Geomofa
«Quiero explicar por qué soy un friki de los mapas y por qué esta frikada»
23 de abril 2026 · 1 comentario
«Quiero explicar por qué soy un friki de los mapas y por qué esta frikada»
“La idea inicial era un fanzine internetero, una movida cutre”, comenta Padu. “El libro nace desde el deseo y el placer”, añade Estivi. Son los términos que emplean Sebastián Paduano (Caracas, 1995) y Estivi Javier BM (Madrid, 1997), autor y editor respectivamente, para referirse a Geomofa, un libro que recoge la historia de Padu y su amor por el videojuego GeoGuessr. En él nos encontramos, entre otras muchas sorpresas, con parte de los innumerables apuntes que el autor confeccionaba para mejorar en este juego online e interactivo de geografía, en el que el jugador debe hacer gala de su conocimiento e intuición para adivinar los lugares más recónditos de todo el planeta. “Tenía un montón de fotos sobre el juego que había ido recolectando. Rotondas, bolardos… movidas frikis de Google Maps. Tenía un archivo de unas 300 fotos. Apuntes míos para estudiar. Quería que esas fotos viesen la luz. Estas fotos son la polla, ahí había algo”, indica.
Vayamos al inicio de esta historia. Es agosto de 2024, Padu da una charla sobre GeoGuessr en Benidorm durante el encuentro europeo de estudiantes de arquitectura, EASA. Al acabar, se le acerca fascinado uno de los 500 asistentes. Es Estivi, arquitecto paisajista de profesión y uno de los fundadores de la editorial independiente UOU, centrada en dar voz a autores emergentes. Ninguno de los dos lo sabe todavía, pero están a punto de embarcarse en una gigantesca aventura que, dos años después, sigue más viva que nunca. “Le dije a Padu que su enfoque de este nicho era bastante raro y que molaría documentarlo. Que era una forma de ver el mundo que no se ha contado”, recuerda Estivi. Y así, con la pureza de las cosas sencillas, empieza a germinar el proyecto de Geomofa, huérfano de nombre por entonces, para un autor y un editor que no imaginaban lo que se les vendría encima.
Convencidos ambos de la necesidad de dar el salto al mundo literario, el primer paso fue definir qué libro querían hacer. Partieron de dos premisas: no precipitarse en la elaboración y encontrar la manera más atractiva de trasladar al papel todo el universo que Paduano tiene montado en esa cabeza.
“Estivi lo hizo muy bien. Entendió que el libro tenía que ir más allá. No podía ser un stock de imágenes de Street View. Había una historia mucho más guapa detrás”, confiesa Padu. “Elegimos aprender por el camino, tardar lo que tuviésemos que tardar. Dejamos el proyecto en barbecho unos meses. Elegimos disfrutar. Para mí ha sido un lujo hacer este libro”, añade Estivi.
Un lujo, eso sí, al que no ha sido sencillo acceder. Hablamos de los apuntes de un tipo obsesivo y ultracompetitivo con GeoGuessr, juego al que Padu dedicaba unas 12 horas al día y en el que ha llegado a ser el jugador que mejor conoce Madrid de todo el mundo, además uno de los mejores usuarios de toda España. El propio Estivi así lo considera. “Era un atlas de 400 imágenes. Un atlas tiene que ser impredecible, no tener un orden. Pero a la vez era importante que el libro estructurase la historia de Padu. Estamos mirando al mundo, y para articular esa mirada es imprescindible que el lector sitúe desde dónde nos contamos las cosas”, manifiesta.
Y es ahí donde entra la historia personal de Paduano. Sus viajes, sus partidas por todo el mundo. Su canal de YouTube. Y todos esos apuntes que ha ido acumulando durante estos años a fuerza de viciadas al ordenador. “El libro tenía que ser un libro herramienta, un libro de consultas que fuese útil. Lo he hecho para que le sirva al profesional de GeoGuessr y también para que lo disfrute mi madre. Es un libro muy democrático. Quiero explicar por qué soy un friki de los mapas y por qué esta frikada”, comenta el autor.
En rigor, el libro funciona como enciclopedia del mundo con wifi. En su propia naturaleza lleva implícita tal ambición. Pero, ¿cómo hacer que una enciclopedia del mundo, una cosa tan compleja, no resulte aburrida? Estivi da con la tecla. “Una voluntad de la editorial es hacer libros que estimulen la lectura en tiempos de pantallas y bombardeo cognitivo. Este libro es fácil de leer, es un libro muy curioso. Siempre creo que el mejor proyecto es el que estás haciendo en ese momento, pero de verdad creo que este es el mejor libro que hemos hecho hasta ahora. Ha sido mazo jazz hacer este libro”, afirma.
