Dune: lecciones para un futuro sostenible
El protagonista, Paul Atreides, se une a los Fremen porque han averiguado la forma de adaptarse al planeta.
22 de abril 2026
El protagonista, Paul Atreides, se une a los Fremen porque han averiguado la forma de adaptarse al planeta.
Dune es una historia inspirada en la lucha por los recursos naturales, la sobreexplotación y sus consecuencias. En este universo, la especia es el material más valioso del imperio y solo se encuentra en el planeta Arrakis, también conocido como Dune. La principal amenaza contra la habitabilidad del planeta y la extracción de la especia son los gusanos gigantes que, irónicamente, son clave en el mantenimiento del ecosistema del planeta que permite la creación de la susodicha. El deseo de enriquecerse a costa de la especia requiere que los humanos encuentren formas de coexistir en el clima desértico que favorece su formación, poniéndoles a prueba a ellos y a su arquitectura, en su capacidad de adaptación, además de testar su avaricia, ya que la sobreexplotación de los recursos naturales del planeta destruiría los mismos. El escritor Frank Herbert nos demuestra, a través de su obra de ficción, una variedad de culturas representadas por distintos personajes, que personifican la diversidad de respuestas ante el dilema de la explotación de recursos y la capacidad de aclimatación a esos entornos naturales.
En el universo al que pertenece Dune podemos observar, a través de la adaptación cinematográfica, una amalgama de culturas en diversos planetas que disponen de climas variados y, por lo tanto, de arquitecturas igual de variadas. Hay una cultura que destaca por encima de las demás en lo que adaptabilidad se refiere: los Fremen, la sociedad en la que el protagonista, Paul Atreides se integra. Los Fremen habitan en arquitecturas rupestres, edificios formados a través de la excavación en paredes rocosas. En vez de edificar desde cero, trabajan usando los recursos que el propio contexto les proporciona. En nuestro planeta hay extensos ejemplos de arquitectura rupestre, el más icónico de ellos es Petra en Jordania, tanto es así que hay escenas de Dune que han sido grabadas en esta localización. Tanto en Dune como en la historia de nuestro planeta, los colectivos indígenas han aprendido a servirse de su entorno natural para sobrevivir. El empleo de los elementos naturales a disposición de estos colectivos, en este caso las formaciones rocosas, es una necesidad en los climas inestables donde se encuentran, que requieren de la protección que facilitan el cuerpo sólido e impermeable de las montañas rocosas para generar espacios habitables.
La arquitectura rupestre contrasta con las imágenes que vemos de la capital de Arrakis, Arrakeen, donde se construyen edificaciones que asemejan a la arquitectura mesopotámica. La arquitectura está en pendiente para protegerse contra las corrientes de aire y tiene forma escalonada con pocas aperturas aparentando ser una extensión del terreno, a pesar de que está edificado en su totalidad, al contrario de los edificios de los Fremen. En ambos casos se puede observar la falta de luz en el interior, y los personajes circulan por la arquitectura como hormigas en un hormiguero.
Los antiguos egipcios son famosos por sus pirámides, y eran capaces de construir monumentos religiosos en una de las zonas más hostiles del Mediterráneo. En Arrakeen no hay una relación tan directa entre religión y arquitectura, pero sí la hay en la arquitectura Fremen, donde los espacios se organizan para proporcionar lugares de congregación y de rituales sagrados. Herbert vincula la devoción religiosa con el respeto y la aclimatación al entorno natural, vinculando la cultura local más tradicional con la arquitectura sostenible. En cambio, en la realidad, tras el abandono de las doctrinas politeístas con deidades representantivas de elementos naturales, se pierde la conexión con el entorno natural. Las religiones monoteístas disponen de un componente antropocéntrico, donde el ser humano pasa a ser el centro de la creación, poniendo en segundo lugar a la naturaleza. Los griegos construían sus templos religiosos en puntos paisajísticamente significativos, normalmente en zonas altas; en cambio, las iglesias, sinagogas y mezquitas se integran en las ciudades, directamente en la vida de los ciudadanos.
Hay otras culturas del Mediterráneo que han servido de inspiración para Herbert. Los Harkonnen celebran combates públicos en estadios como los romanos, pero en la película observamos que el estadio tiene una forma triangular con puntas curvas. Esta deformación no es casual. En la película Dune parte 2, observamos formas arquitectónicas muy segmentadas en el planeta Geidi Prime, dando una apariencia a la cultura Harkonnen de torsión y deformación. Esto también se aprecia en la apariencia física de los habitantes del planeta.
Esta manera de torsionar las formas orgánicas y naturales tanto del cuerpo humano como de la arquitectura nos sugiere la estrategia de los Harkonnen al introducirse en el planeta Dune, desquebrajando, contaminando y colonizando el ambiente. El contraste entre la forma elíptica del Coliseo romano, por motivos de acústica y visibilidad, y la forma triangular con picos curvos del estadio en Geidi Prime, ilustra la desvinculación con lo orgánico.
El protagonista de la historia es originario del planeta Caladan, un planeta cuyo entorno natural está supuestamente inspirado en Canadá, pero se observan referencias a la arquitectura árabe, y otras culturas europeas y asiáticas. En el interior se pueden apreciar varios materiales como piedra, cerámica y madera.
Parece ser que Caladan representa nuestro planeta Tierra en su conjunto. Patrice Vermette, el diseñador de producción de Dune, dijo que su intención para Caladan era 'transmitir la idea de que era algo que se estaba acabando como una tradición que se desvanece', confirmando la idea de que el origen de esta historia surge de la actual destrucción de nuestro planeta.
La historia de Dune nos indica el camino a seguir: el protagonista, Paul Atreides, se une a los Fremen porque han averiguado la forma de adaptarse al planeta, aprendiendo a vivir dentro de su ecosistema, al preservar el entorno natural, se dan a sí mismos la oportunidad de un futuro sostenible para su comunidad. Los Fremen no solo son capaces de sobrevivir, son capaces de convivir en el entorno natural, incluso llegan a usar a los temidos gusanos como método de transporte. En la lección de sostenibilidad que nos da Herbert, nos indica que el futuro está en el empleo de los recursos locales, la coexistencia con el entorno natural y la idea de que la arquitectura es un instrumento más para lograr el futuro sostenible que tanto necesitamos. Seguramente, si Herbert estuviese vivo y viese la película, diría que los efectos visuales son extraordinarios, que Timothée Chalamet y Zendaya hacen una excelente actuación, y que la película es una buena representación de su novela, pero si viese cómo tratamos el planeta, nos diría que no hemos aprendido nada de su obra.
¿Qué opinas?
Sin comentariosPueblo Paleta no tenía fugas
Por Diego Toribio
El cambio más significativo en la línea histórica de los juegos de Pokémon ocurrió entre los años 2013 y 2014
Por qué me gusta mirar obras
Por Pau Martí Talens
Si usted tiene un algoritmo parecido al mío, es posible que haya visto esta publicación en sus redes sobre el artículo Umarell en la Wikipedia
En defensa del postpaquismo
Por Pablo Toribio
Hará cosa de tres meses mis padres se enfrentaron a una de las grandes liturgias que dicta el gusto estético contemporáneo: quitar el gotelé.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro Anegón Ramos
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES