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Huyan de la tristeza
Prueben, coman y disfruten; hablamos de la vida.
28 de noviembre 2025
Comemos por muchas y diversas razones: apetito, supervivencia, placer, celebración, aburrimiento, ansiedad, felicidad, obligación… Las razones son infinitas y cada cual tiene las suyas dependiendo de la ocasión, la compañía y el lugar. Reconozco que por mucho que lo diga, digamos, jamás he comido por hambre, porque a lo máximo que he llegado es a tener apetito, que son cosas iguales pero muy distintas.
Se debe comer de todo, variado y en la proporción justa; pero esto es una utopía similar a la de lograr la paz en el mundo o la de erradicar la pobreza. Cuántas veces pasamos el día con un mero tentempié, para días más tarde darnos un homenaje sin igual alrededor de una mesa. De eso se trata la vida, de vivir en dualidad sin perder la esencia, de tal modo que todas estas contradicciones nos construyen como persona. Huyan de aquellos que no dudan y tienen cristalinas sus posiciones, por eso nunca han de fiarse de los abstemios ni de los veganos.
La curiosidad es lo que hace que sigamos vivos, el descubrir y conmoverse con nuevos estímulos. Esa gente que cumple cierta edad -que pueden ser lo veinte años o los sesenta y cinco, no estamos hablando de la vejez- y se aferra a sus conocimientos y credos rechazando todo lo nuevo, no son más que muertos en vida que pululan arrastrando su vacío y, lo peor e imperdonable, siendo pesados y aburridos. También es de orden reconocer que yo también, en ocasiones, he sido miembro de esta cofradía de tristeza; y en pocos temas tanto como en el gastronómico. He alzado el dedo frente a restaurantes nuevos y tradicionales por el mero hecho de un prejuicio adquirido o de una idea equivocada, teniendo al menos la razón y dando el brazo a torcer tras abonar la cuenta y reconocer mi error. Pero siempre que uno se sienta a que le den de comer, tiene que hacerlo con la mente abierta y la actitud afable, estando dispuesto a apreciar y disfrutar el menor de los bocados o tragos que nos conduzca a la felicidad.
Ahora que las nuevas estrellas Michelin están recién sacadas del horno, se alzan voces de conocedores y torticeros criticando a los nuevos restaurantes que han entrado a formar parte de tan selecto club. Muchos de estos ataques parten de la ignorancia, la envidia y la palurdez. No sean como esta gente militante de la tristeza. Prueben, coman y disfruten; hablamos de la vida.
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