__MESSAGE__
La muerte del amigo
Lamentablemente la amistad no es una tenencia y su valor reside en el camino fortuito que su vínculo traza entre las personas.
15 de junio 2026
Lamentablemente la amistad no es una tenencia y su valor reside en el camino fortuito que su vínculo traza entre las personas.
De entre todos los vestidos de los que hace uso el lenguaje capitalista para atacar a la amistad quizá el más pernicioso, ambiguo y falsario sea el de la psicología. Es así como requiere de tiempos y espacios enormísimos, hace de espejo de la realidad de los otros, pone límites, enfoca los problemas en el tenebroso mirador de la autoexigencia o la necesidad de escucharse a uno mismo ¿más aún?, incluso tipifica una taxonomía de personalidades que esencializan horoscópicamente a las psiques y gestiona las relaciones como un trámite en la oficina de recursos humanos, siempre al borde del despido. El lenguaje de la psicología ocupa los relatos de nuestra contemporaneidad ofertando las rebajas de un espacio cotidiano por fin limpio de violencias e incomodidades, ofreciendo la amistad como un expositor carente de maldades, vicios o de la temidísima instauración del aburrimiento. Si en un primer instante, el foco de interés en las relaciones quiso desentrañar situaciones de dominación política o estructuras culturales de generización del espacio privado como la misoginia, la diferencia de clase o el abuso emocional; en la actualidad, este gesto ha sufrido un agotamiento de su capacidad subversiva, resignificándose en el universo simbólico del capitalismo como una suerte puritana de limpieza de las escaleras del portal de casa con el fin de mostrar a los demás un descansillo de vida moralmente irreprochable, unas amistades «sanas» y una novísima alergia a atravesar el quebradero de cabeza que supone tener un amigo. El tiempo que le debemos al amigo, en multitud de ocasiones incómodo (cuidar de la enfermedad, recoger su dolor, percibir que ellos también nos aburren o aceptar su peculiar manera de ser injusto), se desvanece por la imbatible necesidad de priorizarse a uno mismo o de requerir de un espacio. ¿Cómo se rebate tal argumento sin parecer el monstruo de Amstetten? Aludir a que la amistad es un compromiso con el tiempo y con las necesidades del otro parece insuficiente en un lugar donde la ausencia de placer puede ser comprendida como el inicio de un daño y donde, incluso, el daño que nos garantizamos las personas rápidamente es leído como una ponzoñosa toxicidad. La imposibilidad del conflicto armado de razones o intereses con los otros y la recursividad necesaria para atravesar el disenso por miedo a convertirnos en una persona tóxica conduce indefectiblemente a extraños enfriamientos, faltas de conexión USB y curiosas dotaciones de cambio que nos impiden lidiar con los amigos de toda la vida ahora que nuestra vida se presenta tan distinta, aunque irreversiblemente dócil y común ante las leyes del mercado.
Para que los vínculos en el capitalismo tardío se sostengan, la realidad debe mostrarse chisporroteante, publicable en red y repleta de personas grávidas de novedades, fama y belleza. Este ejercicio de la perspicacia es uno de los elementos constantemente requeridos para que la vorágine de la diversión pueda ser confundida con el milagroso vínculo de la confianza. En un tránsito hacia el consumo del tiempo, los vínculos se habitan en el jolgorio y desde su poder de oferta ¿qué es aquello que pueden darme que se adapte a mi ocupadísima agenda de priorizarme a mí mismo? En una franca estigmatización de los malos de la película o los pollos macarenos, la ruptura se habita salvando los muebles de la vitrina museística de la vida mostrada, apelando a la amnesia idiomática «no nos entendemos» o sencillamente llevando hasta el final de las consecuencias el refrán «a otra cosa, mariposa».
Numerosos discursos armadísimos por el terapeuta permiten a algunos afirmarse en su relato haciendo caso omiso de la materialidad de las acciones, de modo que los desmanes, la falta de responsabilidad, el egoísmo o los volantazos desiderativos que sitúan las relaciones al borde de la vuelta de campana en las curvas que posee el relato en común poco importan, aunque si uno se escucha así mismo con intención y decide siempre en virtud de su frágil bienestar. El tiempo dedicado hacia los demás, si no se han esforzado por mostrarse lo suficientemente interesantes, puede ser sustituido con facilidad por agendas ministeriales y citas pospuestas al mes que viene. Trepas del mundo de la literatura con intereses ambivalentes que se eclipsan en función de la notoriedad que posees, relaciones fusionales que pueden imprimir límites vastísimos en cuestión de segundos debido a apetitos internos o indescifrables afecciones de la necesidad y el yo, arquitecturas del silencio por la cuenta que a uno le trae sin posibilidad para la recursividad o, lo que es peor, teatrillos de gestión de las relaciones donde se explicitan frases hechas del despido de la intimidad de los otros son algunas de las banales decepciones que ocupan la vida moderna.
Desde el profuso cupo de las personas que no aportan deberá hacerse eco de un mensaje menos pesimista que no solo produzca damnificados de una ideología del egoísmo hedónico y ese infantil miedo a sufrir o aburrirse al lado de los demás. Por muy burbujeante que parezca el networking y el epidérmico estado de lo novedoso, esta situación contiene la infausta consecuencia de conformar identidades solitarias, abocadas a encontrarse exclusivamente en un estado afirmativo de su psique, sus proyectos y su realidad social, difícilmente contradichos, tampoco receptivos a la posibilidad de ser impugnados por los individuos a los que tienen en estima o la pérdida de la vivencia de un tiempo no invertido, más bien malgastado y el exquisito placer al que realmente conduce perder esa vida en el abismo de los otros con sus problemas, sus taras y su vertiginoso mundo interior.
Lamentablemente la amistad no es una tenencia y su valor reside en el camino fortuito que su vínculo traza entre las personas, en ocasiones, alimentado por la oscuridad del otro o de uno mismo, la parsimonia o la tranquilidad de haber acompañado de manera inverosímil la conversación interminable de la vida que vivimos y el goce de haber estado en silencio allí, a su lado, y no en ningún otro sitio. Es imposible sostener un vínculo compuesto por la instrumentalización del deseo capitalista, arrogado siempre a una forma inmediata de suplencia de los sencillos afanes y las fantasías de posesión. No tenemos por qué encontrarle un relato tangible para la despedida de un vínculo así. Quizá sea momento de detenerse en las grietas de los recursos del lenguaje y priorizar a la persona que tenemos enfrente. No delimitar la parcela de todas y cada una de sus acciones por miedo al sufrimiento, porque es en el misterio del otro donde se encuentra la sensación tan agradable de tener un amigo, en la travesía de sus palabras no conquistadas, su estupidez y sus gestos. En realidad, no existe algo lo suficientemente valioso en la vida de uno mismo como para priorizarlo sobre la posibilidad de hechizarnos por los consejos y los despropósitos que nos brinda la amistad. No existe el yo sin la recursividad de otro que nos incluya, nos abrace y nos zarandee de vez en cuando.
Sigue a Rodrigo García Marina
Recibe un email con todos los nuevos artículos de Rodrigo García Marina
¿Qué opinas?
Sin comentariosLa fantasmagórica presencia del hermano
Por Rodrigo García Marina
De entre todas las relaciones humanas, los vínculos con los hermanos quizá sean los más complejos de transitar.
Hágase y se hizo: reflexiones sobre la luz cegadora
Por Rodrigo García Marina
En 2002, para la Jornada Mundial de la Juventud el papa Juan Pablo II eligió el versículo de Mateo en el que Jesús se dirigía así a sus discípulos: «Vosotros sois la luz del mundo».
Por si acaso
Por Aleix Gomila Pons
Hay un gesto, pequeño y casi imperceptible, que millones de personas hacen cada día: ese "te quiero" que decimos a alguien justo antes de subirnos a un avión. Lo decimos por si acaso, con una intensidad distinta, sabiendo que, aunque las probabilidades de un accidente son bajas, existen. Es un acto que preferimos realizar antes que enfrentarnos a la idea inaguantable de no haberlo dicho.
José Mourinho, el dedo que señaló el camino de la ultraderecha
Por Miguel Gómez Garrido
Evidentemente hay más razones, pero los hechos son que el sentimiento independentista creció considerablemente durante los años 2010, 2011 y 2012, es decir, las temporadas en las que Jose ocupó el banquillo de la Castellana (...)
La IA como muñeca hinchable
Por Adrián Grant
Quién sabe si los tiranos de oficina estarán más tranquilos ahora que pueden colmar sus fantasías dictatoriales con un esclavo digital.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Rodrigo García Marina
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES