Libros

Laura Mas: «A un hombre ambicioso se le llamaba estratega; a Olimpia, manipuladora»

“La Historia castigó a las mujeres que se acercaron al poder”

20 de mayo 2026


La escritora Laura Mas vuelve a poner el foco sobre una de esas mujeres que la Historia prefirió dejar en penumbra. La reedición de ‘Olimpia’ (La Maleta ediciones) rescata a la madre de Alejandro Magno lejos del tópico de villana caprichosa para mostrar a una figura feroz, ambiciosa y decisiva en la construcción del mito macedonio. En esta conversación, Mas reflexiona sobre poder, feminismo, manipulación política y esa vieja costumbre de castigar a las mujeres que se atreven a ocupar espacios reservados para los hombres.


P-Su Olimpia es feroz, inteligente, maternal y también oscura por momentos. ¿Le interesaba precisamente huir de la mujer ejemplar y construir un personaje incómodo?

R-Sí, porque no quería edulcorarla. Olimpia no fue una santa ni una heroína perfecta. Era brillante, obsesiva, manipuladora y profundamente humana. Me interesaba precisamente esa incomodidad, porque los personajes que sólo son buenos o malos nunca se parecen a la vida.

P-Si Alejandro Magno acabó convertido en mito, ¿por qué cree que la Historia se empeñó en convertir a Olimpia casi en una villana?

R-Las mujeres que se acercaban al poder eran peligrosas para el relato oficial. La Historia no sólo ignoró a muchas mujeres, también castigó a las que se atrevieron a ocupar espacios reservados a los hombres.

P-Durante siglos, a los hombres ambiciosos se les llamó estrategas y a mujeres como ella, manipuladoras. ¿Qué dice eso del relato histórico que hemos heredado?

R-Seguimos arrastrando muchos prejuicios, incluso hoy existe cierta sospecha hacia las mujeres con poder. Parece que todavía incomoda más una mujer que mueve hilos que un hombre que hace exactamente lo mismo.

P-‘Olimpia’ retrata a una mujer que se niega a ocupar el lugar secundario que le asigna su época. ¿Hay un pulso feminista en la novela?

R-Sí, aunque surge de manera natural. Olimpia entendió muy pronto que el poder no se le iba a conceder y encontró la manera de ejercerlo desde donde podía. Hablar de ella también es recordar que siempre hubo mujeres intentando romper límites, incluso en épocas donde parecía imposible.

P-¿No resulta curioso que todavía hoy siga incomodando tanto una mujer que ambiciona el poder de manera abierta y sin pedir disculpas?

R-Muchísimo. Y además no ocurre solo con el poder, sigue existiendo una vigilancia constante sobre las mujeres, sobre cómo visten, cómo hablan o cómo se comportan. Hemos avanzado, claro, pero todavía queda bastante camino.

P-¿Cuánto le molestaba esa visión clásica que reducía a Olimpia a “la madre de” en lugar de reconocerla como una figura política decisiva?

R-Me parecía profundamente injusta. Alejandro Magno no se entiende sin Olimpia. Ella fue clave para que alcanzase el trono y tuvo una influencia política enorme, aunque tuviese que ejercerla desde la sombra.

P-Leyendo el libro da la sensación de que Olimpia entiende antes que nadie que el poder no se concede, se conquista. ¿Es esa la gran modernidad del personaje?

R-Olimpia comprendía perfectamente cómo funcionaba el poder y hasta dónde había que llegar para conservarlo. Vivía bajo la idea de que el fin justificaba los medios y actuó en consecuencia.

P-Hay algo muy actual en esa obsesión por controlar el relato y asegurar la continuidad del poder. ¿Ve paralelismos entre la corte de Macedonia y ciertas dinámicas políticas de hoy?

R-Cambian las formas, pero no el fondo. La lucha por controlar el relato sigue siendo feroz y hoy, con las redes sociales y las fake news, quizá todavía más. Por eso es tan importante contrastar y no quedarse solo con la superficie.

Foto de Pedro Simón

P-Usted reivindica a una mujer borrada por la Historia, pero sin blanquear sus sombras. ¿Cree que el feminismo también consiste en aceptar personajes femeninos moralmente complejos?

R-Huir de los estereotipos también implica aceptar mujeres llenas de contradicciones. No necesitamos convertirlas en figuras perfectas para reconocer su importancia histórica.

P-¿Hasta qué punto la voz en primera persona le permitió defender a Olimpia frente a siglos de versiones escritas casi exclusivamente por hombres?

R-La primera persona me permitió meterme en su cabeza y darle una voz propia. Durante siglos, Olimpia fue narrada desde fuera, a mí me interesaba que pudiera explicarse ella misma.

P-Las serpientes están muy presentes en la novela. Explíquelo.

R-Forman parte del imaginario de Olimpia y de su dimensión religiosa. Estaban asociadas a Zeus y aparecen en varias fuentes antiguas vinculadas a ella. Además, literariamente me parecían un símbolo potentísimo: algo bello, inquietante y peligroso al mismo tiempo.

P-¿Qué encontró en Olimpia que no había encontrado antes en otros personajes?

R-Una mezcla irresistible de ambición, religión, oscuridad y vulnerabilidad. Y además me fascinó descubrir hasta qué punto pudo influir en la construcción del mito de Alejandro Magno.

P-Una novela histórica con tintes de thriller.

R-La propia vida de Olimpia lo era. Hay conspiraciones, rivalidades familiares, asesinatos, luchas de poder. Cambias los nombres y podría ser un thriller político contemporáneo.

P-¿Cómo trabajó el libro?

R-Con mucha documentación y también aceptando que había enormes lagunas históricas. Ahí entra la ficción, rellenar huecos desde la verosimilitud y no desde el capricho.

P-¿Es difícil encontrar el tono y el lenguaje?

R-El reto es lograr que el lector sienta la época sin convertir la novela en algo rígido o artificial. Hay que encontrar un equilibrio muy fino.

P-En tiempos donde se debate tanto sobre la revisión del pasado, ¿cree que novelas como esta ayudan a mirar la Historia con menos prejuicios y más matices?

R-Sí, porque la novela histórica humaniza el pasado. Nos obliga a mirar a esos personajes entendiendo su contexto y recordando que, en el fondo, seguimos compartiendo muchas de las mismas ambiciones y miedos.

P-Pero no es un libro académico.

R-No, y nunca quiso serlo. Es una novela. Tiene que ser, como ya dije, verosímil y emocionalmente honesta, no un ensayo historiográfico.

P-¿Le enseñaron algo los lectores de su novela?

R- Me sorprendió mucho descubrir cómo algunos lectores llegaban a odiar a Olimpia por momentos. Y, sinceramente, me pareció una buena señal, significaba que el personaje estaba vivo.

P-¿Es más cansado el proceso de creación o la promoción?

R-La creación, sin duda. Es un proceso muy absorbente y emocional. Aunque también disfruto la promoción, al final, compartir el libro forma parte del viaje.

P-¿Tiene algún libro en proceso u otro proyecto?

R-Tengo pendiente un poemario y estoy trabajando en una tercera novela contemporánea en la que Asturias tendrá bastante presencia.


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