__MESSAGE__
Pertenecer. Entre Sol y Bolas negras.
Lorca era pianista. Estudió piano en Granada con un discípulo directo de Verdi.
1 de octubre 2026
Sé que hoy tocaba Florencia. Tercer artículo de la trilogía italiana, la ciudad del Renacimiento, Botticelli, el Arno, el Ponte Vecchio al atardecer. Lo tenía pensado. Que no escrito. Pero esta semana han pasado dos cosas en España que me hacen sentir que hablar de Florencia ahora sería, como mínimo, un poco cobarde. Y no quiero ser cobarde en una columna donde llevo un año intentando no serlo.
Florencia puede esperar. La ciudad lleva seis siglos esperando. Maricarmen no puede.
Maricarmen tiene 87 años. Llevaba 70 viviendo en el mismo piso, en un edificio cerca del Retiro de Madrid. Setenta años. Más que la vida entera de la mayoría de la gente que está leyendo esto. Setenta años pagando un alquiler. Setenta años subiendo las mismas escaleras, abriendo la misma puerta, mirando por la misma ventana. El martes 23 de septiembre la desahuciaron.
No quiero hablar de política. No voy a hablar de culpables, que los hay. No quiero mencionar siglas de partidos ni decretos ni competencias autonómicas. No es mi trabajo. Como ya dije, mi intención es mirar las cosas e intentar encontrar la música que suena dentro de ellas. Y dentro de lo que ha pasado esta semana suena algo muy concreto que necesito compartir.
Pero antes, vamos con la segunda cosa.
El viernes se estrenó La Bola Negra, la nueva película de Los Javis, basada en una obra que Federico García Lorca nunca terminó. Cuatro páginas. Eso es lo que Lorca alcanzó a escribir de La bola negra antes de que lo mataran en agosto de 1936. Cuatro páginas sobre un joven homosexual al que rechazan de un club social de Granada mediante una bola negra. El voto de exclusión. La marca del que no pertenece. La señal de que este sitio no es para ti.
Los Javis han cogido esas cuatro páginas y han construido una película que cruza tres épocas y tres historias de hombres cuyas vidas están marcadas por el deseo, la identidad y el derecho a ser quienes son. Premio a la Mejor Dirección en Cannes. Premio del Público en Toronto. Premio del Público en San Sebastián. Más de 600.000 espectadores en el primer fin de semana. Candidata española al Oscar. Y todo lo que falta.
No voy a hacer una crítica de la película. Hay críticos mejores que yo para eso. En Sustrato tenemos varios. Lo que quiero hacer es contar qué une estas dos historias, la de Maricarmen y la de La Bola Negra, y por qué creo que la música que suena dentro de las dos es la misma.
Hay una palabra que las une. Una palabra que el español tiene y que no usamos lo suficiente: pertenecer.
Maricarmen pertenecía a su casa. Igual no en el sentido legal. Pero sí en el sentido profundo. Una persona que lleva setenta años en el mismo sitio ya no vive en ese sitio. Es ese sitio. Las paredes son ella. La ventana es ella. La escalera que sube cada día es ella. Desahuciar a alguien de la casa donde ha vivido setenta años no es quitarle una vivienda. Es quitarle una identidad.
Los personajes de La Bola Negra también luchan por pertenecer. Pertenecer a su deseo. Pertenecer a su cuerpo. Pertenecer a una sociedad que les dice, con una bola negra, que no son bienvenidos. El joven de Granada al que rechazan del club social en 1932 está siendo desahuciado de su propia identidad del mismo modo que Maricarmen ha sido desahuciada de su propia casa. La bola negra y la orden de desahucio son, en el fondo, el mismo gesto: alguien con poder diciéndole a alguien sin poder que este sitio no es para él.
Y España, esta semana, se ha unido alrededor de las dos cosas. Alrededor de una anciana de 87 años que no quería irse de su casa. Y alrededor de una película que trata la muerte de un poeta asesinado que no pudo terminar de escribir lo que quería escribir por ser como él quería ser. Las dos historias hablan de lo mismo. Del derecho a quedarse. Del derecho a ser. Del derecho a pertenecer.
Hay algo que casi nadie sabe sobre Lorca y que esta semana, con la película en todas las conversaciones, me gustaría contaros. Y creo que aquí reside el por qué de estos artículos.
Lorca era músico. No como afición. Lorca era pianista. Estudió piano en Granada con un discípulo directo de Verdi. Antes de escribir su primer poema, ya tocaba el piano con una destreza que sus profesores consideraban profesional. En la Residencia de Estudiantes de Madrid, se presentaba más como músico que como escritor y se pasaba las tardes tocando el piano en la sala común. Según Buñuel, la mitad de los residentes se enamoraban de él no por lo que escribía, sino por cómo tocaba.
