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Una Coca-Cola al sol
Los veranos hay que cerrarlos así, diciendo adiós frente a la playa, en bañador y con sabor a salina
29 de agosto 2025
Cuando uno se encuentra dentro del mar todo mal es menor, todo dolor disminuye, toda la pesadumbre de vivir se hace más liviana. Ese momento entre ola y ola, cuando uno emerge de las aguas y frente a sí sólo está la inmensidad, es un descanso para el cuerpo, la cabeza y el alma. La fragilidad del hombre frente a la nada y el todo del agua es absoluta, pero con unos leves movimientos de pies y manos vencemos la desventura y logramos pisar tierra, donde empieza todo.
Con el cuerpo mojado, lleno de sal y sol, sin aclararme, porque me gusta sentir la mar en mi piel y en la de la gente que quiero; buscar el chiringuito más cercano, como acción que nos salva y condena, es siempre lo más inteligente y necesario. La humedad recorriendo nuestro cuerpo mientras los rayos dorados lo tuestan.
Hay quienes son de cerveza a pie de playa, o tinto de verano; también diferentes cócteles. Pero yo, si he de quedarme con algo, es con una Coca-Cola Zero bien fría, en un vaso de sidra y con un poco de limón exprimido. Es el trago perfecto que pone la guinda al magnífico placer sensorial de darse un chapuzón. Ese chisporroteo, el sabor dulce mitigado por el limón y el vaso hasta arriba, tan mojado que parece una prolongación de nuestra mano. Tragos largos y refrescantes que revitalizan la existencia de cualquiera, que palian el calor y nos acercan al paraíso. Nada parece imposible ahora, el éxito completo de cara y a nuestro alcance.
Los veranos hay que cerrarlos así, diciendo adiós frente a la playa, en bañador y con sabor a salina. Los ojos brillan porque se despiden de ese sol que se esconde bajo las olas hasta el año que viene, el pellejo tostado y brillante echará de menos el calor, el roce de la arena y esas manos suaves eternas que le untan aftersun, el pelo encrespado y rebelde sabe que en breve volverá a ser domado y nuestra cabeza, que somos nosotros, fijará estos recuerdos para el resto del camino.
Apuren el chiringuito y brinden y tomen lo que quieran, porque en septiembre ya no van a estar. El verano, que es un estado mental, no se acaba nunca, pero sí las vacaciones. La rutina y los quehaceres aplastan todo lo que ven. Yo hasta el lunes sigo con mi Coca-Cola al sol.
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