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Un supermercado no es lugar para comer
Falta de tiempo, de educación, la vagancia, el parné: son varias las razones que provocan esto
20 de febrero 2026
Comer fuera de casa es un placer, siempre y cuando no sea de manera obligada, con una compañía de mierda o porque no nos quede otra opción por los horarios e imposiciones laborales. Uno, que es de los que disfruta en la calle y en los bares, aunque trato de hacerlo en cualquier ocasión, ve con estupor y rareza el fenómeno de comer en los supermercados. No dejo de preguntarme por qué razón alguien va a decidir comer sentado en una mesa alta junto a un microondas, con cubiertos desechables y una atmósfera de centro comercial de Hacendado, nunca mejor dicho.
Dicen que en Madrid, Barcelona y demás grandes ciudades es tendencia, aunque otros lo achacan a la necesidad. Leí en X que muchos trabajadores acuden ahí a comer, currelas con mono y también con corbata, como si comer en precario fuese lo que está uniendo y estrechando los lazos de este país. Ni se cocina ni se come en restaurantes: cogemos un plato hecho o precocinado, un toque de micro, y solucionamos una comida como quien cierra una puerta. Es triste y es una muestra de la poca importancia que una inmensa mayoría da a la gastronomía, fuera de un círculo reducido en el que, además, son cuatro y siempre los mismos, con facilidad para el bukake elogiatorio. Recuerden cuando el añorado Santi Santamaría levantó la voz y vino a decir que lo de comer no es sólo lo que ocurre en las grandes salas, que la base es importante y que estábamos desviando el tiro y desdeñándola: fueron a por él porque miraron al dedo y no a lo que señalaba.
Me planteé vivir la experiencia, por aquello de escribir con conocimiento de causa, pero a la hora de la verdad no me vi con fuerza ni ganas de recalentar un trozo de tortilla mirando a una puerta automática por la que no para de salir y entrar gente. No por vergüenza, más bien por respeto a la gastronomía y a mí mismo. Aunque el producto sea el mismo, sabe mejor en cualquier otro sitio.
Está claro que soy más de pincho, menú del día o cocinar en casa, pero cada vez ganan un mayor espacio en los lineales los precocinados y la comida para llevar, y no creo que todos los sheriffs de la alimentación se equivoquen. Falta de tiempo, de educación, la vagancia, el parné: son varias las razones que provocan esto, pero creo que jamás se dará eso que dijo Capel en la SER: que los supermercados se convertirán en restaurantes o los consideraremos así. Si llega el momento, espero no estar para verlo.
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