Gastronomía

Maeza salta a la mesa

Hípica, gastronomía y cultura; ¿a quién no le va a gustar?

9 de octubre 2026


Comer en una yeguada un menú temático, elaborado por uno de los mejores cocineros de Asturias y con vino de Cangas es un plan que apetece a todo el mundo. Cuando la yeguada es Maeza, el cocinero se llama Borja Alcázar y el vino lo pone Monasterio de Corias: es una experiencia que uno no se puede perder, una propuesta en la que no existe el “no”.

En Sariego nos reciben con un trato estupendo y, antes de sentarnos a la mesa, toca aprender. Vino en mano, recibimos una clase magistral sobre el caballo, su morfología y sus cuidados. Después, recorrimos la finca viendo sus instalaciones y a sus animales. Llueve a cántaros, pero merece la pena mojarse, porque hay mucho que ver y escuchar cuando te hablan con fervor. Y en Finca Maeza lo hacen, un lugar donde los caballos son los auténticos protagonistas.

Detrás de este proyecto están Cruz Maestre y Thomas Bares, que han convertido su pasión en una yeguada de referencia, con éxitos deportivos y un concurso internacional de saltos que pone a Sariego en el mapa de la hípica. Aquí se trabaja con ambición, se mima a los animales y se mira al futuro sin renunciar a las raíces. También desde la cultura, ya que aspiran a reunir una de las grandes pinacotecas de arte ecuestre, con especial atención a los artistas asturianos.

Después de la visita, subimos al comedor, instalado en una sala de la finca desde la que se ve el picadero cubierto. Allí espera Borja Alcázar, cocinero de Abrelatas, en Pola de Siero, y uno de esos profesionales que saben que la tradición no está reñida con meterle mano al recetario. Su cocina respeta el producto y los sabores reconocibles, pero juega, afina y sorprende. Algo parecido a Maeza: un pie en el futuro y otro en la ortodoxia.

Los vinos de Monasterio de Corias acompañan con nota. Víctor Álvarez, propietario de la bodega, y el enólogo Rafael Somonte presentan una colección en la que destaca para mí Viñagrandiella. El espumoso se reserva para el postre, como manda el maridaje, aunque yo lo bebería a cualquier hora como debe hacerse con un buen espumoso.

El menú arranca con una ensalada líquida LTC con bonito del Norte en aceite, escoltada por Finca Grandiella Albarín Blanco. Después llega una pasta con ‘güevu’ de pita pinta a baja temperatura, vinagreta de ‘piescu’, parmesano y trufa, con MdC Rosado Txana; sabrosa de verdad. La tartaleta de ensaladilla de langostino, holandesa, esfera de aceituna y falso caviar encuentra compañía en MdC Noviciu Joven. Pero lo mejor está por llegar: tiburón a la plancha, agua de ‘berberechu’ y espuma de limón, con Guilfa Albarín Blanco Carbayu; impresionante, el plato de la jornada. Para terminar, flan de vainilla, melocotón en almíbar, espuma de arroz con leche y la guinda del pastel con Candelina Espumoso; como un beso de despedida, lo mejor para el final.

Hípica, gastronomía y cultura; ¿a quién no le va a gustar? Uno aún no se ha ido y ya tiene ganas de volver, por eso es una suerte poder disfrutar de algo así todos los meses. Maeza, nos encontraremos de nuevo.

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