Ese cariño del que habla el editor se puede apreciar a través de las páginas de Geomofa. Entremezclados con la narración vital del autor podemos encontrar desplegables con matrículas de los coches de Ghana, o con las paradas de autobús en Rusia según la ciudad, o con los bolardos de Tailandia. Sobre todo bolardos. Están por todas partes.
Aunque quizá el mayor reto de Geomofa no haya sido tanto la definición del propio libro como su proceso de elaboración y edición. “Hay una fase de enero a marzo en la que trabajamos non stop, cada martes. Estivi hacía maquetación y yo la estructura y la información”, comenta Padu. Poco a poco el libro va cogiendo forma y pronto tiene su primera edición. Es el momento de la siempre conflictiva tarea de pedir opiniones críticas. El elegido para tan ingrata misión es uno de los mejores amigos de Padu, Álvaro Rivas. Sí, el cantante del madrileño grupo Alcalá Norte. Su veredicto no fue el deseado. “Rivas me dice que esto es un mojón, que no lo publique. Quedé con él y reestructuramos todo, los bloques, el estilo, la narración… Estuvimos una noche entera haciendo cambios”, recuerda el autor.
El proceso de hacer, deshacer y rehacer se vuelve, para desesperación de nuestros protagonistas, en algo recurrente. “Tuvimos que cambiarlo todo de arriba abajo unas cinco veces. Estivi tenía razón en muchas cosas, Rivas en otras. Buscamos un punto medio”, reflexiona Padu, que prefiere verle la parte positiva a tanto cambio. “Todo aquello nos enriqueció”.
Estivi, más pragmático, no guarda tan buenos recuerdos de esa etapa. “Fue nuestro peor momento. No deja de ser un libro autoeditado. Somos un proyecto editorial humilde, es un libro montado en casa”, concluye. Por primera vez sienten el agobio de los plazos y las entregas a tiempo. La fecha en rojo en el calendario la marca la feria de Libros Mutantes, a finales de abril del año pasado. Empieza así una carrera a contrarreloj para llegar a tiempo al evento. Ni siquiera les da tiempo a celebrar cuando por fin dan con la versión definitiva del libro. La necesidad de imprimir a toda pastilla les consume todos los minutos. Quedan siete días para la feria cuando mandan a imprenta la primera edición de Geomofa. 250 copias.
“Fue la polla. Las páginas nos llegaron un lunes y la feria la teníamos un viernes. Me llegó un palé de nueve cajas distintas entre portadas, desplegables, páginas, postales… iba a casa de mi madre, buscaba las cajas, las metía en el coche... era como una mudanza”, recuerda Padu. "La única manera de hacer un libro lleno de detalles y papeles especiales, desplegables, etc. con un presupuesto mínimo era montar los libros nosotros en casa", asegura Estivi.
Por si fuera poco, cosas de las primeras veces, los libros no llegaron montados desde la imprenta, sino que recibieron un material ordenado según el número de página. Es decir, la página uno 250 veces, la página dos 250 veces. Así hasta llegar a las 200 páginas de las que consta el libro. Padu y Estivi se ven en el apuro de coser, página a página, 250 libros. “Fue un salto al vacío editorial”, recuerda Estivi. “Me pasé toda la semana doblando páginas”, bromea Padu.
Comité de crisis. Tienen ya el libro, tienen el nombre, tienen nueve palés hasta arriba de páginas por montar. Y un reloj que no para de correr. ¿A qué se recurre en estos casos? Pues a lo de siempre. A lo que nunca falla. A los amigos. Se suceden entonces una serie de jornadas delirantes en la propia casa de Padu, en la que no cabe un loco más, hasta arriba de cajas y torres de folios ordenados por su numeración. Aparecen en escena arrimando el hombro Carlo y Jhan Pool, compañeros de Estivi en la editorial UOU, y Waton, compañero de piso de Padu. Todos tienen claro el objetivo.
“Éramos cinco tíos en la casa montando libros. Todo fue muy artesanal. Yo le dije a mi compi de piso, tío me vas a matar, pero tenemos que tener la casa así una semana, y el tío nos ayudó muchísimo. El salón entero lleno de hojas… mi casa fue una imprenta durante una semana”, rememora Padu en referencia a los días más salvajes de Geomofa.
“Fue una puta locura todo. El libro, la edición, el montaje. Le dije a Padu que esto era hacer alpinismo. Cada día una jornada diferente. Lo afrontamos con mentalidad de travesía, con el objetivo de sobrevivir hoy y mañana será otro día”, reflexiona el editor. Visto desde fuera, parece que este libro solo ha salido adelante porque estos chavales, sus chavales, estaban involucradísimos con el proyecto. Convencidos de un fin mucho mayor que el propio objeto en sí. Eso y, no lo olvidemos, y ya me perdonarán ponernos cursis a estas alturas, que quieren muchísimo a Padu.
Estivi profundiza al respecto. “Para nosotros la edición no es el fin. Nosotros disfrutamos mucho haciendo esto. Por eso es un libro que no hubiese podido hacerse en la industria, no se pueden hacer libros así. En la industria se tienen que hacer libros como churros, no se hacen con cariño. Y Geomofa tiene mucho cariño y disfrute, es la única manera de hacer algo así. Es como se hace el arte. Entiendo este libro como una pieza artística. Te transforma, te hace disfrutar de cosas. Lo vinculo mucho al placer”, reflexiona.
Y sucede el milagro. El poder de la amistad y la defensa del valor artesanal les permite llegar justo a tiempo a Libros Mutantes. Ya en la feria, el libro va como un cohete. Acuden con cien copias y venden las cien. Impensable dos días antes. “Yo esto no lo había visto nunca”, se sorprende un Estivi más que acostumbrado a las ferias literarias.
Pero, ¿dónde radica el éxito de Geomofa?, ¿qué novedad presenta, qué tiene de magnético que engancha a todos los que nos hemos asomado a estas páginas? No hay una sola respuesta válida. Lo fácil sería acudir al estímulo constante y sorprendente. A su cambio de registro permanente y a su capacidad para mantener el hilo con narrativas aparentemente muy distintas, pero relacionadas entre sí. Padu bromea y dice que es un libro Tik Tok. Estivi le corrige. “En las redes, terminas de hacer scroll y nada tiene sentido. Aquí hay una manera cuidadosa en la que se va cosiendo ese pasar de página, esa columna vertebral”, reivindica. “Es un libro que está contemplado para que pueda ser leído a saltos de rana, volviendo atrás, yendo más adelante… Soporta muchas velocidades y muchos modos de lectura. Cada persona nos relacionamos de manera muy diferente con los libros por la mañana, por la noche, un viernes, un martes…”, reflexiona.
Tiene toda la razón del mundo. Me cuesta enumerar una sola acción que sea capaz de hacer durante 15 minutos sin echar una ojeada rápida al móvil. Y Geomofa, rebelándose contra su tiempo, consigue que hasta los cerebros más abrasados sean capaces de mantener media hora, o una entera directamente, devorándolo sin inmutarse. Abro una página al azar. Me encuentro la historia del barrio de Prosperidad, en Madrid. Abro una segunda al tuntún. Los bolardos de Japón. Impredecible contenido e impredecible cada elemento que configura el libro. La tipografía, el gramaje de las páginas, la narrativa. Los juegos que invitan a interactuar al lector. Todo en Geomofa es tan diverso como lo es el mundo que representa.
Porque, no lo olvidemos, este juego va del mundo entero. Así con toda la ambición que ello conlleva. Estivi lo tiene claro. “A través del paisaje aprendes muchísimo. GeoGuessr es un juego que expande, que abre fronteras. No es un universo cerrado. El juego está creciendo siempre y eso es lo bonito. Y además es real”, comenta.
“El libro tiene mucho de conversación. Hice un ejercicio para mí y para Padu. Ponerle al libro una hora del día, un olor, una habitación de la casa, una comida. Y ahí vimos muchas analogías que nos permitieron darle forma al libro”, recuerda Estivi. “Tengo apuntadas palabras como atlas, brújula, viaje, descubrir, juego, mapa, mofa. Y eso ayudó bastante”, continúa.
Durante la conversación que mantenemos una palabra se repite de manera recurrente. Mofa. Así, despojada del prefijo Geo que da título al libro. No me resisto y les pregunto por ella. “Es una palabra que trajo a nuestras vidas Padu”, se justifica Estivi. El propio autor comenta que su nombre de usuario en GeoGuessr es el que da nombre al libro. Pero hay mucha intrahistoria detrás de todo esto. Oír hablar a Padu es todo un espectáculo. Tiene una facundia muy particular, muy madrileña. Talento innato al que uno se entrega enseguida. Es algo hipnótico. Geomofa funciona como puente entre dos mundos, sus dos mundos, de la universalidad a los localismos de ese Madrid que conoce mejor que nadie. Esa simbiosis, ese pie en lo global y el otro en el barrio, todo eso refleja a la perfección quién es el Padu, qué es GeoGuessr y qué nos encontramos en este libro. Aunque el motivo de tan original título lo da entre risas el mismo autor. “Me flipa escuchar a mi madre decir la palabra mofa”, comenta. Y la va a seguir escuchando por mucho tiempo, ya lo creo que sí.
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