Bilbao Saturday Night Fever
Por este gesto tienes fe, no crees que esté todo perdido. Sigues confiando en las ganas de pasarlo bien.
20 de abril 2026
Por Sara A. Garrido
20 de abril 2026Por este gesto tienes fe, no crees que esté todo perdido. Sigues confiando en las ganas de pasarlo bien.
En el autobús, delante de ti, una mujer de unos treinta y pocos años teclea en Google "Eventos Bilbao Enero 2026". Desliza el dedo por la pantalla, navega por cada enlace, llega al final de la página y suspira. El panorama ante ella es triste, frente a ti es desolador. ¿Qué le ha pasado a esta ciudad, con lo que ha sido? ¿Dónde demonios está la juventud que la habita?
La situación es la siguiente: desde hace, aproximadamente, un año y medio, los fines de semana se aproximan como un interrogante. Te preguntas cómo ocuparlos, cuál es el concierto que no debes perderte bajo ninguna circunstancia, la fiesta de la que hablarás a las generaciones futuras. No existen, este lugar acorralado entre montañas se ha vuelto un agujero negro que todo lo engulle. Te preguntas una y otra vez dónde están las personas de tu edad, bajo qué adoquines se esconden aquellos amigos aún por conocer, por qué parece que todo se hubiera detenido.
La noche de Bilbao es un cadáver. A los de fuera hay que advertirles: aquí no es que no se salga los miércoles, es que os va costar encontrar un lugar al que acudir incluso un sábado. Se van apilando los fines de semana mano a mano, vagando por las calles del Kasko Viejo sin encontraros a nadie conocido, luchando contra las fuerzas que os susurran que os marchéis a casa, que llueve, que hace frío, que no se está nada guay, que es invierno, pero vosotros sois tercos, no queréis emprender la retirada aún, intuís que atrincheraros en casa supondrá el fin de algo importante, la primera renuncia que os expulsará de una patada de esta época de vuestra vida a la que pronto miraréis con ternura.
Los espacios en los que solíais coincidir de forma natural han ido mutando de manos y de piel, es ley de vida. Os han cambiado el Kabaret por el Consorcio, la High se ha decantado por un techno-tardeo hostil, al Muelle le robaron su osito fosforescente y ahora repite la fórmula conocida para un público que peina canas… Con el indie murió el Shake y también, una parte de vosotros. Os quedan la Lola, el Kremlin y el Badulake como últimos recursos, huesos duros de roer. El Antzoki como viejo conocido que ya no sorprende. Por cada cinco garitos que caen, abre uno que se sostiene a la pata coja. Iturribide languidece con la jubilación de los últimos barmans al pie del rock’n’roll.
Os habéis convertido por fuerza mayor en animales diurnos, con todas sus consecuencias. Sanos e inmortales. Aburridos como una misa. Pero todavía no estáis listos, todavía queréis exprimir la noche un rato más. Cada vez lo deseáis menos, pero todavía lo necesitáis de vez en cuando. Sería suficiente con sentir que ese mundo está ahí, que es accesible, que si no lo escogéis sea por decisión propia y por evolución de vuestros intereses, no porque os veáis expulsados del circuito. No habéis cumplido 30 años, la mayoría seguís viviendo con vuestros padres y salir a la calle es la única forma de intimar. La casa como aislamiento total, las cuatro paredes como losas. La odiosa certeza de que todo el mundo se acaba yendo de Bilbao porque esta ciudad apenas tiene nada que ofreceros ya.
Lo comentas con amigos cercanos y con colegas que ves de vez en cuando – si es que os cruzáis. Y es que ese es precisamente el asunto: estáis dispersos, desperdigados, cada uno en su movida – cuántos eufemismos para no confesar que estáis terriblemente solos –. Antes sabíais dónde encontraros, no era necesario quedar de antemano. Los viernes ibais a estar en el Nervión o en el Pantxike, se daba por hecho. Bolo en Bilborock, post-pintxada en Sarean. Os enterabais por los pregones difundidos en redes sociales y simplemente acudíais a ver qué os deparaba la noche.
Queréis que esta os sobreviva. Habéis dedicado horas de sueño a recorrer las siete calles con txibiritas en los ojos y una lengua encafeinada, en busca de personalidades y conversaciones que desplegasen nuevas cartografías ante vosotros, como prestidigitadores anónimos en estas trincheras siempre recién regadas por la lluvia. Los libros y canciones que vendrían empezaron buscando canciones en las que deshaceros, igual que las amistades y, sobre todo, las muy necesarias enemistades. Muchos colegas han conocido al amor de su vida en el fragor de un bar. Tú solamente a tunantes, pero ese es otro tema. Las primeras veces y el aprendizaje por las malas, a hostias. La belleza en las grietas. Quien carezca de esas experiencias vivirá incompleto.
Ahora, algunos tibios se consuelan: dicen tener más tiempo para trabajar en sus proyectos personales, claman las bondades de la ausencia de distracciones. Alguna vez te has sorprendido a ti misma con frases similares saliendo por tu boca para justificar tu inmovilismo ante este panorama. Os autoengañáis, volvéis a caer en el maldito individualismo paralizante una y otra vez. Es como si de repente a todos os hubiese entrado ansia por comenzar vuestras carreras artístico-intelectual-culturales cuanto antes. De repente, al pasar cierto umbral invisible en la veintena, los conocidos se han vuelto competencia. Sentís que os quedan unos 10 años de vida para triunfar o morir en el intento – idea plantada y germinada, por supuesto, gracias al algoritmo y los posts de Instagram impregnados del tufillo a Eau de LinkedIn –.
Como si bailar no fuera mucho más placentero que escribir. Como si fumar con desconocidos no fuera mucho más divertido que pelearse con un texto asalvajado. Palabras que se atascan en los dedos frente a una multitud de piernas y brazos y humo en movimiento. Lo inaudito siempre ha sido escribir en las fiestas, cazar ideas al vuelo en medio de esa verborrea desaforada que brota cuando os sentís dichosos y deseados y hay un aura de inmortalidad flotando en el aire. Tampoco estaba mal escribir al día siguiente, de resaca, en un eterno paseo de la vergüenza a través de varios medios de transporte público – aunque el contenido de los textos fuese bien distinto y ciertamente cuestionable –. No te engañes: escribías más cuando salías cada fin de semana que ahora que, en principio, no hay grandes celebraciones y tienes más tiempo. Quizá ya no tengas tanto que contar... La inspiración no se encuentra solamente en la rutina estricta, una tiene que salir a vivir, obligarse a llevar el cuerpo a diferentes lugares. La cabeza te seguirá solamente porque no le queda más remedio.
El caso es que, ahora mismo, las giras de grupos internacionales que pasan por el norte del país se saltan Bilbao. De Donosti a Santander y tiro porque me toca, como si nos hubieran borrado del mapa. Confiadas, os habéis acomodado con el BBK Live, que estaba muy bien hasta que descubristeis a cuánto ascienden las subvenciones públicas que le concede el Ayuntamiento de esta muy excelentísima Villa. Hasta que os susurraron a la oreja que los artistas firman contratos de exclusividad por espacio de un año por tocar allí. No mencionéis siquiera a los fondos de inversión que mueven sus tentáculos por detrás…
Sabéis lo que el Ayuntamiento desea para esta ciudad, no sois ingenuas. El lavado de imagen es total y abarca múltiples esferas; el ocio no iba a ser menos. Divertirse, pero con control. Que sepan lo que hacéis en cada maldito momento. Por eso se organiza un concierto pop-rock en la ría en forma de caricatura de aquella mítica salvajada de los Sex Pistols en el Támesis, por eso los macroeventos proliferan como setas en el BEC (Bilbao Exhibition Center). Se vende la experiencia visual. ¿Cuándo comenzamos a pagar tanto dinero por ver, no ya al artista, sino a la imagen del artista en HD, a través de una pantalla de 20 metros?
Mientras tanto, las salas pequeñas agonizan, cuántas han echado la persiana ya. Añoras el Gaueko1, suspiras por la Yoko Lennon’s2. Ambas se disolvieron antes de que tú nacieras pero tu imaginación es fértil, has oído mil veces las andanzas de tus padres y sientes envidia. Crystal renace bajo manos poco atrevidas y Bilborock, pese a todas las ventajas que ofrece a bandas primerizas, es un espacio aséptico, demasiado limpio y formal, bajo el panóptico de las instituciones. Sentís que tenéis todo en contra, con más zancadillas burocráticas que nunca. Vivís en el siglo dorado del orden, la limpieza y la vigilancia, tres cualidades que atacan frontalmente el espíritu de la chavalada. Restricciones de horarios, permisos de bares, multas y multas y multas. No os dejan en paz. Los gaztetxes3, acorralados, derribados. La verdadera policía de la diversión siempre fue la policía. Os sentís unos parias. No hay espacio para experimentar porque estáis en desventaja: sin ánimo de fomentar la guerra edadista que ya azuzan los medios, es evidente que los boomers os superan en número, en pasta y en capacidad de voto. Por eso el tardeo también se propaga por esta ciudad como una enfermedad terminal.
No es posible justificar esta parálisis solamente mediante el comodín de la pandemia, aunque haya precipitado los acontecimientos y desgastado el carácter de toda una generación. Estáis agotados prematuramente y a las personas cascadas les cuesta emprender cosas. Las conversaciones giran más en torno a la vivienda que a las artes. En torno al dinero, por supuesto. Es muy complicado montar algo en este siglo sin financiación. Bilbao está diseñada para expulsaros, no encontráis un lugar acogedor donde ser vosotros mismos. Sabéis que tenéis que crearlo.
Algunos zumbados valientes, con un esfuerzo titánico, todavía encuentran ganas para empezar nuevos proyectos y por ello les admiras. La mayor parte de las cosas que merecen la pena en este mundo requieren de una perseverancia infinita, casi milagrosa, y una cooperación entre bastantes manos para llevarse a cabo. Nada surge porque sí, son personas concretas las que organizan conciertos en cada ciudad, las que dedican su dinero y su tiempo montando escenarios y encadenando turnos en la barra.
Haces autocrítica. Tú no eres tan valiente, no tienes la energía ni el entusiasmo que exigen las iniciativas de este calibre. Siempre has tendido hacia un carácter melancólico-flemático. Estas causas requieren del cuerpo, de una fortaleza física de la que careces. En tu defensa dirás que eres de las que siempre acuden. Que te habrás dejado ya un par de miles de euros en todos los conciertos a los que has asistido en tu breve vida – a 10€ la mayoría –, que si hace falta vas un miércoles, que estás presente pero de otra manera. En la parte de atrás del público, ahí es donde te encuentras cómoda. Como vaticinó David Foster Wallace4, perteneces a la especie de los narradores, de los mirones que acechan y observan, siempre como espectadores.
Hace poco, el garito encargado de reunirnos a todos bajo su techo en los últimos años – cuya actividad cesó por diversos motivos –, inició un tímido crowdfunding para poder financiar su continuidad. Omito su nombre por si les acarrea problemas legales pero cualquiera que se mueva un poco por Bilbao lo conoce. En unas pocas horas, cientos de personas os volcasteis en su reapertura, en mensajes de apoyo. Estaba destinado a sobrevivir solo un par de años pero queréis retrasar su derribo. La ciudad lo necesita como el oxígeno.
Por este gesto tienes fe, no crees que esté todo perdido. Sigues confiando en las ganas de pasarlo bien, en oponer resistencia, en los proyectos donde no medien las instituciones. Siempre vais a necesitar esos espacios, vosotros y las generaciones futuras y, por lo tanto, siempre van a renacer una y otra vez de los escombros. Aunque sean horas bajas en Bilbao, aunque seáis pocos.
P.D.: Por culpa de este dichoso texto estoy saliendo de casa un sábado de enero, con un tiempo de mil perreras juntas, a ver qué me depara la noche bilbaína. Malditas sean las ideas y las creencias y el afán humano de ir siempre persiguiéndolas.
——
1 El Gaueko (en euskera, “Nocturno” o “Amo de la noche”) fue un garito de la calle Ronda en el Kasko Viejo de Bilbao inaugurado en 1975 similar al Rockola de Madrid, donde se aglutinaba toda la movida bilbaína. Tras las inundaciones de 1983 que arrasaron el Kasko, se hizo aún más popular entre Roqueros, Punkis, Modernos, Rockabillys, Abertzales, Queers, Anarkas, Makarras, Horteras, Golfos, Disfrutones, Comunistas, Intelectuales y Artistas. Si tus padres estaban en el rollo, seguro que lo visitaban con frecuencia.
2 Yoko Lennon’s: discoteca que abrió en 1981, ubicada bajo las antiguas Galerías Preciado de los rascacielos en la plaza Zabalburu, era el punto de reunión de los modernos y la farándula. Aquí tocaron las Vulpess y Alaska y los Pegamoides grabaron en directo su disco “Llegando hasta el final”. Ahora es un parking.
3 Los gaztetxes (en euskera, “Casa de la juventud”) son edificios okupados y autogestionados donde los chavales organizan conciertos, talleres, formaciones políticas, etc. En Bilbao hay un por cada barrio, prácticamente. En Euskal Herria, hay uno por cada municipio.
4 Wallace, David Foster, E Unibus Pluram: Television and U.S. Fiction (1993)
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