Música

Ebrovisión 2026: cuidado, cómodo y sostenible

«Tomarte una cerveza se está volviendo algo prohibitivo en muchos festivales. No nos parece bien», dice Rami Molinero, director del festival.

16 de septiembre 2026


¿Qué vais, a pescar? Fue en ese momento, a las once de la noche del jueves, a la orilla del río, cuando asumimos que nos habíamos perdido. Acabábamos de llegar a Miranda de Ebro y menos mal que unos chavales, con esa retranca castellana tan seca y tan brillante al mismo tiempo, tuvieron a bien ayudar a estos dos forasteros con mochila y macuto y New Balance, sorprendidos sin duda ante nuestra incapacidad capitalina para encontrar el camping en el que habríamos de pasar aquella y las dos siguientes noches. Teníamos justificación. Poca, pero hayla. La ubicación de Google Maps indicaba una cosa pero el oído nos decía otra. Joder, la música venía en esa dirección, lo juro. ¿Qué hubieses hecho tú? Ante la duda, siempre seguir la música. Afortunadamente, el río quiso juntarnos con unos simpáticos mirandeses que, risas y coñas mediante, nos indicaron el camino correcto al camping. Nos dio tiempo a desandar lo andado, llegar al destino, dejar los trastos, recorrer la senda que nunca se ha de volver a pisar y disfrutar de las actuaciones de Juventude y Rata. Pues eso, son tus huellas el camino y nada más.


El causante de nuestra noctívaga aventura no fue otro sino el deseo de llegar cuanto antes al Ebrovisión, el festival independiente organizado por una asociación cultural de Miranda que desde hace 26 años llena esta localidad burgalesa de buena música y mejor ambiente. Rami Molinero, director del festival, lo define como auténtico y diferente. “Nos salimos de la línea continuista que hay de festivales y de carteles. El Ebro es muy reconocible en su línea artística, es bastante diferencial y cómodo, ya no solo para el público, sino para la gente que vive en Miranda”, nos dice.


Ya el viernes, primera noche de camping superada y aún con la melodía de Yo de mayor quiero ser yo en la cabeza, madrugamos a las siete de la tarde para recorrer el recinto por primera vez. Me gusta esa primera vuelta de reconocimiento, vacío el lugar aún, con todo preparado, los camareros en las barras, los instrumentos sin músicos sobre la tarima. Tiene algo envolvente, algo de misterio. Como de parque de atracciones abandonado. Apuro la festiputivuelta y me centro en las actuaciones de San Tosielo primero y La Habitación Roja (concierto de 30 aniversario) después. Ambas bandas estrenan escenarios. Hablamos de un festival sin solapes, con dos escenarios en los que se alternan conciertos. Factor, el de no duplicar, sin duda clave en el éxito del Ebrovisión, tal y como nos confiesa su director. “Somos un festival mediano, con una capacidad media de público, pero en el que puedes disfrutar como en una sala. Puedes ir a la barra, pedir, volver a tu sitio y no perderte nada. Es uno de los valores del festival, poder disfrutar de la música cómodo, con un buen sonido y sin agobios. No meter grupos por meter. Aquí prima mucho más la calidad que la cantidad”, comenta Molinero. 

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La Habitación Roja @sara.irazabal

A las nueve llega uno de los momentos señalados de la jornada, la actuación de Triángulo de Amor Bizarro. Comienzan tocando Matar a un Rey, una de las canciones más representativas de Mi Catedral, su reciente disco publicado el pasado mayo. Le siguen varios temas del álbum, intercalados entre sí con los gritos de Rodrigo Caamaño, compositor, cantante y guitarrista de la banda, de “¡puta VOX, mierda de partido, guillotina!”. La segunda mitad del concierto, reivindicaciones ya efectuadas, adquiere otra dimensión. Nos invade la sensación de que la noche ya ha empezado. Desfila ante nosotros el arsenal de himnos de los gallegos, que de tan prolífica discografía parecen necesitar un hangar para que les quepan todos. Me emociono con ASMR para ti, me desgañito con Vigilantes del Espejo, vuelo con el arréglame, arréglame de De la Monarquía a la Criptocracia. Manual de cómo madurar un bolo hasta hacer llegar al éxtasis, por Triángulo de Amor Bizarro. A un marciano recién aterrizado en la orilla del Ebro le bastarían estos treinta minutos finales para comprender por qué los de Boiro llevan siendo uno de los grupos más en forma en este país durante las últimas dos décadas.


Turno ahora para el cabeza de cartel del día, Carlos Ares. La noche está escrita en gallego y en la explanada principal nadie se quiere perder a uno de los artistas del momento. Tema este, el de la dificultad para un festival independiente en hacerse con los grandes nombres del panorama, que Molinero ataca sin evasivas. “Nuestra mayor dificultad es la económica. Sacar adelante cada edición con unos cachés (los de las bandas) que cada año son mayores. Somos una asociación cultural, todo esto sale de las entradas que se venden, los sponsors, las subvenciones y del trabajo altruista de todos los miembros de la asociación. Llegamos hasta donde llegamos”, afirma. “El mayor problema que hay ahora es el equilibrio entre artistas, cachés y presupuestos. No puede ser que los artistas cada año que pasa multipliquen por tres su caché. Llega un momento que es inasumible, porque tú como festival no puedes multiplicar por tres ni el abono, ni la cerveza, ni las ayudas que recibes”, se lamenta.

