Artes

Ambición en el CGAC

Estamos hablando de la directora del único museo de arte contemporáneo de Galicia.

8 de junio 2026 · 1 comentario


La Academia de Bellas Artes de Viena rechazó a Adolf Hitler dos años consecutivos por ser un parguela con las acuarelas. Por ahorrarle un artista mediocre a Viena produjeron, indirectamente, un dictador genocida.

Vaya por delante que hay que agradecerle al sistema académico español el esfuerzo por garantizar la no producción de Hitlers. ¿Nos compensa soportar a miles de artistas ineptos a cambio de no contemplar con impotencia una masacre étnica? Claro.

Claro que sí.

En un mundo donde los crímenes contra los derechos humanos se derivasen directamente de la frustración artística, uno agradecería que la academia israelí dejase que cualquier imbécil se matriculase en bellas artes. Pero tampoco vamos a exagerar.

La cuestión, dictadores aparte, es que en lo relativo a la formación artística el listón está muy bajo. Ya no sólo para estudiar en una facultad de bellas artes, sino para salir de allí con un título en la mano.

A menudo se insiste en la subjetividad del arte como excusa para la calidad del artista. Si una obra te parece equivalente a un cuenco de diarrea, bueno, simplemente "no es para ti". Como si el arte no se pudiese medir y contrastar. Como si al hablar de arte estuviésemos hablando de la validez de la identidad personal y no de un medio de acción profesional.

Cada vez que hablo con un profesor universitario sobre el standard actual de alumnado universitario termino recordando la sensación que tuve durante los años que impartí clases en una facultad de bellas artes: lo que el alumnado espera es aprobación, no aprendizaje. La pulsión de descubrir algo sorprendente a través de algo tan absurdo como la pintura se ha ido agotando tan deprisa que uno sólo puede mirar a su alrededor y pensar en algún tipo de éxodo masivo. Como si la academia hubiese dejado de ser el lugar donde se gestan los artistas y se hubiese convertido en un panteón para las prórrogas infantiles. Como si en lugar de lanzarte a descubrir qué necesitar decir y cómo, recabando conocimiento y herramientas por el camino, ahora lo importante fuese no sentir confusión y ser reafirmado como criatura especial.

Hoy por hoy, el porcentaje de rechazados en bellas artes es un cero patatero. El grado en bellas artes se está convirtiendo en una carretera recta sin peajes. ¿Podemos imaginar una sociedad donde sucediese lo mismo con la medicina o la arquitectura? Quiero decir, ¿imagináis una comunidad donde los médicos y los arquitectos no tuviesen que ajustarse a la realidad de su profesión sino a su deseo de ser médicos y arquitectos? Moriríamos de infecciones no detectadas bajo los escombros de nuestras casas.

¿Por qué permitimos entonces el equivalente en las artes? Bueno, posiblemente porque hemos asumido que no las necesitamos para vivir y que el arte mediocre no supone ningún peligro porque puede ser ignorado.

Hemos confundido el derecho a que las personas se expresen con el rigor del sistema artístico. Lo que probablemente implica que hemos convertido la formación académica de las artes en la transmisión del estado de la cuestión y no en un proceso capacitante. Lo que conduce directamente al desmantelamiento del sistema cultural.

Efectivamente, he venido a hablar del CGAC (Centro Galego de Arte Contemporánea, que ha acogido obra de Picasso, Mona Hatoum, Anish Kapoor, Maruja Mallo, Rebecca Horn, Giuseppe Penone, Ana Mendieta, Almudena Fariña, Christian Boltanski y un largo etcétera que se remonta a su fundación en 1993).

Recientemente se ha nombrado como directora (mediante un proceso poco claro y que en el futuro servirá de referente para las mala praxis institucional) a Eva López Tarrío. Sin ánimo de articular aquí ningún ataque personal contra la señora López, estamos ante el primer clavo del ataúd del museo.

Al revisar su currículum (me refiero al que ella misma ha colgado en su web personal evalopeztarrio.es) me he encontrado conque el apartado "Experiencia Artística Profesional" está compuesto por la friolera de cuatro méritos. Uno dos tres cuatro. De los cuales sólo uno ha tenido lugar durante los últimos veinticinco años.

Uno podría pensar, entonces, que ha concentrado sus esfuerzos en el ejercicio teórico-crítico de las artes. Pues bien, en el apartado "Escritos publicados" tenemos tres referencias. Una dos tres. Un escrito sobre Silverio Rivas publicado en 1997 en la Revista de Estudios Provinciais de Pontevedra, otro escrito también sobre Silverio Rivas publicado en 1998 en la Revista Pregón de Ponteareas y por último un escrito sin Silverio Rivas en el título pero publicado en el 2000 otra vez en la Revista de Estudios Provinciais de Pontevedra.

Para cagarse, ¿no?

Dejadme resumirlo porque es fácil perderse entre tanta cifra: ninguna publicación en los últimos veintiséis años; sólo un mérito curatorial desde el año 2000. Estamos hablando de la directora del único museo de arte contemporáneo de Galicia.

No quiero pecar aquí de atrevido pero creo que no estamos ante una persona de ambición desmedida, y probablemente podríamos permitirnos apartarla de puestos de relevancia cultural sin provocar un genocidio. Creo que a la señora López se le da bien hacer poco, y no pasa absolutamente nada. Pero que lo haga en su casa.

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