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Los perros en la mesa
'The Champion Burger' lo ha conseguido.
15 de mayo 2026
El horror y la estupidez humana no tienen fin. Cuando pensaba que la infame y grasienta tendencia de las hamburguesas y sus absurdos campeonatos colesterólicos, donde mezclan la fritanga y lo kitsch para elevarlo a su máximo exponente, no podían aumentar más su infamia: ‘The Champion Burger’ lo ha conseguido, qué huevos.
Este campeonato, que más bien se asemeja a un camping de Castellón intervenido para organizar una rave, incorpora por primera vez un menú para perros, hay que joderse: “Los canes podrán tomar una hamburguesa de pollo y calabaza con salsa de queso y calabaza, además de un snack de bacon y un yogur sin lactosa”. Era lo que les faltaba, además de meter unos rejonazos del copón por unas hamburguesas cocinadas en furgonetas de jipis y con más aditivos que Froilán de after; ahora también pretender sablear a todos aquellos gilipollas que piensan y tratan a su perro como si formase parte de la familia: “A ver, Rufo, saluda a papá con la patita”. Y triunfarán, porque son ya muchos los que piensan que sus cánidos tienen que experimentar y vivir lo mismo que sus “tutores” -que es la forma de decir dueño si no estás bien del tarro.
Me deja perplejo esta deriva que está experimentando la sociedad donde hay quienes pretenden dar más derechos a sus mascotas que a las personas. Cafeterías que son ‘pet friendly’, pero no dejan entrar a niños o son mal vistos. Animales privados de su dignidad e instinto mientras pasean en carritos o subidos a una silla, casi sorbiendo el café de su dueña sobre la mesa. Como aquello que decía Calamaro: “Bueno. Si los animales tienen el mismo derecho que las personas, vamos a empezar a comernos a las personas”.
Ante el “eterno dilema entre tu madre o tu perro”, que dijo -dejando claro el nivel intelectual y su catadura moral- la presidenta de PACMA, yo tengo claro que elijo a cualquier persona. Y sé que estoy en lo cierto.
Tolero a los perros en una terraza, al aire libre; también en una barra con la cerveza en la mano, si no dan mucho por el culo; pero, bajo ningún concepto, en un restaurante sentado a comer. No es su lugar, no pintan nada, el animal sufre y se agobia, molesta al servicio y a los comensales. Es una supina estupidez el querer llevar a los perros a todo, ¿acabaremos viéndolos en la sala de espera de un hospital? ¿Junto a su dueño mientras firma la hipoteca?
Lo siguiente que me queda por ver es que cualquier restaurante de los que se denominan “gourmet” y te sueltan “Hola, chicos” prepare un menú degustación de muchos pases y muchos euros para que Bobby, que es uno más de la familia, pueda “disfrutar de la experiencia de comer en nuestra casa”. Llegados aquí, se habrá acabado todo, la tontería se habrá zampado a la gastronomía.
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