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Triángulo de Amor Bizarro @DPCFOTOGRAFO

Sin decir nombres, el director del Ebrovisión señala a ciertas bandas de reciente éxito, inaccesibles ya para festivales como este. “Muchos de estos grupos que llenan campos de fútbol y pabellones han nacido y han crecido en festivales, y ahora muchos se están yendo de la opción de poder contratarlos. Cada uno puede pedir lo que quiera por su trabajo, pero es un debate que hay que poner sobre la mesa. Pero esto es insostenible y acaba repercutiendo en los asistentes. Tomarte una cerveza se está volviendo algo prohibitivo en muchos festivales. Al final todo repercute en el bolsillo de tu público. No nos parece bien”, denuncia. 


Claro que de cabezas de cartel no vive el hombre. Tras Ares, los conciertos de Puño Dragón y Shego suponen un soplo de aire fresco en la noche cerrada de Miranda. Raquel, guitarra y voz de Shego, y al igual que hizo Rata la noche anterior, reivindica el dolor de perder a un amiga —¿por quién irá?— “Nos quedan tres canciones y son las de ella”, nos confirma después de interpretar amiamiga, por si había alguno que andaba perdido. Nos recomponemos como podemos del momento emotivo y nos pedimos otra cerveza para no pensar en lo puta que es la vida. Aún nos queda la guinda del viernes, el bolo de los Getdown Services.  

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shego @sara.irazabal

De Ares hemos pasado al dúo de Minehead. A estas alturas ya nadie puede negar lo ecléctico del cartel. “Buscamos un equilibrio e intentar que nosotros mismos no nos perdamos ni un concierto de cada edición. Que de principio a fin te apetezca ver los conciertos. la premisa es que no haya un grupo que digas, mira, de este paso, es la hora de cenar”, bromea Molinero. 


Por lo general odio a los cantantes que te ponen deberes, del tipo agachaos todos, o sacad la linterna del móvil, o haced un pogo ahí en el medio. Pero a los Getdown Services se lo obedezco todo. Me está flipando sentirme orquestado, dirigido por estos dos mamarrachos, pastores de rebaños humanos que no paran de mover los brazos y las piernas y la cabeza y de darnos órdenes en el inglés de los montes de Somerset. Un barrigudo bigotón sin camiseta a las tres de la mañana nunca te va a fallar. Me hacen gracia hasta cuando nos echan la bronca, se ve que no todo el público está siguiendo la coreografía impuesta y a nuestros hooligans la insubordinación mirandesa no les ha sentado demasiado bien. Llegarán, incluso a publicar en su cuenta de Instagram un post quejándose de los que están de espaldas al escenario, los que no paran de fumar y los que están más al móvil que al escenario. Un poco looser, my friends, pero os lo perdono porque me habéis hecho pasar la hora más divertida del verano. See you soon. 

Qué cuadro es la mañana siguiente a una noche de festival en el camping. Te cruzas con uno. Os miráis. Os sonáis. Durante medio segundo piensas en decirle algo. Lees en su lenguaje corporal que él está pensando lo mismo. Hay amago de saludo, de arqueo de cejas al menos, pero cuando el encuentro es inminente te baja la mirada y pasa de largo. Él sabrá. Hay caras de derrota y de desprecio por la vida disfrazadas de caras de sueño. Hay un ambiente lúgubre, decadente, de mañana siguiente al fin del mundo. ¿Pero cómo es esto posible? Si hace cuatro horas estábamos brincando juntos, ¿cómo es posible tantos ojos tristes? Es un poco como cuando tienes un sueño erótico con una compañera de trabajo, y te despiertas sobresaltado, y vas a la oficina y la ves a ella como siempre, tan campante, como si nada de lo de anoche hubiese pasado. Pero cómo es esto posible. Me quito a cierta compañera de la cabeza, por si acaso, y decido espabilarme antes de poner rumbo al centro de Miranda. Le hago caso a Rami, que me recomendó probar un pincho de bacalao. Qué cosa tan rica. “El Ebrovisión es un festival muy integrado en la ciudad. Hay nueve escenarios, el 50% de ellos son gratuitos, se pueden disfrutar sin la entrada y están repartidos por todo el entorno del río Ebro”, comenta. Hoy, sábado, tendremos en estos escenarios gratuitos las actuaciones de La Milagrosa, Los Chivatos y la sorpresa de El diablo de Shangai. Casi nada. De momento voy a pedirme un segundo pincho de bacalao.


