Ideas

Apología del hurto

Se trata de una Nota especial en este caso, pues es de doble cara.

1 de junio 2026


Una de mis actividades preferidas es la de la aglutinación. Consiste en agarrar cosas y juntarlas con otras cosas. Desplazarlas, moverlas de sitio. Intercambiar su repositorio y su contenedor. Aristóteles en su física define el lugar como algo que precede al espacio, que lo conforma, que le da su sentido. El recipiente de los recipientes.Gusto de aglutinar y desplazar grupos de significados, de objetos, de letritas, para llevarlas hacia nuevos soportes donde son víctimas del tiempo y la materia. 

Manera complicada y enrevesada de nombrar el ejercicio de recoger trozos de textos, de cosas, para, o bien recogerlos o bien copiarlos llevándolos hacia otro lugar. 

Un ejemplo, la fotografía: usualmente recoger el alma, mimetizarla en bits y deportarla a un centro de datos.

Ahora bien, vayamos al centro del meollo, al catalizador de la folía, al disparador del impulso embriagador. Se trata de las notas, extractos de palabras trasladadas a papel y tinta. Alejadas de su contexto, lanzadas a su suerte, listas para el goce y el abuso. Letritas esbozadas como copista con ansia de apropiación o de faro. Cargadas de intención, se depositan a la espera del azar o la neurosis que acude en su busca. Las tengo siempre a mano, a unos metros de distancia, a dos cavilaciones y cinco impulsos. En contra de la intuición de la justicia metafísica, en este caso cuanto más, mejor. Rodeado de notas robadas de libros, ensayos, poemas, fragmentos, panfletos, carteles y tarjetas, cuanto más: mejor. Repaso las notas buscando ese no sé qué como si, flanqueo el simulacro, lo busco, cinco carcajadas y vuelta a la búsqueda. Los dedos viajan entre las notas y la mayoría sin más, fuera de tono, fuera de sitio, busconas, excesivas, cheeeeeeeesy. Pero a veces, de repente Patapam! ahí la tenemos, unas palabras que sí, encajan con el sentido. Por eso cuanto más, mejor. Aprovecho para contar en este lugar, entre flujos de conciencia ficticios y arrebatos de honestidad, una confesión… hay aquí una dulce inclinación por cierta cleptomanía sin mucho interrogar.


Bien, volvamos al meollo, al catalizador antes anunciado, al centro de la cuestión. Se trata de una Nota especial en este caso, pues es de doble cara (fenómeno completamente atípico en mi regio sistema de desplazamiento textual. El soporte cumple unas condiciones determinadas: 6.6cm x 9.6cm de las cuales se usan 7 líneas para extensos y 3 para breves, siendo éstas de 6mm de grosor. Los textos que excedan la extensión no cumplen el criterio pues se considera que su contexto pasa a ser demasiado poderoso y traen consigo mucho. En definitiva: pierden su elemento arrojadizo. Cuanto más, peor). De las dos caras, como espero vayan intuyendo, en esta ocasión en este soporte en estas fechas, tan solo les mostraré una. Por supuesto, será la más breve. 


¿Se puede fosilizar una huella? se pregunta Juan de Salas en el poema Icnita1. Así que, les pregunto: ¿Se puede fosilizar una huella? Esta pregunta cargada de pozo oracular, mirada atentamente nos puede indicar –siempre que la alejemos de la otra cara de la nota– lo siguiente: ¿Acaso no es la definición misma de fósil el que este sea una huella?

Inmediatamente, me veo transportada a una imagen de la infancia. En una abstracta Andalucía, que bien podía ser por los alrededores de Puerto de Santa María o Puente Genil, recuerdo andar por caminos de blancas, blancas piedras, donde se me decía que esas tierras habían sido, en tiempos milenarios, zonas acuáticas. En esos caminos, mientras se andaba, se podían encontrar con ligera facilidad trozos de fósiles en el suelo. Esa exuberancia entre piedra blanca, hacía del paseo un encuentro orgánico con lo que por aquel entonces me parecía lo más lógico y evidente: la inseparable conexión con el pasado natural que se remontaba millones de años atrás. Para un infante que iba todo el día con una regla extensible en la mano, en la cual se veía la evolución de la vida en la tierra ilustrada en miniatura, la vida no-humana ocupaba prácticamente la totalidad del pasado. Para mi, el ejercicio de mirar atrás consistía en visualizar conchas, anfibios, dinosaurios, alimañas de todo tipo, medusas y plantas. Ese era mi pasado, no la historia de la barbarie civilizatoria. Andar entre las piedras blancas caliza consistía en la actividad más coherente de lo que para mi significaba estar en el mundo. Andaba y mientras tocaba las piedras, encontraba especies vegetativas a las que consideraba compañeras próximas en el viaje evolutivo. 


Una delicia esto, aunque lo cierto es que llevo atrapado en el sur de la ciudad tantos meses y meses que hace años que la roña del cemento… ¡Frena! Volvamos, Miro la nota y… menudo vacile. La letra grande y expresiva junto al uso del bolígrafo plumista de tinta ancha denota una clara efusividad al escribir, copiar, desplazar, citar. Grita “Ehhh tú, aquí hay algo!!!!! presta atención”.  Así que presto atención y pienso en cómo la palabra huella, tan fantástica y sugerente, con esa h tan seductora, huidiza y suspendida como una pluma cayendo con brisa, ha sido secuestrada en el imaginario común por su uso como huella dactilar (Derridianos: SILENCIO). La huella, esa cosa inevitablemente asociada a la antes tinta en papel y ahora ese dedo apretujado en un cristal que “un poquito a la derecha". Muy bien. Ahora hacia la izquierda” en la comisaría de la policía nacional. Y de uso más habitual, el desbloqueo del dispositivo digital. Secuestro y al mismo tiempo dulce ironía. Huella transaccional, huella identificativa. Si agrandáis el oído, observaréis como algunos ya vociferan: biopolítica!!! preparando en la recamara sus mutaciones en forma de necropolítica!,  tanatopolítica!, y vamos a decirlo, la risible psicopolítica. Tautología: Tu eres tu huella, perooo, más bien: tu respondes por tu huella. Huella, llave de acceso. Huella en tu identidad.


Confisco el papel soporte de la nota y lo acuso de sedición. El flujo se ha detenido y ahora el goteo de las palabras es infernal. Abrasivo. El espacio entre las letras se vuelve interminable y por más que mire solo logro ver las letras deformarse hasta la línea y el puro grafema. Desajustado y de tranquilidad convulsa, miro, miro y leo:


Juan de Salas, Icnita

¿Se puede fosilizar una huella?”



1 [45-120] Poemario del colectivo editado por JUF en Caniche editorial

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