__MESSAGE__
Todo es culpa de Germán
Si algún día lees esto, quiero que sepas que no fue para tanto, que no me cuesta nada llorar.
5 de mayo 2026 · 2 comentarios
Si algún día lees esto, quiero que sepas que no fue para tanto, que no me cuesta nada llorar.
El domingo me rebano el dedo mientras friego. La expresión se ajusta perfectamente al suceso porque lo que provoco no es un corte, es una rebanada. Circular, profunda, justo en el nódulo. Sangro muchísimo.
Al terminar de fregar, cubro la herida con papel de cocina que aprieto con cinta aislante y me duermo sintiendo cómo se hincha.
El lunes el dedo amanece entumecido pero no puedo prestarle demasiada atención porque tengo que lavarme el pelo y es todo un trámite. Desde la cama, debajo del edredón más exagerado que encontré en IKEA, me imagino todos los pasos que conllevan la ducha. (1) Abandonar el confort de la cama, (2) pisar la baldosa fría de mi cuarto antes de encontrar las zapatillas de andar por casa, (3) desnudarme, (4) confiar en que el agua se mantenga caliente durante todo el proceso de remojo, (5) ser capaz de abandonar el chorro de agua hirviendo, (6) peinarme sin fijarme en la cantidad de pelo que se queda en el cepillo y (7) vestirme con criterio a primera hora. Toda esta secuencia se repite en mi cabeza sin que haya completado ninguno de los pasos hasta que consigo lanzarme al primero.
Últimamente me lo pongo fácil y añado un paso más a la serie: (0) hago el café antes de dormir. Por las mañanas, me caliento una taza que nunca termino pero que diluye la sensación de que las mañanas en casa se acaban demasiado pronto. Soy muy morning person aunque parezca lo contrario.
Después de ejecutar toda la secuencia y beberme media taza de café (8), salgo de casa para meterme en el metro. He intentado romantizar el trayecto escuchando podcasts o leyendo un libro que pueda sostener con una mano, pero la mochila contra la espalda, contra la cara, contra el codo, contra un pedo que siempre aparece en mitad del vagón, o una tos, o un bebé que llora, o un padre que le chilla no dejan que me concilie con tener que viajar en metro de lunes a jueves.
Después de dos trasbordos y quince minutos a pie por Bellvitge, llego a la oficina, meto el tupper en la nevera, subo al tercer piso y tecleo hasta la hora de comer.
Al bajar a las dos, aparece un folio pegado en la nevera. SE ME HA ROTO UN TUPPER DE VIDRIO CON ESTOFADO. GERMÁN. Y su número de teléfono.
Le hago una foto antes de comprobar si el tupper que menciona es el mío, aunque no hay nada estofado en mi comida. Compruebo que Germán no sabe lo que es un estofado cuando no consigo encontrar mi pollo asado con boniato y zanahorias crispy al horno. Me pongo a llorar de camino al bar más cercano y me como un bocata de lomo con bacon.
Al volver, me cuentan que Germán subió alterado después del incidente. La escena me enternece. Me lo imagino agachado en el suelo entre cristales y trozos de pollo. Se maldice. Joder, Germán. Ya te vale, Germán.
Descarté identificarme en persona porque me conozco y se lo hubiera dicho entre sollozos. Tampoco le dije nada al día siguiente cuando le escuché contar el suceso y ahora sé que tiene un tupper en casa esperando que me identifique.
Nadie entiende por qué sigo sin decir nada y ahora cada vez que se despide con un hasta mañana me acuerdo de lo raro que es seguir callada. Por no hablar de este texto.
Germán, si algún día lees esto, quiero que sepas que no fue para tanto, que no me cuesta nada llorar y que si lloro con facilidad es porque echo de menos a mi familia y a mis amigas y a mi novio porque me mudé a Barcelona hace seis meses y aunque esté conociendo a gente que me cuida, la realidad es que cuando pienso en mi casa, siento que ya no tengo. Así que no te preocupes, Germán que si lloro es porque estoy lejos.
Sigue a Muriel Cobertera
Recibe un email con todos los nuevos artículos de Muriel Cobertera
¿Qué opinas?
2 comentarios10 minutos antes
Por Daniel Alonso Viña
Ya casi no me cuesta subirme en el autobús de vuelta a Madrid.
La sangre derramada por mis días inhábiles
Por Adrián Grant
Huele a puente en Madrid y la carretera de La Coruña colapsa de domingueros.
No sex #59: Manual para un cabreo
Por Carla Mouriño
Aprieto la mirada para descifrar cómo hacerlo
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Muriel Cobertera
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES