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Abrázalos
Hay personas que necesitamos seguir con nuestra rutina y dejar que el dolor nos vaya envolviendo poco a poco.
13 de mayo 2026
Hay personas que necesitamos seguir con nuestra rutina y dejar que el dolor nos vaya envolviendo poco a poco.
No te preocupes, Hansi. No trates de entenderlos. Simplemente, abrázalos. Ellos no tienen la culpa de sus frustraciones ni de la poca dignidad que hay que tener para juzgar y decir cómo tiene que llevarse el dolor de la muerte de un padre. Algunos lo hacen desde la ignorancia, porque por suerte todavía no conocen el vacío que se ha generado en tu vida, ni la magnitud de la hostia que acabas de recibir. Y, otros, que lo conocen, lo hacen sentados en una atalaya moral desde la que gobiernan un reino ficticio.
Pero la realidad es que hay personas que necesitamos seguir con nuestra rutina y dejar que el dolor nos vaya envolviendo poco a poco. No queremos negar la realidad. Solamente necesitamos nuestro espacio, que llega cuando las luces se apagan, la atención se va a otra parte y nos encontramos en el salón de casa solos, sentados en el sofá y mirando al techo con ganas de que nos aplaste. Justo en ese instante es cuando todo se rompe. Cuando somos conscientes de que ya no habrá más visitas o más llamadas por teléfono. Ni más cumpleaños ni regalos de navidad, ni una risa que suene igual y ni siquiera unos ojos que nos miren con tanto cariño.
Conocí mi reacción ante la muerte de un ser querido cuando mi madre me llamó para avisarme de la de mi abuela. Recuerdo que subí sólo hasta Oviedo, que seguí trabajando hasta la hora del tanatorio, donde recibí muchos abrazos y muchos besos, y que sólo asumí su muerte cuando le escribí una columna en mi despacho que el bueno de Fernando me dejó publicar en este medio. Para muchos de mis familiares pude haber sido un imbécil. Otros se darán cuenta mientras leen este texto. Pero todo lo que muchas veces ven de un hombre que acaba de perder a un ser querido es una careta que sostiene un cuerpo al que le gustaría estar en otro sitio. Sólo que para sobrevivir asimismo necesita seguir adelante sin pensar en lo que ha sucedido. Quizá seamos unos cobardes, para mí, simplemente, unos mortales que anteponen a los demás a un dolor que han aprendido a curar en la intimidad de una soledad que les da cobijo.
No te preocupes, Hansi. Su alma está rota. Tan solo les guían las frustraciones de un dolor al que todavía no le han puesto nombre porque no se han dado cuenta de que existe o porque no se atreven a enfrentarlo. Ambos sabemos que nuestra manera quizá no sea la mejor, pero es la que nos permite avanzar mientras abrazamos su muerte y les decimos adiós. Así que, simplemente, abrázalos.
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