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¿Qué querrán los guapos?
No lo sé. Lo peor es que ellos tampoco.
13 de mayo 2026
No sé si es verdad que la belleza siempre gana, aunque sí tengo claro que desempata. Por ejemplo: tienes x dinero para un coche y encuentras dos automóviles con las mismas características al mismo precio, ¿con cuál te quedas? Pues con el más bonito, claro. Y es lógico, en realidad, porque la búsqueda de la belleza es a veces traumática, no existe democratización en ella. Uno es guapo o feo. Una casa es bonita o no lo es. Y es verdad que la belleza no debería ser objetiva debido a su factor de inalcanzabilidad, pero a veces lo es. Y no esto no es un ataque gratuito de guapofobia, más bien es una reverencia. Porque olé por los guapos y por las guapas, pero siempre me surge la misma duda, ¿qué querrán? ¿Qué es lo que buscan realmente, que les deseen o el deseo de desear? Y lo más importante, ¿les dolerá la cara de ser tan guapos?
Esta tarde, durante un scroll infinito de esos que uno se pega en el autobús de línea de vuelta del trabajo, me he topado con un video viral: una chica pelirroja y objetivamente muy guapa se acercaba a un chaval objetivamente feo para gastarle una broma. Los videos de esta chica se caracterizan por crear comedia gracias a un piropo que descoloca a la otra persona, que suele estar en su mundo. La chica tiene algunos videos graciosos ya que las reacciones de los hombres a los piropos son casi como las de aquellos gatos vitales que saltaban al ver un pepino, pero en esta ocasión es el hombre quien se ha coronado. No sabemos si ha sido debido a una sobredosis de belleza, a una ataque de pánico fruto de una interacción con una mujer guapa (esto a los pibardos nos suele pasar mucho) o que simplemente tiene una relación estable y no quiere saber nada del sexo opuesto. Pero cualquiera de las respuestas nos llevan a la misma pregunta de siempre: ¿qué querrán los guapos?
Decía David Trueba en Saber Perder aquello de que el deseo asociado a un objeto de deseo nos condenaba a ello, y es por eso que creo que el deseo de desear corrompe a los guapos. Les hace esclavos de esa sensación de que alguien te busque constantemente, que te desee. La dopamina del like pero en carne y hueso. La broma infinita. Un scroll de emociones.
Por eso, siempre que un amigo me presenta a su pareja guapísima tiemblo. No le pregunto por el historial de noviazgos que ha tenido o cuántas personas le flirtean como quien intenta escalar un muro liso, pero me surge una cierta desconfianza. Porque no sé qué quieren los guapos. Lo peor es que ellos tampoco.
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