Nos han dado las siete y ni nos hemos enterado. Inauguran la tercera y última jornada del Ebrovisión Mujeres, que ya la están liando desde primera hora. Todo un acierto de la organización ponerles al inicio, asegurándose llenar el recinto desde bien pronto. Pol, quizá el frontman más carismático de este país, nos dice que todo guay con los pogos, pero que los hagamos siempre con respeto. “Esto lo digo para quedar bien”, añade. Qué gracia tiene el jodido. Lo siguiente que le vemos es lanzarse sobre el público, sacar el móvil, tirarse un selfie sostenido por un manto de manos y subirlo a Instagram. Es el puto amo, es oficial. Les siguen otros que de carisma tampoco van cortos, Rufus T. Firefly, que nos vuelven a demostrar por qué son el mejor grupo de este país. Creo que nunca había visto a Víctor tan suelto sobre un escenario. Lo celebro. Julia se marca un solo de batería a la altura de su leyenda. Anochece en Miranda.


El honor de ser el cabeza de cartel de la noche lo comparten Sanguijuelas del Guadiana y Lori Meyers. Ambos tocan seguidos en el escenario principal. Le pregunto a Rami por cómo conviven artistas tan variados (y caros) con un presupuesto limitado, y él alude a la responsabilidad. “Si hemos llegado hasta aquí ha sido por tener siempre los pies en la tierra y no abarcar más de lo que somos capaces. Tener un festival cuidado, cómodo y sostenible, esos son nuestros tres pilares”. También me advierte de la posible burbuja a la que se enfrenta su gremio en España. “El mundo festivales está sobredimensionado. En cualquier pueblo hay festivales. Hace años, a las fiestas de los pueblos iban los triunfitos, ahora en todos se hace un festival”, reflexiona. 


Cantamos Emborracharme, yo particularmente me tomo muy en serio la letra, y dejamos a los Lori para dirigirnos a la zona de los DJs. Nos encontramos con Álvaro Cobarro, Cobie, un tipo majísimo que al minuto de conocer ya deseas que le vaya muy bien en la vida. Se está marcando una sesión setentera tremenda. Es una constante lo de la buena electrónica en el festival, lo hemos comprobado, además de con el propio Cobarro, con Hoonine, Mediocre DJ, JotaPop o Mondoinsonoro Djs.

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Lori Meyers @sara.irazabal

Ya bien calentitos, nos queda uno de los grandes alicientes de esta edición, el concierto de Mala Gestión. Hablamos con Pablo, guitarrista del grupo, antes de su actuación, y nos confiesa que están bien y tranquilos, asimilando el crecimiento de este año, que ha sido muy frenético. “Hemos tenido mucha repercusión. Mucha en nuestro nivel, tampoco somos Aitana Ocaña, pero sí que hemos pasado de ser conocidos en Valencia a ser conocidos a nivel nacional. Estamos en un momento de asimilación y de asentarnos”, comenta.


Le digo que me flipó su bolo en el Canela, a lo que responde que seguramente sea su concierto más especial hasta la fecha. También, humilde él, reconoce los aspectos en los que deben mejorar. “Siento que aún nos falta pulir el directo, y eso implica sacar más canciones y que la gente se las sepa. A día de hoy hay dos o tres canciones que todo el mundo se las sabe, pero nuestro objetivo como banda es que el público se sepa todas las canciones. Cuando el público solo se sabe dos canciones sientes un poco lo que debe sentir el de Are You Gonna be my girl (JET), que de repente tocan esa canción y dices ¡coño, si son estos!”, ironiza.


Lo cierto es que el público se sabe más de dos y más de tres y más de cuatro canciones de estos chicos. Lo comprobamos en Ex Pareja, en Diésel en Skol o en Normalmente Mejor. Van para grupo generacional. Cuando se lo digo, Pablo se ríe y se quita importancia. También hablamos de la deriva mercantilista de los festivales, de la suerte que es tener oasis como el Ebrovisión en el panorama actual, un festival especial, con mucha mística alrededor, en palabras de él, y hasta de Foster Wallace.

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Mala Gestión @sara.irazabal

“Me gustan los festivales en los que no tengas la sensación de que todo gira en torno a sacarte dinero. Hay muchos festis que juegan mucho con el FOMO, con el aquí te lo vas a pasar genial. Como que pagas 100 euros, o lo que sea, y 100% te lo vas a pasar bien. Me recuerda a un libro de Foster Wallace, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, que habla de cómo en los cruceros se te vende la certeza de que vas a estar relajado y vas a estar bien, y esa expectativa acaba arruinándolo todo. Y con los macrofestivales pasa parecido”, reflexiona. También confiesa que empezó La broma infinita el año pasado, pero que lo tuvo que dejar a los cuatro meses. Cómo no entenderle.


El concierto avanza, los himnos se suceden y Pablo está imparable. Acaba de abrir las aguas aquí abajo en el público, y nosotros, separados en dos bandos perfectamente definidos, esperamos el momento exacto para iniciar un pogo histórico mientras berreamos una y otra vez sin parar, vivan las escenas fosterwallacianas, Llego a la rave con Sandalias del PSOE

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