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Alemania 2006: el mejor Mundial de la historia

España se siente favorita. Entre los menos comedidos, el diario Marca, y una portada que es historia del periodismo deportivo español.

12 de mayo 2026 · 2 comentarios


En el siempre discrepante mundo del fútbol, tan poco dado a alcanzar consensos, hay una verdad incólume que ningún futbolero se atreve siquiera a discutir. Se acepta como mantra absoluto, no por dogma caído del cielo, sino porque la propia experiencia individual así lo corrobora. El mejor Mundial de la historia es siempre el que te pilla de preadolescente. Hay una ventana vital, abandonada ya la candidez de la infancia pero lejos del ardor de las primeras pulsiones sexuales y mucho más lejos aún del cinismo de la etapa adulta, en la que el futbolero abandona su condición de niño para transmutar en esponja. Vivita la pasión como nunca lo volverá a estar, y merced a ese estado esponjoso de absorción, todos los detalles que encierra un partido son almacenados en el hipotálamo del joven espectador. Si tal jugador llevaba manga corta o manga larga, la camiseta por dentro o por fuera, las medias altas o bajas. El tiro de cámara de aquel estadio, todos los dorsales, todas las alineaciones. Las celebraciones de los goles o si el entrenador iba en chándal o en traje. Una coña absurda del narrador del partido. Son cuatro o cinco años en los que, en tanto que esponja, uno absorbe todo lo que ve en la tele y eso, sabrá Dios por qué, ya no le abandonará en la vida. En mi caso, ese gran Mundial de preadolescencia, el mejor Mundial de la historia, fue Alemania 2006.


Sucede que, aun tratando de huir de la trampa de la nostalgia y del chantaje de los recuerdos, mantengo que Alemania 2006 es el mejor Mundial de lo que llevamos de siglo. Por los partidos, por las narrativas, por las historias. Sobre todo por los jugadores. Estamos

ante una constelación de estrellas difícil de igualar en otra Copa del Mundo. En 2006 chocan, como placas tectónicas, dos generaciones perfectamente definidas, plagadas de cracks, una representante del viejo orden y la otra del nuevo fútbol que está por llegar. Por un lado tenemos la guardia tardonoventera - principiodosmilera, abanderada por Zidane y Ronaldo, con integrantes del renombre de Ronaldinho, Totti, Del Piero, Beckham, Henry, Raúl, Figo, Roberto Carlos, Shevchenko, Nedved o Van Nistelrooy. Plantándole cara, la nueva generación con dos claros emblemas, Cristiano y Messi, debutantes ambos en la cita internacional. A ellos se suman Ibrahimovic, Ribéry, Iniesta, Torres, Robben o Schweinsteiger, que todavía no se calentaba como la madre que lo parió. En Alemania tienen cabida todos ellos, y quizá nadie representó tan bien ese choque generacional como adidas con su célebre anuncio Jose+10.

En España contamos con una novedad audiovisual. Nacen ese mismo año dos nuevas cadenas de televisión, Cuatro y LaSexta, y ambas serán las encargadas de retransmitir el torneo. Cuatro, la televisión en abierto del grupo PRISA, lo hará con un estilo muy reconocible, heredero de Canal+, con Carlos Martínez en la narración y Maldini y un inesperado Diego Armando Maradona en los comentarios. LaSexta, menos ambiciosa pero sin duda mucho más innovadora, apostará por un tándem de narradores para retransmitir al alimón los partidos. Los encargados serán Antonio Esteva, hasta entonces en Real Madrid Televisión, y un viejo conocido de los amantes de la NBA, Andrés Montes, pésimo narrador de fútbol pero con salidas muy ingeniosas. Cómo olvidar ese Salinas, ¿tú qué harías si tu hija se presenta en casa con un tío que se llama Mertesacker? o quizá la ocurrencia no tan apreciada en su día, en mitad de un partido de Brasil en el que no pasaba nada. Ahí está Juan, Juan para Lucio, Lucio para Juan. ¡Crónicas de un pueblo! No serán los únicos momentos inolvidables de la cadena verde. Julen Lopetegui, en su primera intervención en antena, se marea en directo y se desploma. Patxi Alonso, el presentador del programa, acude en su rescate, pero antes de interesarse por su colaborador, nos previene, sin dejar de mirar a cámara. Esto es así, LaSexta en directo, ¿no queríais sorpresas? ¡Nos vamos a publicidad! Desmayos al margen, a LaSexta debo uno de los mejores recuerdos de aquel Mundial. Ocurría cada tarde, después de llegar del colegio, seguramente con la merienda. La nueva cadena tenía por costumbre emitir, cada tarde, y desde el primer día, todos los goles que hasta la fecha se habían marcado en el torneo, sonando de fondo Hips don't Lie de Shakira y Wyclef Jean, que, sin ánimo de polemizar, considero una canción muy superior al Waka Waka de cuatro años después. Esas tardes eran la felicidad absoluta. Hips don’t lie en bucle con todos los goles del torneo uno tras otro y bocata de Nocilla. Por si alguna vez me lo pregunta Javier Aznar en el cuestionario Proust.

En lo futbolístico, Luis Aragonés se enfrentará a su primer torneo como seleccionador. Ha llegado al cargo tras la debacle de Iñaki Sáez en la Eurocopa de dos años antes, aunque el presidente de la Federación, el sempiterno Ángel María Villar, prefería a Benito Floro. Con Aragonés tenemos dudas. España entera tiene dudas, especialmente la prensa. La fase de clasificación ha sido muy mediocre, y hemos requerido de la repesca contra un rival menor, Eslovaquia, para llegar a Alemania. Pasado el escollo de la clasificación, el nuevo seleccionador diseña una Selección con veteranos como Raúl, Cañizares, Salgado o Albelda, y talentos jóvenes que, aún no lo saben, serán clave en la consecución de la primera estrella cuatro años después. Hablamos de Iniesta, Sergio Ramos, Fernando Torres, Villa y un jovencísimo Cesc Fábregas, debutantes todos ellos en la Copa del Mundo. La España de 2006 contará también con dos titulares nacionalizados, Marcos Senna y Mariano Pernía. A este último, sus golazos en el Getafe le llevan no solo a sustituir la baja de última hora de Asier Del Horno, sino incluso a ser de la partida inicial. La convocatoria de Aragonés es la siguiente:


Porteros: Casillas, Cañizares, Reina

Defensas: Míchel Salgado, Pernía, Marchena, Puyol, Antonio López, Sergio Ramos, Juanito, Pablo Ibáñez

Centrocampistas: Albelda, Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, Joaquín, Cesc Fábregas, Marcos Senna.

Delanteros: Raúl, Fernando Torres, Reyes, Luis García, Villa

España recala en el asequible grupo H, es decir, el último de los ocho, con lo que es la última selección en debutar. Lo hacemos contra Ucrania en Leipzig. Luis Aragonés sale con un 4-3-3 con Casillas en la portería, Ramos y Pernía en los laterales, Pablo y Puyol en el centro de la zaga, por delante de ellos Xabi Alonso, Marcos Senna y Xavi Hernández, arriba un tridente líquido y lleno de movilidad con Luis García, Fernando Torres y David Villa. Raúl no es titular y entrará en la segunda parte. Tema este, el de la suplencia de Raúl, que dará que hablar más adelante. Pero hoy no, hoy España borda un fútbol de ataque, profundidad y posesión, y firma uno de los mejores debuts mundialistas de la historia de nuestro combinado nacional. Xabi Alonso de cabeza y Villa de falta directa ponen el 2-0 con el que nos vamos al descanso. A la vuelta, Villa de nuevo, de penalti esta vez, y Fernando Torres en gran jugada colectiva ponen el definitivo 4-0 en el marcador. Este último tanto, el de El Niño, abre todos los telediarios y copa las portadas de la prensa del día siguiente. El robo, ruleta (tosca y trastabillada, pero ruleta al fin y al cabo) y asistencia de Puyol y la definición de primeras del madrileño convierten un gol anecdótico en el marcador en bandera del nuevo fútbol que propone esta renovada Selección. El de Torres a Ucrania sigue siendo, para muchos, el gol favorito de toda una generación.

La segunda jornada nos hace vernos las caras contra Túnez, ya digo que el grupo era muy asumible. Aragonés repite once. Contra todo pronóstico, los tunecinos se adelantan en el minuto 10 con un gol de esos que el revisionismo histórico actual con Casillas bien podría señalar, porque el de Móstoles no está nada fino con el despeje. 1-0 al entretiempo y no queda ninguna de las buenas sensaciones del día de Ucrania. El equipo reclama cambios y Luis reacciona a tiempo. Entran Fábregas y Raúl, y entre ellos fabrican el empate. El disparo desde la frontal de Cesc es repelido por el portero africano, y ya nos podemos hacer una idea de qué delantero con olfato goleador aparece en el área pequeña para rebañar ese balón y mandarlo a la jaula. Ahora sí, hay debate. Raúl tiene que ser titular, insisten numerosos periodistas. Y el que también está para el once es el centrocampista del Arsenal, que sólo tiene 19 años y es el mejor del partido. De sus botas también nace el 2-1, balón en profundidad para que Fernando Torres haga lo que más le ha gustado toda la vida, galopar a la espalda del central y definir esquivando al portero. El propio Torres marca en el 90 y de penalti el definitivo 3-1. Se ha sufrido, pero España está en octavos como primera de grupo. En el tercer partido, intrascendente encuentro con Arabia Saudí, Aragonés da la titularidad a todos los suplentes, Raúl y Fábregas incluidos. 1-0 gana España con gol de Juanito, el central del Betis.


En octavos espera una grande venida a menos. Francia ha sudado para clasificarse como segunda en el grupo G. Los de Raymond Domenech no han sido capaces de vencer a Suiza ni a Corea del Sur, y solo están en octavos gracias a su victoria contra Togo en la última jornada. Aun así, tienen jugadores de suficiente renombre como para preocuparnos, aunque solo sea por decoro. Henry, Vieira, Makelele, Thuram o Trezeguet son algunos ejemplos. El joven Ribéry está destacando y es de lo más potable del equipo. Y tampoco podemos olvidarnos de Zidane, que aunque se retirará después del torneo y muchos ya le dan por exfutbolista, todavía tiene cosas que decir. Ninguno de ellos nos asusta. España se siente favorita. Los más prudentes, pocos, ya se sabe, advierten de que nada importa lo hecho hasta ahora, que a partir de octavos es otra historia. Entre los menos comedidos, el diario Marca, y una portada que es historia del periodismo deportivo español.

El partido se juega un martes de finales de junio a las 21:00 horas en Stuttgart. De este lado de los Pirineos estamos convencidos de que, esta vez sí, vamos a vencer a nuestros vecinos del norte, con los que guardamos un cierto complejo de inferioridad en lo tocante a nuestros respectivos combinados nacionales. Francia estrena una equipación blanca preciosa, con una especie de degradado mitad azul mitad rojo en el pecho. Icónica, se dirá con el paso de los años. La principal novedad por el bando español la encontramos en el once inicial, en el que aparecen, por fin, Raúl y Cesc, sustituyendo a Luis García y Marcos Senna. A la media hora Thuram comete una imprudencia y le hace un penalti tan absurdo como claro a Pablo, aquel central del Atlético de Madrid que siempre jugaba con la lengua fuera y cierta cara de bobo. Villa lo transforma, tercer gol para el asturiano en la competición. La alegría nos dura poco. Al filo del descanso Ribéry le tira una pared a Vieira y se queda delante de Casillas, en una jugada que cuatro años después se repetirá, no en octavos, sino en la final y con Robben de protagonista. Pero hoy, en Stuttgart, Ribéry define mejor de lo que lo hará su futuro compañero en Johannesburgo. El extremo del Olympique de Marsella se marcha con facilidad de Iker y empata el partido justo antes del entretiempo. España reclama falta a Xabi Alonso en el inicio de la jugada. Pero es una época sin VAR y el 1-1 no lo mueve nadie. Jarro de agua fría para una Selección que estaba siendo mejor que su rival.

Foto de @tomikoshi_photography

El segundo tiempo tiene nombre propio. Zinedine Zidane. El mismo al que el Marca quería jubilar. Zizou gobierna el partido, lo hace suyo, se lo mete en el bolsillo. Se rebela ante la idea de estar ante los últimos 45 minutos de su carrera. Luis Aragonés se ve obligado a hacer cambios porque lo que ve no le gusta nada. Entran Joaquín y Luis García por Villa y Raúl. No solucionan gran cosa. España lo intenta pero Francia es una roca en defensa. Es una roca y tienen un genio, y eso en el fútbol es oro. En el 80 Henry se inventa una falta en un cuerpeo contra Puyol. El árbitro Rosetti cae en la trampa y señala la infracción, y además amonesta con amarilla al catalán. Mal negocio. La falta es lejana, pero el poderío físico francés intimida. La va a colgar Zidane, dueño y señor a estas alturas de su equipo, del balón parado, del partido y si apuramos hasta de la competición. La pone con música. Alonso, que ya había salido en la foto del primer gol galo, la peina para atrás, donde aparece libre de marca en el área pequeña Patrick Vieira. Fernando Torres ha dimitido de la jugada, que quizá no sea la opción más inteligente cuando te toca marcar a un tío de 1.92 de estatura y estás en el minuto 83 de los octavos de final de un Mundial. El del Arsenal cabecea, Sergio Ramos quiere taponar el remate y, en su ímpetu, despeja lo justo para que Casillas, que podría haber salvado el cabezazo inicial, ahora no tenga ninguna oportunidad. La jugada sintetiza a la perfección el papel de España en los torneos internacionales, esa mezcla de errores arbitrales, malas decisiones e infortunio que hace que la moneda siempre salga cruz.


La roca y el genio nos van a mandar a casa. Quedan cinco minutos y solo podemos agarrarnos a un milagro. No sucede. Metemos un par de balones a la olla pero los franceses repelen todo. Hasta Zidane se pone el mono de trabajo y achica aguas. Le debe parecer algo injusto, como si no quisiese que de este partido se le fuese a recordar por tan mundano cometido, por si algún despistado ha puesto la tele en el 90 y dice mira este calvito que lleva el 10 qué comprometido en defensa, parece Gonzalo Colsa. Asustado ante la mera hipótesis de que eso suceda, saca fuerzas de donde no le quedan para regalarnos un nuevo truco de magia. Roba un balón en el centro del campo, con España entera volcada al ataque, y en dos pases se queda solo ante Casillas. Se lo debe al control orientado con el muslo, una de esas acciones que solo puede hacer Zidane. Puyol corrige la posición y le da tiempo a llegar, Zizou le ve venir y se lo quita de encima sin esfuerzo. Le hace un traje a uno de los mejores centrales del siglo, como si fuese un trapo. Y define al palo corto. Es un cisne, es una bailarina. Es un golazo. Y es nuestra puntilla. Estamos eliminados. Duele, porque estábamos convencidos de que, este año sí, podíamos ganar. En las tertulias de las radios hay decepción, pero se entrelaza con una somanta de palos a Luis Aragonés, del que muchos pedirán su salida inmediata, y una rendición resignada al señor que unas horas antes queríamos jubilar y al que, a estas alturas de la noche, solo nos queda aplaudir. Los preadolescentes, para los que acaba de terminar el mejor Mundial de la historia, nos vamos a la cama hundidos. Será la última vez que llore por fútbol.

Ya sin España, el Mundial nos deja dos partidos históricos de esos que pasan al instante a la enciclopedia. El primero lo protagonizan nuestros verdugos, precisamente en esa ronda que dábamos por seguro alcanzar. La Brasil favoritísima de Ronaldo, Adriano, Kaká y Ronaldinho contra la Francia de Zidane. Suena a exageración, pero probablemente contemplamos la mayor exhibición del marsellés en un terreno de juego. Que ya es decir. Suya es la asistencia del gol de Henry que elimina a la constelación carioca y clasifica a les bleus para semis.


El otro homenaje al fútbol lo encontramos en las semifinales de Dortmund. Italia y Alemania protagonizan una prórroga en la que los chicos de mi generación perdemos todos la virginidad de golpe. Fútbol salvaje, fútbol para adultos. Pirlo se inventa un pase donde no lo hay en el último minuto y Fabio Grosso, héroe inesperado, la clava en el ángulo. Cannavaro gana ese día el Balón de Oro con una actuación defensiva memorable y Del Piero, rapado para la ocasión, recuerda al mundo lo buenísimo que ha sido siempre. Los italianos jugarán la final contra Francia. La famosa del cabezazo de Zidane a Materazzi. Quiso el destino que ambos marcaran los únicos goles del encuentro. Quiso también juntarlos justo antes del descanso de la prórroga, que uno le mentase a la hermana al otro, que el otro, en un cruce de cables como pocas veces hemos visto, le propinase un cabezazo en el esternón al provocador, que una cosa es jugarse un Mundial y otra el orgullo familiar, y que todo ello lo viese no el árbitro del partido, sino el cuarto colegiado, para más inri el español Medina Cantalejo, y no en directo sino por los videomarcadores del estadio, sin que le quedase más remedio que expulsar a Zizou por tremenda ida de olla planetaria. Zidane volviendo a marcar en una final de Mundial, esta vez a lo Panenka, Zidane expulsado, Zidane sin Copa, que se va para Italia en los penaltis. Los genios son así. Los genios hacen estas cosas. El genio cerró el estadio para siempre.

Foto de @tomikoshi_photography

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