Ideas

Han, Byung-Chul. Sobre Dios: Pensar con Simone Weil. Barcelona: Paidós, 2025

Sería un error que el lector interprete en la retirada del yo una resignación frente a la fuerza.

Por Carmen S

23 de marzo 2026


Muchos de los libros que leemos hoy como obras de Simone Weil son configuraciones póstumas. Títulos como La gravedad y la gracia o A la espera de Dios fueron compilados editorialmente a partir de cuadernos, ensayos y cartas tras su muerte. Esto no implica manipulación ni pone en cuestión su autenticidad, significa que, en sentido estricto, la leemos de manera mediada, a través de un trabajo de composición que organiza materiales fragmentarios.


Weil es indiscutiblemente una de las figuras intelectuales más singulares del siglo XX, entre los pensadores y escritores influenciados por su pensamiento se encuentran nombres como Camus, Agamben o Zambrano; por eso no es de extrañar que su obra siga editándose y circulando con intensidad en el mercado literario. En los últimos años esta mediación por la cual leemos la obra de Weil ha adquirido un tono más temático. En el mercado español podemos encontrar publicados volúmenes como La amistad por parte de Hermida Editores en 2020, que señalan esta tendencia a aislar los conceptos weilianos, condensarlos en núcleos autónomos y hacerlos identificables para el mercado.


Dentro de esta tendencia, la editorial Paidós ha traducido un pequeño volumen sobre Simone Weil del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han. El pensador fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias en 2025, reconocimiento que lo ha consolidado como autoridad cultural en el circuito español y que condiciona la recepción de su obra.


Han se ha convertido en uno de los filósofos contemporáneos más leídos. Esta popularidad es debida, en gran parte, a que sus libros son cortos, deliberadamente accesibles para el público general, y a que su temática aborda algunas de las crisis actuales más debatidas, como son la sociedad del rendimiento, la hiperconectividad y el neoliberalismo. Él mismo ha argumentado en entrevistas que la filosofía debe ser una herramienta para el entendimiento del mundo actual y sus retos y, por tanto, una disciplina accesible. Aplicando este método a Simone Weil, surge inevitablemente la cuestión sobre cómo se puede presentar de manera sintética un pensamiento tan fragmentario y radical.


El título original alemán, Sprechen über Gott: Ein Dialog mit Simone Weil, se podría traducir al castellano como “Hablando de dios: un diálogo con Simone Weil”. La edición española de Paidós ha optado por traducirlo como Sobre Dios. Pensar con Simone Weil. El matiz no es menor, el desplazamiento del diálogo hacia el pensar lo sitúa en un campo sin fricción, el pensar con sugiere afinidad. Una afinidad confirmada por el propio Han, que reconoce que siente hacia la pensadora “una gran simpatía”.


La contraportada anuncia “un ensayo breve, profundo y luminoso sobre cómo vivir hoy con sentido”, mientras que la portada –un bosque neblinoso, sin presencia humana– inscribe el libro en un marco de recogimiento contemplativo. Todas estas decisiones editoriales orientan la expectativa del lector, y como con otras tantas actualizaciones de textos de pensadores –por ejemplo, las múltiples ediciones nuevas de las Meditaciones de Marco Aurelio– surge la sospecha de si se está acaso reduciendo el pensamiento weiliano a un manual de autoayuda.


Posicionamiento editorial aparte, la cuestión central es qué es lo que está haciendo Han con Weil: una hermenéutica de su pensamiento para confrontar desde ahí las patologías del presente o si, por el contrario, participa de esta tematización editorial contemporánea, condensando las ideas weilianas para reubicarlas dentro de los temas que interesan a Han.


Han ordena en su libro las ideas que expone Weil en, principalmente, dos volúmenes: La gravedad y la gracia y A la espera de Dios. La prosa de Han destaca cuando es capaz de articular de manera ordenada y eficaz el pensamiento weiliano, tanto es así que el volumen adquiere la forma de un repertorio de conceptos clave: atención, descreación, vacío, silencio, belleza, dolor e inactividad.


Conviene reiterar que La gravedad y la gracia no es un texto concebido como tal, sino una recopilación póstuma a partir de los cuadernos que escribió Weil en Marsella durante su huida de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Este momento coincide con su conversión al cristianismo, suponiendo un desplazamiento de su pensamiento filosófico hacia una escritura espiritual que piensa lo sagrado. Han recupera estas ideas, las hace accesibles y, de algún modo, mediante esta sistematización, también las seculariza.


Para Han, en un presente marcado por la aceleración, la saturación informativa, la hegemonía del yo y la hipertransparencia, el pensamiento religioso de Weil aparece como una vía vigente y transhistórica para analizar estas mismas patologías. Ambos coinciden en que la crisis de la religión no es principalmente teológica sino algo contenido en el sujeto, que no es capaz de recibir a Dios. El ruido de la imaginación colmadora –que tiende a llenar todos los vacíos– y de la mirada hambrienta nos aleja de la gracia. Su contrapunto es la atención, attention en francés, relacionada etimológicamente con attendre, esperar, es decir, una espera inoperante. Este esfuerzo negativo se opone a la acción y a la voluntad y es, en palabras de Simone Weil, lo mismo que la oración. Pero no hemos de entender la atención como una pasividad embotada, pues solo de esta atención, está convencida Weil, pueden emerger la caridad y la genialidad creadora. De ahí su afirmación radical de que quince minutos de atención pesan más que las buenas acciones. Esta frase tensiona su etapa anterior –la de Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social– donde hacía un llamado a traducir el pensamiento en acción. Este desplazamiento ontológico sustituye la acción por la atención en su papel de romper el ciclo de deseo y satisfacción.


La atención es, en última instancia, el instrumento de la descreación. No constituye un fin en sí misma, sino el ejercicio mediante el cual el yo se retira. En su vertiente más platónica, Weil propone un retirarse del yo como purificación de la mirada, un sustraerse para que lo real se manifieste sin ser deformado por la imaginación. El Dios ausente solo puede revelarse en el alma que corresponda con un gesto análogo a su retirada. O lo que es lo mismo, a la kénosis1 divina debe corresponder una retirada del ser humano, resistiéndose a colmar los vacíos y aceptando el hambre, tanto física como espiritual.


A través de esta atención como suspensión del pensamiento y de la imaginación, Weil introduce una paradoja decisiva, la del deseo sin objeto: el Dios que se encarna y sacrifica se retira de nuevo. La Encarnación culmina en esta retirada, en la falta. Si en el pensamiento freudiano la falta es pulsión y deseo insatisfecho, Weil la purifica mediante el vacío, el marco en que esta falta no es colmada. Cualquier representación previa del objeto ausente sería idolatría, por tanto, la atención es una suspensión negativa de la acción y del pensamiento.


La descreación sobre la que escribe Weil tiene que ver más con la obediencia a lo real y con la necesidad que rige la carne que con los temas que le interesan a Han. En el centro de la metafísica weiliana –influenciada por el pensamiento griego– está la necesidad como mandato divino. Es por esto que la cruz es trágica, porque es una manifestación del dolor y la muerte como obediencia a la necesidad, es reparar el orden del mundo mediante el castigo. La Encarnación culmina, en definitiva, en la crucifixión.


Todas estas nociones son solo una parte del pensamiento weiliano, y conviene subrayarlo para no reducirlo a los ejes descreación, atención y vacío. Existe el riesgo de desarraigar su pensamiento y convertir su metafísica trágica en una mística intercambiable y aplicable de manera acrítica. Al leer a Weil es imprescindible recordar que escribe desde los umbrales de la Segunda Guerra Mundial; cuando piensa en la gravedad piensa en imperialismo, en dominación, en potencias específicas que aplastan y someten. Su categoría de fuerza, como tantas otras en su obra, es una categoría situada. Deshistorizarla implica banalizar y despolitizar la radicalidad de un pensamiento profundamente encarnado.


En este límite entre la afinidad conceptual y respeto intelectual hacia Simone Weil y la operación hermenéutica que pretende ordenar y hacer accesible el pensamiento fragmentario y difícil de sistematizar de La gravedad y la gracia y A la espera de Dios se encuentra Sobre Dios: pensar con Simone Weil. La prosa de Han destaca precisamente cuando consigue traducir la cosmovisión weiliana a un repertorio conceptual claro para una gran audiencia. En este sentido Han comparte la sobriedad de su admirada Weil, si a ella le permitió pensar a Dios y el cristianismo, al filósofo coreano-alemán le permite diluir esas ideas e inscribirlas dentro del debate cultural contemporáneo.


Hay una reiteración casi obsesiva en el volumen de Han sobre los conceptos de atención y vacío –conceptos que también han ganado presencia en los debates culturales contemporáneos–, de los que hace uso para hablar de las patologías de la vida contemporánea. Weil es, en efecto, brillante dibujando una metafísica que hila conceptos como política, trabajo, obediencia, castigo, alma, eternidad y lo divino, pero más escueta en lo propositivo. Es en esta rendija donde Han aprovecha para desplazar sus tesis hacia los temas habituales del pensador.


Han orienta la atención hacia un problema contemporáneo muy concreto: la distracción digital y la economía de la atención. Es discutible que la preocupación de Weil pueda inscribirse hoy en marcos tan utilitaristas, ya que su crítica a la tecnología no se dirige a los dispositivos en sí mismos, sino a las estructuras que organizan la realidad y que el sujeto no llega a comprender plenamente. Estas estructuras se manifiestan como formas de dominación que pueden adoptar distintos soportes históricos, desde el capitalismo industrial hasta el tecnofeudalismo y las lógicas algorítmicas contemporáneas.


Weil menciona lo que para ella son los tres grandes monstruos de la civilización moderna: el dinero, la maquinización y el álgebra. Han actualiza esta tríada y la sustituye por capital, digitalización e inteligencia artificial. Lo problemático de la relectura de Han es la falta de distancia que toma sobre los textos que analiza en Sobre Dios. El núcleo de esta crítica weiliana no se encuentra en ejemplos históricos concretos, sino en lo que ella denomina el infierno de lo idéntico: la lógica de las fuerzas igualatorias, del intercambio simétrico y del ojo por ojo. En este sentido, la crítica al determinismo histórico ya está presente en su lectura del marxismo, donde plantea una dominancia transhistórica de la fuerza como principio aplicable a distintos regímenes; la lógica que denuncia Weil no depende del soporte técnico sino de la reducción del ser humano a unidad funcional y cuantificable. La oligarquía digital contemporánea podría leerse dentro del marco conceptual weiliano sin necesidad de reformular su filosofía.


En su afán de traducción conceptual, Han deja fuera –de manera deliberada o no– ciertos aspectos fundamentales del pensamiento weiliano, como por ejemplo la importancia de los sacramentos como manifestaciones del Dios ausente. Resulta paradigmático que en este proceso de selección temática omita uno de los puntos de mayor fricción en el pensamiento de Simone Weil: la paradoja de un Dios que permanece ausente en la horizontalidad del mundo humano, pero que al mismo tiempo puede manifestarse de manera indirecta a través de los ritos sacramentales. Que obvie los sacramentos también refuerza la sospecha de que, aunque Han mantenga la preocupación por un ser humano que no está preparado para recibir a Dios y por la crisis de la religión en la contemporaneidad, su lectura pretende secularizar y utilizar el pensamiento de Weil como soporte para su propio monólogo filosófico.


Han, –quien, por cierto, también se declara católico– convierte la atención del mirar sin comer en, simplemente, reducir el tiempo de uso de nuestro smartphone. La descreación se vuelve un alegato contra la cultura del selfie. Por otro lado, no vivimos en unos tiempos en que nos podamos permitir el renunciar a las pequeñas victorias: si alguien accede al universo de Weil a través de Han, bienvenido sea. En el mundo de la fuerza, de la simetría y de la potencia es importante leer a Simone Weil. Pero leer también a la Weil que imaginó a la sociedad del futuro como una sociedad de trabajadores y a la que se unió a la columna Durruti en la Guerra Civil Española. Sería un error que el lector interprete en la retirada del yo una resignación frente a la fuerza.



1 Vaciamiento en griego. Acto por el cual Jesucristo renuncia a su condición divina al encarnarse y asumir la muerte. Un gesto radical de amor por nosotros y de violencia hacia sí mismo.


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