sino que formas parte de una cooperativa y tienes derecho de uso estable. Creo que lo importante es entender qué tienen en común todas estas propuestas. Como dije al principio, no basta con construir vivienda; hay que construir vivienda que no vuelva al mercado especulativo al cabo de unos años.


Tu perfil se ha popularizado más el último mes, pero llevas años hablando de esto, ¿qué has notado?

Llevo años hablando de esto y es cierto que es un contenido que siempre ha funcionado bastante bien. Pero antes tenía la sensación de que se daba por hecho que efectivamente la vivienda está muy mal, “pero es lo que hay”. En las últimas semanas sí he notado comentarios nuevos que mencionan el caso de Maricarmen. Por ejemplo: “pues Maricarmen pagaba menos por un piso mejor que este”. Me parece significativo y bastante terrible. Se intenta convertir a una señora que ha muerto, y que en paz descanse, en el enemigo común de una parte de la población, cuando en realidad debería ser el síntoma brutal de un fracaso colectivo. Y como dije en mi cuenta de Threads no hace mucho, no porque el caso individual sea más importante que el problema colectivo, sino porque a veces es la única manera de entender qué implican ciertas decisiones políticas y determinados marcos ideológicos. Hemos construido un sistema en el que la gente siente que su vida depende de competir contra otra persona igual o más vulnerable que ella.

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¿Qué significa no poder tomar decisiones mínimas sobre el lugar que habitas como alquilada?

Significa vivir en un sitio sin poder terminar de habitarlo. Parece una tontería, pero no lo es. Pintar una pared, colgar una lámina, elegir una lámpara o tener muebles elegidos también forma parte de construir una vida. Se escucha mucho que el comunismo alienaba, pero parece que el capitalismo nos lleva a todos a tener los mismos muebles y los mismos salones pensados para gustar al máximo número posible de gente, pero no a personas concretas. No poder decidir sobre tu casa te coloca en una situación de provisionalidad permanente. Vives ahí, pero no puedes apropiarte del espacio. Es una forma de recordarte que estás de paso y quién tiene la sartén por el mango en este trato entre dos partes.


¿Tienes pensado participar próximamente en algún proyecto nuevo o hay algún lugar donde podamos leerte o ver tus viñetas aparte de tu perfil?

De momento seguiré contestando a haters en Instagram.


¿Qué le dirías a alguien que te invita a marcharte de la ciudad si te quejas de los precios?

Le diría que me sorprende mucho que haya gente que defienda tan poco su propia ciudad. Que haya personas a las que les parezca normal que quien trabaja, vive y sostiene una ciudad tenga que marcharse para que la habiten turistas y las vacas escala 1:1 de las entradas de los Ale-Hop. Decir “si no puedes pagarlo, vete” es aceptar que tu ciudad deje de serlo y se convierta en un producto. Y a mí me parece un síntoma de debilidad defender con tanto entusiasmo tu propia expulsión.

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