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Adiós, compañera
No la maté, más bien la indulté.
1 de abril 2026
No sé dejar. Es una realidad, qué le vamos a hacer. Las únicas veces que lo he hecho ha sido traumático. Un acto cobarde. Un WhatsApp más frío que el bigote de Walt Disney que hasta a mí me pareció mal en ese momento. Era joven y no supe gestionar aquellas situaciones, pero la juventud no es justificación alguna. Aquello estuvo mal (si estás leyendo esto, lo siento, aunque puede que lo esté empeorando).
Me imagino que a los deportistas les pasa lo mismo con la retirada. Les cuesta tomar la decisión. No saben si es lo correcto. ¿Y si aún tienen piernas? ¿Y si es demasiado pronto? Decía Dirk Nowitzki que el deportista profesional entendía mejor el juego con la edad, pero que es justo en ese momento de sabiduría cuando el cuerpo menos le responde. Pero qué le vamos a hacer, hay despedidas que dejan heridas.
Mi última despedida ha sido tan trágica como absurda. Me estaba arreglando para salir a la calle cuando la crueldad se apareció en forma de agujero en la manga de mi camiseta favorita. Ahí estaba ella, blanca, impoluta, tan bonita como siempre, tan leal como amortizada, pero los años pasan para todos. A mí me salen canas en la barba y a ella agujeros, y contra la vida, contra el tiempo, no podemos hacer otra cosa que adaptarnos y aceptar ciertos tragos por los que todos tendremos que pasar.
No la maté, más bien la indulté. Ahora vive retirada en el cajón de las camisetas todoterreno, esas que lo mismo las usas para dormir que para ir a pescar. Porque esa compañera de batallas no merecía acabar en un contenedor ni en la cocina convertida en trapo –aunque habría sido el más bonito del mundo–. ¿Acaso Clark Kent habría tirado su capa de Superman? ¿Sería capaz Bruce Wayne de llevar al contenedor de Cáritas su traje de Batman o El Zorro su máscara? No. Esa camiseta es historia, como el traje con el que Morante le cortó el rabo a Ligerito o la camiseta con la que ganamos el mundial. Porque las reliquias se guardan para siempre, haciendo honor al bueno de Diógenes. Como las estampitas de vírgenes o los regalos del día del padre hechos en quinto de primaria.
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