Costumbres

Un cafelito

Europa pasó de estar borracha a estar cafeinada

7 de mayo 2026


Estaba disfrutando de un café después de la comida y, saboreándolo, me dije 
—Qué bueno, qué bien viene. Tantas cosas nos ayuda y facilita... o no. O nos autoayuda a sacarle brillo a las cadenas. A cerrar la puerta con llave desde dentro del sótano. Algo olía raro, llamé a la policía para desfacer este entuerto, íbamos a saber la verdad, a destapar este pequeño Nicolás histórico.


Nos sorprendimos al darnos cuenta de cuántas cosas dábamos por hecho. Ese grano de café, originario de África, cruza a Oriente Medio, y ya está en Turquía en el siglo XVI. Llega a Italia en el año 1600, aproximadamente. Le piden al papa que prohíba esa ‘bebida del diablo’. La leyenda dice que Clemente VIII no se apuró; Esta bebida del diablo es tan deliciosa que sería una pena dejarla solo para los infieles. Vamos a engañar al diablo bautizándola"


Y el café pasó de mal visto a popular, sin mucho trabajo, solo con la correcta instrumentalización del poder. Aún así, un grupo de señoras inglesas acabó firmando ‘La petición de las mujeres contra el café’ porque dejaba a sus hombres afrancesados e impotentes.


De repente, el capitán de la policía desveló un gran misterio. Con la primera revolución industrial, a finales de 1700, se pasa de un ritmo marcado por las estaciones y el sol a los horarios. De campo y artesanías a la ciudad. La gente bebía cerveza sin conocimiento, y también ginebra (la primera revolución industrial fue primordialmente británica, incluso existió la llamada epidemia de gin). La gente bebía y curraba sin parar, antes y durante. Estaba arraigado en la tradición, y era más seguro y limpio que el agua de la ciudad. No jugaba especialmente a favor de operar con máquinas durante 16 horas seguidas. 


Europa pasó de estar borracha a estar cafeinada. El trabajo os hará libres, y si no, pues bebed café, que lo haréis más rápido y se os pasará antes. Se rompió el ciclo y ritmos naturales para adaptarlo al ritmo de producción. Gracias café, gracias buen patrón. El café sustituyó al alcohol, no solo formó parte de la revolución industrial, sino que fue gran aliado. Lo mismo con el té.


Esto se estaba pasando de castaño oscuro así que llamé al FBI. El capo me dijo que me olvidara, que era cosa del pasado — hay que mirar para adelante—

 Que lo que realmente habíamos dado por hecho y era una triquiñuela no era la primera sino la segunda revolución industrial. Hace escasos 150 años de la electricidad y el petróleo, el mundo que nos pensamos que vivimos y por tanto somos. 


Primero, el petróleo se usaba como queroseno para la iluminación, pero luego llegó el automóvil, y el cochecito leré lo cambió todo. 

Hace unos 100 años, el coche empezó a reinar y con ello el combustible y el petróleo se coronaron  definitivamente. Y Henry Ford culminó una idea que estaba rondando hace décadas.


Antaño el domingo era el día de descanso formal, y el informal era el lunes, San Lunes. Lo cual era básicamente curar la resaca brutal provocada el domingo por la tarde y noche. Con la revolución industrial y sus fábricas y horarios, San Lunes se acabó y el domingo pasó a descansarse solo la mitad del día, con suerte.

No desdeñar décadas de peleas, luchas de sindicatos y muertes, muchas muertes de trabajadores bregando para tener ese domingo y parte del sábado.

Y entonces llegó el buen patrón, Henry Ford, e instituyó la semana de 5 días en sus fábricas. Sucedió en 1926 así que, de manera oficial, estamos de centenario de nuestra vida y mundo.


Pero el truco era que con un descanso de dos días, un fin de semana, la gente tiene suficiente tiempo para hacer algo, pero no demasiado. Solo con el domingo, es ir a la iglesia y descansar. Con dos días, CONSUME más, necesita ropa para el ocio, coche, comprar gasolina para ir de fin de semana. Tres días ya no les podemos dar porque consumirían lo mismo pero producirían menos. Las pupilas de Ford se pusieron verde dólar. Pudo el progreso fallar a la humanidad.



Bajé a la esquina, y en no sabiendo qué hacer me pedí un café. En una de esas servilletas con frases rancias ponía: Difícil es liberarse de las opiniones de los demás, más difícil aún de las de uno mismo.

Qué bueno estaba el cafelito.


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