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I wanna sing like Madonna
Amo ver a la gente intentar; la pasión es contagiosa. No todos podemos conseguir nuestros sueños, pero… ¿y lo grandioso es intentarlo?
31 de agosto 2026
¡Debes ser más nonchalant! En los últimos años, este término se ha popularizado; la aspiración es aparentar indiferencia. Ante el fin de la era woke, aquellos que deseaban mantenerse neutrales para agradar a todo el mundo encontraron su zona de confort tras un ‘no lo he pensado’, ‘no entiendo de eso’ y, por supuesto, ‘no me interesa la política’. El espacio donde esto se fomentaba más eran las apps de citas; no hay nada menos sexy que estar enfadado, que quejarse, que discutir y demostrar tu descontento.
La indiferencia como epidemia tiene un síntoma particularmente desagradable. La ausencia de deseo, de aspiraciones. Aquí es donde aparece la palabra cringe. Todos hemos sido expuestos a ella. Es estupenda. Suena exactamente al sentimiento que produce: la lengua choca con la parte superior de tu boca; tu mandíbula se desliza ligeramente hacia arriba, preparándote para mirar hacia abajo con cara de asco. La gente de mi generación huye de la vergüenza; cuando yo tenía 18 años, todo el mundo subía a redes su desayuno, su paseo por el parque, fotos de sus compañeros de piso lavándose los dientes. Ahora se oculta todo tras Instagrams privados, a veces suben stories y apenas publican posts, evitando ser juzgados.
En el 2025, Timothée Chalamet se subió al escenario de los SAG Awards para aceptar el premio al mejor actor principal. En su discurso, proclamó su deseo de convertirse en uno de los grandes, su gran aspiración. Esto chocaba con aquello a lo que los jóvenes estábamos acostumbrados. No hay nada que dé más vergüenza que te vean intentando algo, sobre todo si fracasas. Es mucho más seguro fingir que no tienes un objetivo; si fallas, a nadie le va a importar, y si lo consigues, parece que lo hiciste sin esfuerzo.
Cuando escoges una vida con aspiraciones, te verán como alguien que intenta algo, lo cual te hace vulnerable a las críticas. Al contrario, la gente que escoge una vida sin tensión, donde no se espera nada de ellos, siempre gana. - Caleb Hearon
El año pasado tuve el absoluto placer de descubrir la canción Sing Like Madonna del cantautor Sebastian Schub. Como el título alude, la canción proclama sus deseos de grandeza. Nadie, ni las grandes estrellas como Sabrina Carpenter se atrevería a compararse con Madonna, la transgresora, un icono del pop, un talento indiscutible, pero Sebastian Schub tiene más miedo a quedarse corto que al fracaso. Él no solo quiere ser una estrella; quiere que las estrellas le miren a él. Le suplica a Dios: "let me be pretty, let me be smart", lo quiere todo y lo desea con todas sus fuerzas, quiere moverse como Freddie Mercury y besar al sol. Sebastian refleja el hambre y el deseo, una aspiración que uno suele admitir solo en sus sueños, suplicando a la luna. No sé si hay alguien que sienta vergüenza ajena al escuchar esto. En mi caso, es como gasolina. Amo ver a la gente intentar; la pasión es contagiosa. No todos podemos conseguir nuestros sueños, pero… ¿y lo grandioso es intentarlo? No sé si algún día Sebastian será un icono y estará en un gran estadio, repleto de gente chillando su nombre, cantando las palabras que él escribió, cuando sus sueños eran aspiraciones, pero por ahora qué dulce es saborear el proceso.
Hay quien dice que la vida es el camino y no el destino; otros dicen que el destino es lo que importa, que solo se acuerdan de los que llegan a la meta. Pero ¿qué hay de los que ni echan a correr? Eso sí que me da miedo, los que no lo intentan, las voces que no he oído cantar por timidez, las historias que no he leído por el ‘¿Qué dirán?’, las películas que no he visto porque un ‘¡Nadie va a querer ver eso!’.
En su última canción publicada: haven’t found love, Sebastian añade una pequeña palabra durante el coro ‘haven’t found love, yet’. El cantautor no se ha rendido; su búsqueda en el amor no ha terminado; tampoco ha llegado a la meta, y una vez más, ¿no es un placer verle intentarlo?, que suplique por un beso a oscuras, duda sobre sí mismo y a la vez insinúa que el problema no es solo suyo sino de la sociedad; there's something rotten about the state that we're in. Cuéntame más Sebastián, no necesito más canciones sobre lo bonito que es el amor y lo trágico que es el desamor, quiero escuchar los suspiros de los que se quedan sin aliento corriendo hacia la meta. Qué chalant de tu parte es aspirar a encontrar el amor, qué duro tiene que ser decirle a la gente: ‘Sí, quiero enamorarme’. Mientras tanto, todo el mundo se refugia en un ‘lo que surja’. Pobres los que van con el flow, pero se ahogan en el pozo de sus deseos. ¿Y si todos nos contásemos lo que buscamos? ¿Y si en vez de ligar con likes, swipes, fueguitos y esos ‘Heyyy’, alguien te dijese: Enséñame mi nombre?
Puede que sea una fantasía pensar que la música de Sebastian Schub es una señal de que el nonchalantismo se está acabando. Pero por un segundo me lo quiero imaginar, quiero que nos contemos los unos a los otros nuestros deseos. Dime si quieres cantar como Madonna, dime si quieres formar una familia con 16 hijas y un hijo, o una casa frente al mar. Quiero ver a la gente intentarlo, que sus sueños, aunque no se lleguen a cumplir, aunque se queden a medio camino, quiero verlos. Un mundo lleno de fotógrafos, pintores, escritores, cómicos y bailarines. También quiero que me cuentes el proceso, ¿qué tipo de brocha utilizas?, ¿dónde aprendiste a surfear?, ¿cuál fue la primera canción que aprendiste a tocar?
Igual no estamos preparados, igual nos sentimos más cómodos hablando a través de likes en Instagram que conociéndonos en persona. Mientras tanto, mientras nos dedicamos a buscar el valor para decir y hacer lo que queremos, podemos disfrutar de la música de quien ya lo está intentando.
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