Gastronomía

Cerrad la boca

Escribo esto a raíz de una crítica que me pasaron de Casa Chuchu.

21 de mayo 2026


Tengo la mala costumbre de que me gusta comer. Mucho. Muchísimo. Voy al gimnasio no solo para estar en forma sino para poder comer todo lo que quiero y cuando quiero. Es cierto que durante la semana siempre trato de mantener el orden, pero también tiene que haber hueco para ese queso nuevo que ha llegado a la tienda, cualquier celebración que pueda surgir o el antojo de un martes cargado de trabajo que reclama algo de dulce. Primero porque la vida puede sorprenderte con una desgracia en cualquier momento y, segundo, porque no se puede vivir, o al menos a mí no me parece forma, contando calorías y echando cuentas. Al igual que con educación se puede ir a cualquier parte, con moderación se puede comer de todo.

Me gusta compartir las fotos de las comidas en mis redes sociales por si alguien no conoce el restaurante o está pensando en ir se anime. No lo digo porque tenga muchos seguidores, pero quizá a alguna de las más de seis mil personas que me siguen en Twitter les ayude. Igual que los textos que escribo sobre cualquier otra cosa. Y quiero decir que los anime porque solamente publico reseñas positivas. ¿Eso quiere decir que no haya restaurantes a los que no volvería? En absoluto, pero no recomendarlos me parece mucho más elegante que criticarlos.

Pensando mientras escribo, se me vienen varios a la cabeza, pero no entiendo quién soy yo, que todo lo que puedo opinar es si me gusta o no, para decirle a alguien que no está haciendo bien su trabajo públicamente. Porque ni he ido a una escuela de alta cocina, ni he hecho ningún curso, ni tengo intención de ello. Mi único objetivo cuando me siento en una mesa es divertirme con mis amigos, disfrutar de un talento que a mi Dios no me ha dado y de un producto que suele ser fantástico. 

Todos podemos tener más de un mal día y hay cosas que no dependen de nosotros. Es cierto que el cliente bastante tiene con pagar el servicio y el producto como para que encima tenga una mala experiencia, pero es que hay veces que, aunque sean mínimas, pasa. 

Escribo esto a raíz de una crítica que me pasaron de Casa Chuchu. Conozco a Rafa, primero porque me lo presentó un amigo de Turón y segundo porque he comido un par de veces en su restaurante y siempre he salido muy contento. Las críticas de los dos influencer, siendo uno de Asturias, dejaron mucho que desear, pero lo que me molestó es que dos tipos con una cámara se creyesen con la autoridad de decirle a alguien que hace mal su trabajo y no recomendarlo. Las críticas, como siempre, se hacen en privado. O al menos así me lo enseñaron en mi casa, donde los trapos sucios nunca salen por la puerta. Pero, desgraciadamente, y por culpa del poder que han dado las redes sociales, tiene el mismo o más peso una crítica del mejor cocinero del mundo que la de una persona cualquiera con una cámara. 

Y es que esto no tiene nada que ver, por ejemplo, con el fútbol. Porque en el fútbol todo el mundo opina creyendo en el entrenador que tiene dentro, pero la repercusión es mínima. Hay una estructura, voces más o menos autorizadas porque han tenido una gran trayectoria, y porque que la gente vea a su equipo no depende de lo que digan @fulano34 o Pepito Jiménez en su canal de YouTube. Quizá no haya mejor crítica que el silencio y mayor educación que saber cuándo uno tiene que cerrar la boca.

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