En 1931, cinco años antes de que lo mataran, junto a la bailaora conocida como La Argentinita, grabó un disco con diez canciones populares españolas que él mismo había recogido, armonizado y arreglado para piano y voz. Lorca al piano. La Argentinita cantando. Diez canciones que venían de la tradición oral andaluza, castellana, asturiana, y que Lorca había rescatado de la desaparición con la misma pasión con la que un arqueólogo rescata los fragmentos de una vasija rota.
Las Canciones populares españolas son, musicalmente, un acto de pertenencia. Lorca no estaba componiendo. Estaba diciendo: esto es nuestro. Estas melodías que cantan las abuelas en los pueblos, que suenan en las bodas, que se tararean mientras se lava la ropa. Esto pertenece a alguien. Y si nadie lo escribe, se va a perder.
No creo que lo de esta semana sea casualidad, pero tampoco creo que sea un plan. Es algo más raro. La cultura, cuando funciona, pone delante de un país dos espejos al mismo tiempo. Y los dos reflejan lo mismo.
En Sol, miles de personas acampadas exigiendo el derecho a tener una casa. En los cines, millones de personas viendo una película sobre el derecho a tener una identidad. Las dos cosas son el mismo derecho.
Lorca lo sabía. Lo sabía cuando recogía canciones populares en los pueblos de Andalucía, canciones que pertenecían a gente que no tenía casi nada. Ni tierra, ni nombre, ni derechos. Pero tenía una música. Y esa música era su forma de decir: existimos. Estamos aquí. Este sitio es nuestro aunque no tengamos papeles que lo demuestren.
Maricarmen no tiene papeles que demuestren que su piso es suyo. Pero setenta años de vida en el mismo sitio son una música. Una melodía que se ha ido grabando, nota a nota, día a día, en las paredes de esa casa. Y desahuciarla es borrar esa grabación. Es hacer con ella lo que la guerra hizo con Lorca: cortarle la música antes de que pudiera terminar de tocarla.
No pretendo dar soluciones. Soy un intento de articulista que escribe sobre música clásica y que esta semana siente que escribir sobre Florencia habría sido mirar para otro lado.
Lo que sí tengo es una recomendación. Una sola. Buscad en cualquier plataforma la grabación de 1931 de las Canciones populares españolas. Yo la he encontrado en la del logo verde. (¿Lo podemos decir?) Lorca al piano. La Argentinita cantando. Escuchadla entera. Son treinta minutos. Treinta minutos de un poeta que cinco años después iba a ser asesinado, tocando el piano con una alegría que parte el corazón, acompañando canciones que la gente cantaba en sus casas cuando las casas todavía eran de la gente.
Y después, si queréis, id al cine a ver La Bola Negra. Y pensad en que esas cuatro páginas que Lorca no pudo terminar las han terminado dos directores españoles ochenta y siete años después. La misma edad que tiene Maricarmen. Ochenta y siete años. La coincidencia no es un plan. Pero es difícil no verla.
Florencia la semana que viene. Lo prometo. Pero esta semana, hoy, lo que suena en España no es Vivaldi ni Botticelli ni el Renacimiento. Lo que suena es un piano en una grabación de 1931, tocado por un hombre que estaba a punto de perderlo todo, acompañando a una voz que cantaba sobre casas que ya no existen.
Y una anciana de 87 años que solo quería quedarse donde siempre ha estado.
¿Qué opinas?
Sin comentariosTrio alla italiana: II - El agua que no era salada
Por Aleix Gomila Pons
Lo primero que notas cuando te metes en el Lago di Como es que el agua no es salada.
Trio alla italiana: I - Será perché ti amo
Por Aleix Gomila Pons
Pero Milán es otra cosa. Es rápida. Industrial. Elegante de una manera que no parece necesitar que la admiremos. Hay hombres con traje entrando en edificios de oficinas, estudiantes cargando carpetas y dibujando su iglesia favorita, bicicletas que pasan demasiado cerca y tranvías que parecen conocer la ciudad mejor que tú.
1st sept. New year.
Por Aleix Gomila Pons
El año empieza el 1 de septiembre. Y lo sabe cualquiera que haya vivido alguna vez un septiembre en Madrid. Lo primero que cambia es el aire.
FSTVL B 26: Trae la droga, yo traigo la pena
Por Nadia Risueño
Barcelona es una mujer muy guapa que cobra por dejarte dormir dentro de ella. Barcelona es una ciudad preciosa donde casi todo el mundo está intentando conseguir dinero para poder quedarse un poco más.
Papá Levante
Por Ana Webb
Un jueves a las 9:30 de la noche de un septiembre deprimente y frenético, al día siguiente de uno de los puntos de inflexión de la crisis de la vivienda española tras el desahucio de Maricarmen, aparecen Papá Levante sobre el escenario de la sala BUT.
La Turra: Get away from me, I think I'll love you soon
Por Mj Bernáldez
+ Protomartyr, Blondshell, Aiko el Grupo, Amor Líquido, Gurriers, Keo, Hostia Pedagógica...
Suscríbete a sustrato.
Apoya el trabajo de Aleix Gomila Pons
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES