Sociedad

Buurthotel. El hotel de los vecinos sin los vecinos.

Descubrí hoteles con actividades comunitarias para un turismo sostenible. La actividad: 45min de spa. La comunidad: quien pueda pagar 120€.

17 de junio 2026 · 1 comentario


El otro día descubrí que en Holanda han creado una plataforma llamada “Buurthotel” para fomentar la comunidad en los barrios ocupados por los turistas (buurt significa vecindario en neerlandés). Su premisa de que los hoteles puedan aportar valor a los residentes frente a la pérdida de espacios comunitarios, me llamó la atención. Sin embargo, en cuanto entré en su web para ver realmente cómo funcionaba, la iniciativa comenzó a desmoronarse. Amsterdam contó con 23.7 millones de turistas en 2025, pese a que el ayuntamiento hiciera público que las visitas a la capital holandesa no deberían superar los 20 millones al año1. Buurthotel pretende solucionar un problema real. En casos de over tourism2la población local evita los espacios turísticos.

La reciente ola de turistificación ha provocado que el fenómeno “Tourist Go Home” crezca. Cada vez más locales rechazan el turismo, especialmente en los barrios en los que hasta hace poco no había apenas presencia de visitantes. Ahora el turista busca un contacto más auténtico con la ciudad. Alguien que no ha visto mundo se considera poco ambicioso e incluso falto de cultura, pero alguien que solo ha visitado los sitios emblemáticos de un lugar es “charca”3. Según Augé, viajamos para dar prueba de ello cuando hacemos público dónde hemos estado, por lo tanto ya no vale solo mostrar que has estado en Gran Vía, hay que ir a Malasaña, qué digo, ¡A Lavapiés! Esto no sucede solo en las grandes ciudades, en Elche (Alicante) veo cada finde como la esencia de mi barrio se diluye entre turistas y gentrificación.

Como consecuencia, el lugar cada vez se reconoce como menos propio. Los espacios tienen una historia y una construcción simbólica que dan lugar a una identidad. La turistificación y la gentrificación provocan que los barrios dejen de vincularse a esa identidad, que sea imposible reconocer los espacios. Para reconocer los espacios y que se genere un vínculo persona-lugar, es necesario identificar elementos que nos indiquen dónde estamos. Los lugares se van transformando en no lugares, en espacios de tránsito y anonimato sin identidad social ni historia, que aumentan la sensación de soledad. El diseñador Enzo Manzini decía que el ser humano está condicionado por su necesidad social y esta se desarrolla en un entorno físico. La comunidad sólo puede existir y crear acciones conjuntas en un lugar.

“Buurthotel” quiere darnos ese lugar, quieren convertir los hoteles asociados a su plataforma en puntos de encuentro para actividades colectivas. El concepto no es malo, el problema viene cuando hay que monetizarlo. El hotel paga a la plataforma por formar parte de esta red a cambio de conseguir público local en la temporada baja. Por lo que los vecinos se convierten en el producto. Esto no se queda aquí, las actividades comunitarias que ofrecen los hoteles no son gratuitas y, la mayoría de veces, tampoco comunitarias. Ofrecen descuentos en sus restaurantes y aparcamientos, aunque también 45 minutos en su spa por 120€ para quien pueda pagarlos. De todas las actividades propuestas por más de 40 hoteles, solo encontré un par realmente asequibles: un intercambio de ropa y un “Drag Disco Bingo”. Al menos son LGTB+ friendly. ¿En esto consiste el apoyo al vecindario?

Desde posiciones críticas con el turismo se ha afirmado que para abordar los problemas de la turistificación es necesario cuestionar la naturaleza capitalista del desarrollo turístico. El turismo sostenible sólo podría lograrse reorientando la industria hacia el decrecimiento. Abandonar el crecimiento requiere una revisión del sistema capitalista actual. Puede que no seamos capaces de cambiar el mundo, pero podemos alejarnos lo máximo posible del sistema y crear, en ese límite, una alternativa en la que el turismo esté centrado en la comunidad local y sus derechos. El turismo post-capitalista4, debe basarse en las prácticas existentes que pueden promover alternativas deseables, viables y factibles. De la misma forma que, en el diseño especulativo se realiza un estudio de futuros posibles, plausibles y preferibles. Es un tipo de diseño que busca plantear preguntas creando escenarios futuros que provoquen un debate, en lugar de buscar soluciones formales a las necesidades de hoy en día. Traslada el pensamiento crítico a la materialidad a partir de la pregunta “what if?”, ¿qué pasaría si?

¿Qué pasaría si “Buurthotel” se centrara en el decrecimiento? ¿Qué pasaría si dentro de 20 años estuviéramos más cerca de la frontera con el post-capitalismo? ¿Cómo sería ese turismo y su relación con el barrio? ¿Qué pasaría si “Buurthotel” no fuera una plataforma sino un hotel? Un hotel alejado de la mercantilización y que promueva el derecho a una ciudad habitable para los locales. ¿Cómo sería? Primero, para convertirse en lugar debería respetar el espacio, por ejemplo remodelando un antiguo edificio, manteniendo la estética y sobre todo comunicando su historia, tanto a los residentes como a los turistas. Por otro lado, a diferencia de los hoteles que se encuentran en la plataforma, todos los servicios y actividades deberían estar abiertos al barrio. Si faltan plazas y espacios verdes, pero el hotel tiene un maravilloso patio interior, debería poder ser usado por los residentes. También deberían tener acceso a espacios como el gimnasio o la ludoteca. Aquí se nos plantea un problema, si abrimos el hotel a todo el barrio, las personas sin hogar también forman parte de ese “todo”. Es probable que si acuden al hotel, no tenga buena fama y dejen de acudir clientes. En este caso hipotético seguimos en un capitalismo tardío, por lo que para que el hotel sobreviva debe tener un mínimo de visitantes.

Una forma de incluir a las personas sin hogar sin comprometer el funcionamiento del hotel sería ofrecerles la posibilidad de trabajo a cambio de una habitación y cubrir sus necesidades básicas, quizá con un sueldo más reducido que los empleados que no viviesen en las instalaciones. De esta forma, la iniciativa ayudaría a combatir la pobreza y la desigualdad en el distrito. Aunque todo esto no serviría de nada si el hotel lo regenta una empresa foránea. Si este hotel busca apoyar al vecindario, debería tener trabajadores de la zona y los cargos directivos también serían vecinos. Actualmente, las condiciones en hostelería son muy precarias y en el futuro seguirán siéndolo, para que el hotel fuera respetuoso con el barrio todos los trabajadores deberían tener condiciones dignas. ¿Qué pasaría si, en lugar de una empresa tradicional, el hotel fuera una cooperativa? Podemos ir más allá. ¿Qué pasaría si el diseño fuera también colaborativo?¿Cómo serían las instalaciones si el arquitecto se reuniera antes con la asociación de vecinos para descubrir sus necesidades? ¿Y si se utilizaran materiales y técnicas de construcción propias de la zona? La arquitectura puede favorecer la interacción en la comunidad, la accesibilidad y la sostenibilidad. ¿Qué pasaría si, una vez en funcionamiento, los proveedores fueran de km0? ¿Seguiría teniendo visitantes? ¿Serían los turistas más respetuosos con el entorno? ¿Mejoraría la calidad de vida de las personas del barrio?

Sé que estoy hablando de una utopía, pero en palabras de Enzo Mari “la igualdad, la transformación, el diseño están fuertemente permeados de utopía”. Los diseñadores desarrollan su trabajo teniendo en cuenta lo utópico y lo real. Así pues, veamos ahora lo real. Existen ejemplos de turismo post-capitalista que ya se están dando o se dieron en Barcelona, Buenos Aires, EEUU, El Salvador, etc. Destaca el “Hotel Madinat”, en el centro de Córdoba. Este proyecto lleva 10 años funcionando como cooperativa. Tras la rehabilitación de una casa señorial del siglo XVIII al borde del colapso y manteniendo la esencia de una casa-patio andalusí, nace una iniciativa en la que cada decisión es democrática y horizontal. No solo se fomenta la participación de los trabajadores, sino que pueden convertirse en socios. Además, las personas trabajadoras están en riesgo de exclusión social y se apuesta por proveedores de cercanía. La utopía del “Nuevo Buurthotel” cada vez es más reducida, menos utópica. No parece tan lejano un mundo en el que los residentes tengan acceso a las instalaciones que solo disfrutan los turistas, que el hotel realmente favorezca la comunidad en lugar de destruirla. No existirá nunca un futuro de buena vida para todos si hoy rechazamos la utopía. Ridiculizarla nos aleja de los pequeños pasos que nos pueden llevar hacia ella.



1 Las ciudades tienen una carga máxima de turistas que pueden soportar, pero cuando se hacen estrategias de turismo no se suele tener en cuenta. En este caso, el alcalde hizo pública cuál es la carga que puede soportar Ámsterdam, pero no se ha cumplido.

2 Exceso de turismo según la cantidad máxima de usuarios que un entorno puede soportar a largo plazo sin comprometer su integridad

3 Carente de personalidad, que siguen las modas de consumo masivo de manera acrítica.

4 según la investigación “Caminos hacia un turismo post-capitalista” de Robert Fletcher, Asunción Blanco Romero, Macià Blázquez, Ernest Cañada, Iván Murray Mas y Filka Sekulova

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