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Lola & Cristina – Amargo Experience: Cuando lo vivido se convierte en conversación
Suele empezar por algo que nos inspira: un espacio, un artista, una idea… y, a partir de ahí, construimos todo lo demás.
6 de mayo 2026
Suele empezar por algo que nos inspira: un espacio, un artista, una idea… y, a partir de ahí, construimos todo lo demás.
Dicen algunos que nuestra generación ha nacido con todo dado. Que lo hemos tenido fácil. Que nos falta sacrificio, paciencia o ganas de trabajar. Sin embargo, cada vez me cruzo con más gente entre los 25 y los 33 años que parece empeñada en desmontar esa idea: personas que se lían la manta a la cabeza para abrir un restaurante, montar una empresa, levantar una marca o, como en este caso, crear una comunidad alrededor de la cultura y la experiencia.
Lola y Cristina —o Cristina y Lola— forman parte de esa generación que no espera a que alguien le dé permiso para hacer cosas. Amigas desde el Erasmus, han convertido sus ganas de compartir y de ver el mundo en Amargo Experience, un proyecto de eventos mensuales en Madrid que reúne talento emergente, espacios cuidados y una idea sencilla, pero poco habitual: que lo importante no es solo lo que se hace, sino cómo y con quién.
En tiempos de inmediatez y consumo rápido, Amargo no termina cuando se apagan las luces: empieza precisamente ahí, cuando lo vivido se convierte en conversación, genera lazos y ayuda a dibujar el futuro.
Antes de entrar en todo lo que significa Amargo, me gustaría empezar por vosotras. ¿Quiénes son Cristina y Lola, y cómo nace vuestro proyecto?
Nos conocimos de Erasmus y algo que nos unió desde el principio fue una manera parecida de mirar el mundo. A las dos nos encantaba organizar planes para nuestros amigos, pero siempre intentábamos ir un poco más allá: cuidar el sitio, la música, la estética, la gente, el ambiente.
Buscábamos rodearnos de belleza, ya fuera a través del arte, la música, el diseño o cualquier expresión creativa. Las dos tenemos una gran sensibilidad y admiración por lo creativo y, en especial, por el talento emprendedor de nuestra generación. De ahí nace Amargo: de las ganas de crear un espacio que reflejara esa energía y la convirtiera en una experiencia compartida.
Os conocisteis de Erasmus y ahora organizáis eventos mensuales en Madrid. ¿Cómo ha evolucionado vuestra relación desde aquella amistad inicial hasta convertiros también en socias?
Al principio nos imponía un poco, porque emprender con una amiga siempre tiene algo de vértigo. Sin embargo, lo que nos ha permitido avanzar es tener muy clara nuestra hoja de ruta: este proyecto es nuestro espacio de libertad creativa y nuestro portfolio más personal. Y, sobre todo, queremos disfrutarlo, algo que por ahora hemos conseguido.
Como socias hemos encajado muy bien. Aunque ambas desarrollamos nuestra carrera en el sector de marketing y ventas, venimos de bases distintas y complementarias. Cristina aporta una mirada más experta en comunicación, mientras que Lola suma un enfoque más estratégico desde ADE. Juntas formamos un equipo en el que la creatividad y la ejecución de negocio se encuentran de forma natural.
¿Recordáis el momento en el que dijisteis: “esto puede ser algo más que una idea entre amigas”?
Perfectamente, jajajaja. Nos fuimos a tomar una Coca-Cola y empezamos a hablar de lo mucho que nos gustaría montar algo nuestro. Al principio estábamos un poco de broma, pero a la vez lo vimos como una posibilidad. En esa conversación se nos ocurrió el nombre y empezamos a tantear la idea de crearlo de verdad. Así que la semana siguiente empezamos a reunirnos, enviamos encuestas a nuestros amigos para ver si la idea tenía recorrido y comenzamos a desarrollar la imagen creativa.
Hay mucha gente joven con ideas, pero no tanta que se atreva a ejecutarlas. ¿Qué os empujó a pasar de pensarlo a hacerlo?
El miedo es muy poderoso, sobre todo cuando eres joven. Sientes pavor al fracaso, especialmente cuando se trata de un proyecto tan personal. Empezamos a desarrollar nuestra idea en marzo de 2025, pero no fue hasta octubre de ese mismo año cuando nos atrevimos a lanzarla. Hablando con unos amigos tomando algo, les contamos el proyecto y nos animaron a dar el paso definitivo. Lola tomó un poco el mando y nos obligó a las dos a saltar e intentarlo. Creo que su confianza fue la que ayudó también a quitarnos ese miedo.
Origen, familia y vértigo
Uno de vuestros eventos se llamó Pasión por el origen. ¿Qué papel tiene vuestro propio origen —vuestra familia, vuestra educación, vuestra forma de entender el trabajo— en Amargo?
Nuestras familias, nuestra manera de crecer y las personas que nos rodean han marcado quiénes somos ahora y, por lo tanto, también Amargo. Pero creemos que la manera y el contexto en los que nos hicimos amigas probablemente han sido lo que más ha influido. En Erasmus vivimos un momento muy clave: empezamos a hacer planes distintos, a salir de nuestra zona de confort y a decir más “sí” a lo inesperado. Eso fue lo que más nos unió y, al final, es exactamente lo que queremos que la gente sienta cuando viene a Amargo: esa mezcla de curiosidad, apertura y ganas de vivir algo diferente.
¿Qué parte de vosotras, de vuestra forma de ser o de vuestra historia, está más presente en Amargo?
Creo que nuestro espíritu optimista es el que más presente está en el día a día. Y la verdad es que menos mal, porque, aunque llevamos poco tiempo en el mundo empresarial, ya hemos tenido un par de sustos con distintos temas y, si no fuese porque nos lo tomamos con humor, estamos seguras de que ya nos hubiésemos rendido.
Sobre todo, intentamos disfrutar del proceso y entender cada fase como un aprendizaje. Incluso cuando hemos tenido algún problema menos agradable, lo vivimos como una oportunidad para aprender y seguir avanzando.
El concepto Amargo
Definís Amargo como experiencias que inspiran, sorprenden y funcionan como ecosistema para que crezca el talento. Pero antes de hablar del proyecto, hay una palabra que llama mucho la atención: ¿por qué “Amargo”?
Lo amargo es un sabor al que te tienes que acostumbrar: como el café, la ginebra o la tónica. Al principio puede no ser lo que más te apetece, pero cuando le coges el punto, te engancha. Amargo va un poco de eso: de salir de tu zona de confort, de probar algo que quizá no elegirías de primeras, pero que luego disfrutas muchísimo. Esa incomodidad inicial que acaba convirtiéndose en algo a lo que quieres volver.
¿Qué diferencia una experiencia Amargo de un evento cultural, una fiesta o un plan más de Madrid?
Diríamos que el sentimiento de pertenencia. En Amargo conoces a gente nueva, pero desde un lugar muy natural, sin forzar. Además, cada evento es distinto: no repetimos formatos, siempre hay algo nuevo. En una ciudad como Madrid, donde muchas veces acabas yendo a “lo de siempre”, Amargo sigue siendo una apuesta segura para pasarlo bien, pero sabiendo que cada vez vas a vivir algo diferente.
¿Cómo empieza la construcción de cada evento: por una emoción, por un artista, por un espacio, por una estética, por una historia?
Suele empezar por algo que nos inspira: un espacio, un artista, una idea… y, a partir de ahí, construimos todo lo demás. Vamos desarrollando el concepto y el storytelling alrededor de ese punto de partida, intentando que todo tenga coherencia y sentido dentro de la experiencia.
Qué debe tener un espacio para que digáis: “aquí puede pasar algo Amargo”?
Algo con alma, que te haga sentir, que te saque de lo corriente. Básicamente, que nos inspire.
Estética, belleza y comunidad
En vuestro proyecto hay mucho cuidado por la belleza, el arte y la estética. ¿De dónde nace ese interés?
Como comentábamos, ambas hemos tenido siempre esa sensibilidad por lo estético, pero también creemos que algo que define mucho nuestro interés por lo bonito es que no somos puristas: somos capaces de ver lo estético también en lo imperfecto. Esto nos permite tener un estilo natural, que conecta de una forma muy real con la gente.
¿Cómo evitáis que lo estético se quede solo en algo bonito para Instagram y no en una experiencia real?
En realidad, no partimos de una estética preconcebida, sino de la propia experiencia: del local, del artista, de lo que ya está pasando. A partir de ahí construimos, con lo que tenemos a nuestro alcance y no desde algo puramente aspiracional. Esto hace que la estética no se sienta como algo simplemente “instagrameable”, sino como parte de la experiencia. Además, al trabajar con proyectos y artistas jóvenes, se genera algo cercano, con lo que es fácil sentirse identificado.
Da la sensación de que Amargo no piensa solo en el “yo estuve allí”, sino en el “nos pasó algo juntos”. ¿Qué importancia tiene la comunidad en vuestro proyecto?
Nuestro proyecto se basa precisamente en crear comunidad, con un enfoque muy humanista que nos hace destacar. Creemos que cuando un proyecto pone a las personas en el eje central, se nota mucho. Nuestro objetivo no es que vengas solo a un evento, sino que quieras ser parte de Amargo.
¿Qué os hace pensar antes en cómo se lo están pasando los demás que en si vosotras mismas os lo estáis pasando bien?
Creemos que es algo intrínseco a la personalidad de ambas. Nos sale de forma bastante instintiva hacer de anfitrionas, estar pendientes de que la gente esté a gusto y disfrutando. Es una parte muy importante de cómo entendemos Amargo: si la gente lo está pasando bien, nosotras también. Y probablemente alguien a quien no le salga ese punto anfitrión de forma natural no lo entienda del todo, jajajaja.
Trabajo, exigencia y aprendizaje
Trabajáis en mundos donde la estética no es decorativa: importa cómo se presenta algo, cómo se cuida un detalle y cómo se acompaña a un cliente. ¿Qué habéis aprendido en vuestra vida profesional que luego aparezca, de forma consciente o inconsciente, en Amargo?
De nuestros trabajos hemos aprendido mucho a nivel técnico, desde cómo estructurar un proyecto hasta cómo comunicarlo. Las dos trabajamos en marketing, así que toda la parte estética y de construcción de marca también está muy presente en Amargo.
Pero, más allá de eso, otras experiencias que hemos tenido en startups han influido mucho: hemos vivido lo que es construir algo desde cero y volcarse completamente en un proyecto propio, y eso se refleja totalmente en cómo entendemos Amargo.
¿Y al revés? ¿Qué os está enseñando Amargo que no se aprende en una empresa?
Amargo nos está enseñando cosas que son más difíciles de aprender dentro de una empresa, sobre todo porque aquí todo depende directamente de nosotras. Desde gestionar la incertidumbre hasta tomar decisiones sin tener todas las respuestas, o aprender a confiar más en nuestro criterio. También nos está enseñando a crear algo desde cero con total libertad, a equivocarnos y ajustar sobre la marcha, y a entender de verdad lo que implica construir un proyecto propio desde dentro.
Referentes, Madrid y futuro
¿Qué estudios, marcas, artistas, espacios o personas os han servido de referencia para construir el imaginario de Amargo?
Nuestro mayor referente, sin duda, han sido nuestros abuelos y padres. En ambos casos hemos crecido muy cerca de lo que significa levantar una empresa desde cero, con todo lo que implica en cuanto a esfuerzo, compromiso y constancia. Eso ha marcado mucho nuestra forma de construir algo propio. Diríamos que esa referencia más cercana y personal es la que realmente está en la base de todo.
A nivel creativo, obviamente nos inspiran muchos proyectos de gente joven, marcas y creadores que vamos descubriendo por el camino y que seguimos.
Madrid está llena de planes, eventos y propuestas culturales. ¿Qué creéis que busca ahora una persona joven cuando decide salir de casa?
Indirectamente, creo que todos buscamos conectar con algo o alguien. Vivimos rodeados de experiencias y contenidos digitales y ansiamos ese espacio físico donde sentirnos cómodos y pasarlo bien. A veces creemos que no somos del todo conscientes del peso que lo digital tiene en nuestras relaciones y es en persona cuando más disfrutamos. Por eso vemos que la gente busca cada vez más conexiones reales, de esas que te llenan.
Después de catas de vino, flamenco, gastronomía y otras experiencias, vuestro próximo evento será el 28 de mayo. ¿Con qué vais a sorprender esta vez?
Aunque todavía no podemos revelar mucho, este evento irá dedicado a la ciudad donde ambas crecimos: Madrid. En colaboración con Ytardis, otra comunidad cultural con la que nos hemos asociado para esta ocasión, hemos preparado algo muy musical y especial. Será una experiencia que rendirá homenaje a La Movida, un momento que marcó un antes y un después en nuestro querido Madrid y cambió totalmente la identidad de la ciudad. Estamos preparando una experiencia con una energía muy especial… y con alguna que otra sorpresa.
¿Dónde os gustaría que estuviera Amargo dentro de un año?
Nos encantaría tener una comunidad muy consolidada, que cada vez más gente quiera formar parte de Amargo. Y también empezar a colaborar con marcas, creando experiencias para ellas. Es un paso bastante natural para nosotras y hacia donde nos gustaría evolucionar.
¿Qué tendría que pasar para que dijerais: “lo hemos conseguido”?
No creemos que sea tanto una cuestión de decir “lo hemos conseguido”. Para nosotras, el referente es más bien nuestro “yo” dentro de unos años: ver cómo ha evolucionado el proyecto y cómo hemos crecido con él. Más que llegar a un momento concreto, nos motiva seguir construyendo algo que vaya cambiando con nosotras y que siga teniendo sentido en el tiempo.
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