__MESSAGE__
La alegría de las piparras
2) Muevan las piparras, cimbréen la sartén para que vayan dorándose por igual 3) Abran un vino blanco o un espumoso muy frío
4 de julio 2025
2) Muevan las piparras, cimbréen la sartén para que vayan dorándose por igual 3) Abran un vino blanco o un espumoso muy frío
Una de las mejores sensaciones que experimento en mi vida es comer aquello que fue fruto de la tierra y del trabajo propio y familiar. Tras mancharnos las manos, tirar de la azada, el palote y demás aperos, agacharnos, plantar, sembrar y regar: la huerta empieza a dar sus primeros productos. Las lechugas crecen rizadas, crespas y hermosas, deliciosas con un chorro de aceite; la planta del calabacín ha empezado a brotar, aún no da mucho, pero sí para las primeras cremas o arreglar un pisto; los fréjoles (judías verdes) son tan tiernos que no necesitan ser limpiados, con una pequeña cocción es suficiente; los pimientos de Padrón mullidos de carne, y alguno pica.
Todos estos manjares, para mí, quedan opacados por la ambrosía de las primeras piparras, que van del huerto a la mesa, tras un pequeño cocinado. La piparra, o guindilla vasca, es uno de esos productos sencillos que te lleva a lo sublime. El claro ejemplo de que no hace falta la cocina química ni molecular para disfrutar como el que más. Brotan tersas, vigorosas, brillantes y orgullosas; aumentado su tamaño y grosor hasta el momento adecuado para ser arrancadas de la plancha y servidas como festín.
Pueden comerse de muchas maneras: crudas, en tempura o hacer conservas. Pero yo les recomendaría que lo hiciesen así, de esta forma y bajo este ritual que me enseñó un amigo pamplonica:
1) Limpien las piparras con un papel, despojados de tierra y suciedad, vuelque todo en una sartén con un chorro de aceite de oliva. Es importante que no esté muy caliente, para que las guindillas vayan cogiendo temperatura poco a poco.
2) Muevan las piparras, cimbréen la sartén para que vayan dorándose por igual.
3) Abran un vino blanco o un espumoso muy frío, es recomendable que no sea muy dulce. Sírvanse una copa, si están con invitados: brinden.
4) Cuando ese verdor vaya convirtiéndose en tonos dorados y ocres, viertan un chorro del vino en la sartén y no paren de moverla. Tengan cuidado, salpica mucho, así que les recomiendo usar una tapa.
5) Esperen el tiempo necesario a que el alcohol se evapore, mientras lo hace respiren ese olor y empiecen a salivar.
6) Retiren las piparras, se colocan en una fuente o un plato y agreguen sal en escamas por encima.
7) Coman, beban, disfruten y sientan lo que es llegar a la gloria por el sabor.
Los placeres de la huerta, que también los tienen en el mercado, las fruterías o el super de al lado, no son más que los placeres de la vida sencilla y hedonista que nos brinda a cada momento el verano. Las piparras son un modo, quizá de los mejores, de disfrutar y hacer disfrutar a los demás. Compartir momentos, guardar un día para cuando no haya: la alegría de las piparras.
Sigue a Álvaro Boro
Recibe un email con todos los nuevos artículos de Álvaro Boro
¿Qué opinas?
Sin comentariosNo hay campanu sin subasta. Y la del 2026 la ganó El Llavianu.
Por Álvaro Boro
El campanu -del Sella y de Asturias- se fue para la sidrería El Llavianu, en Gijón, por 9.400 euros -pagados a tocateja, con cuartos en el bolsillo, como debe ser.
Laura Mas: «A un hombre ambicioso se le llamaba estratega; a Olimpia, manipuladora»
Por Álvaro Boro
“La Historia castigó a las mujeres que se acercaron al poder”
Los perros en la mesa
Por Álvaro Boro
Cuando pensaba que la infame y grasienta tendencia de las hamburguesas y sus absurdos campeonatos colesterólicos, donde mezclan la fritanga y lo kitsch para elevarlo a su máximo exponente, no podían aumentar más su infamia: ‘The Champion Burger’ lo ha conseguido, qué huevos.
No hay campanu sin subasta. Y la del 2026 la ganó El Llavianu.
Por Álvaro Boro
El campanu -del Sella y de Asturias- se fue para la sidrería El Llavianu, en Gijón, por 9.400 euros -pagados a tocateja, con cuartos en el bolsillo, como debe ser.
Cerrad la boca
Por Jaime Clemente Hevia
Tengo la mala costumbre de que me gusta comer. Mucho. Muchísimo. Voy al gimnasio no solo para estar en forma sino para poder comer todo lo que quiero y cuando quiero.
Notas sobre Elkano / mayo 2022
Por Carmen Badía
El trece de mayo de 2022 me senté en Elkano (Getaria). Un recuerdo persistente, vivo y retocado por la añoranza porque: fue el segundo restaurante bueno-bueno en el que comí, veinte personas compartimos una mesa muy larga –que tanto vinculo a otras batallas–, todo era sorpresa y no me sentí extraña.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro Boro
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES