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Garcilaso y los nuevos soldados poetas

Pensé que había muerto el soldado poeta. Pero no había pensado lo suficiente.

24 de abril 2026


Hay diferentes tipos en este mundo y en la historia. Pero los de verdad, los que modelan la historia, los que cambian nuestra vida, son dos: los cortacabezas y los artistas. Y un tercer grupo de impostores.

Los cortacabezas son hombres de acción, usualmente amigos del fuego y la bayoneta. Napoleón, Millán Astray, odiados y amados en su tiempo, pero dueños de su vida y de su país, señores de su tiempo. Juegan con él, con nosotros, cambian la vida de una nación entera o puede que un continente mientras viven (o mandan, mejor dicho, porque no gobiernan). Aunque vaya si fueron capitanes de su barco; no pasaron por la vida sin pisar fuerte y tambalear los cimientos de todos a su alrededor. Tras el funeral con honores…A rey muerto, rey puesto.

Sin embargo, en el caso de esos artistas, escritores, librepensadores (estos son los que más) —su obra puede ser inmortal— , y lo que pensó un día un tipo en la otra punta del mundo desconocido hace siglos, sigue resonando hoy aquí y ahora pa’ ti y pa’ mí. Al contrario que los bayonetistas, son tipos generalmente pasivos, propensos a pasar demasiadas horas con el papel en la habitación. Reflexionando y con visión y bisturí sobre sus tiempos, a menudo ni siquiera son escuchados. Suelen influir después, puede que décadas después, como Marx (aunque fue el cortacabezas Vladimir Ilich Ulianov, el que puso la carne en el asador y prendió fuego). Los reflejos de su pensamiento pueden abarcar todo tipo de culturas y vidas. Pero a la hora de la verdad, héroes de salón.


Unamuno no pudo ganar la guerra, Millán Astray sí . Y eso que don Miguel era hombre de acción que no tenía problema en mojarse el culo para coger peces.


Y luego están esos pocos díscolos impostores, talentosos en las letras, rebeldes y de acción. Influyendo a artistas posteriores, y metiéndole mano a la vida cuando se dejaba, participando en guerras y versos. Dios los bendiga, a Garcilaso, a Byron. Pensé que había muerto el soldado poeta. Pero no había pensado lo suficiente.

Los tiempos cambiaron y con ello el vestuario de los personajes, pero el carácter era el mismo. Son esos tipos del siglo veinte. Con una influencia en la cultura digna de alabar y una acción en la vida admirable. Con una rebeldía feroz en su vida. 

Dios bendiga al aventurero con pretensiones culturales, Errol Flynn, esos rockstars, Dylan, Keith, Sabina y el gran Camus.

Los rockeros son (fueron) los nuevos soldados poetas, con excepción de alguna superestrella disfrazada de actor, escritor o torero.

Desafiando a la vida, enfrentando a la muerte. Haciendo poesía de la costumbre. No dejando la vida pasar y siendo parte del cambiar. Flores del precipicio, orilla del vaso que corta, pero no desangra.

Hoy, el nuevo poeta soldado está revisando su último escrito y decidiendo si empuñar el fusil en Ucrania o en Palestina. Tal vez pueda influir en algo y sea escuchado tiempo después. Mientras tanto, los únicos que influirán en Ucrania serán los hombres de acción rusos; lo que recordarán en Palestina es al cortacabezas de Netanyahu.


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