Cultura cultural/cultura popular
Su obsesión por ser modernos es fatigosa. Lo moderno es lo contrario de lo nuevo.
31 de marzo 2026
Por Jorge Burón
31 de marzo 2026Su obsesión por ser modernos es fatigosa. Lo moderno es lo contrario de lo nuevo.
Allí donde ya hemos llegado queda perdido para siempre.
Dicho popular.
Pongamos así. Una sociedad produce de manera natural cultura, manifestaciones que muestran algún elemento de su modo de vida, costumbres, leyendas. Ni siquiera se nombra a sí misma esa cultura, sencillamente ocurre y se disfruta según brota. Algunas de esas manifestaciones consiguen, quizá por azar, sintetizar latencias antes no visibles pero muy relevantes para sus gentes, que al verlas recortadas en la manifestación cultural les permiten comprenderse, narrarse, sentir lo que sienten de forma más concreta e intensa. Eso hace de esa producción cultural concreta un objeto relevante; a esa revelación de lo que no habíamos visto antes pero somos nosotros hemos venido llamando catarsis.
El paso del tiempo y los agentes interesados, a esa manifestación cultural relevante, deciden canonizarla. Instancias religiosas, políticas o económicas fijan la obra como referente al tiempo que la blindan. De ello obtienen un rédito. Así, una obra relevante para una sociedad se convierte en canon.
Una sociedad posterior lo encuentra ya canonizado, ya en el altar y engalanado por estas instituciones que lo han hecho, ya no un objeto de cultura, sino de culto. El culto debe ser honrado y la cultura nueva, para serlo, debe ser algo más, algo distinto o más allá de eso que ya se ha hecho, pero que a la vez es el referente previo, el modelo obligatorio. Es el canon.
Esta imposibilidad necesaria desquicia, enrancia o retuerce la producción cultural, que ya no tiene por objetivo surgir de forma espontánea de la sociedad (y solo de forma contingente convertirse o no en objeto de culto), sino que ahora debe responder también a patrones previos, respetarlos al tiempo que superarlos. A ese engalanamiento de objetos culturales convertidos en culto y canon por instituciones interesadas en ello y que marca el patrón de los siguientes se le llama: tradición cultural.
Las galas y brillantes de los objetos canonizados son demasiado brillantes, seductores para quienes producen y olvidan a la sociedad, dándole la espalda y ya solo mirando al culto. Las culturas con tradición cultural se vuelven autorreferenciales enrevesado las formas de ese canon con teoría, esfuerzo y capas de variaciones rígidas y calculadas sobre la forma inicial que tanto adulan pero que en cambio había nacido espontánea y agreste.
La cultura que sigue a la cultura solo puede ser decadente. Una cultura es propia de una sociedad en tanto en cuanto surge de ella, es espontánea, sintetiza una forma propia y única, no por sus pretensiones de originalidad voluntaria, sino porque al surgir de ese tiempo nuevo es necesariamente nueva, por ello interpela a su gente, y quien la produce, a poder ser, en el mejor de los casos, es anónimo, es la sociedad misma. Es bello observar el pasado, pensarlo y quererlo, pero terrible y mortal traerlo de vuelta.
Resulta obvio cómo algunos gestos recientes (de los últimos 150 años) contra-culturales o anti-culturales, que niegan, destruyen o se ríen de esa reumática “cultura cultural”, son aún más autorreferenciales que el viejo canon, aún más gesto, del gesto, del gesto, aún más angustia por responder a vitrinas y vitrinas de cultura hecha culto y formas naturales ahora canonizadas, y esa respuesta que se pretende radical, más asfixiada que nunca, propone a la desesperada la no-forma, la anti-forma, la forma casual, la forma paródica, continuando la decadente cadena de la tradición cultural, de responder y responder y responder a todo el canon previo. De no poder apartar los ojos del culto, por mucho que lo odien o desprecien. Su obsesión por ser modernos es fatigosa. Lo moderno es lo contrario de lo nuevo.
Otros retoman manifestaciones culturales previas que habían sido olvidadas para canonizarlas a toda marcha y disputar el culto oficial con un culto nuevo. Lucha de poder. Mismo gesto.
Sin embargo, hay un fenómeno más perverso aún que el de la decadencia hipertrofiada de la “cultura cultural”, y es el de la “cultura popular”. Un sintético aún más corrosivo para la sociedad, pues no se despega de su sociedad olvidándola, sino que se pega a ella para engañarla, fingiendo formar parte para aprovecharse.
La cultura pretendidamente popular propone las formas más simplificadas, vulgares y perversas de su tiempo, diseñadas para resultar agradables (como lo son los mejores venenos), patrones rígidos y repetidos que nos obligan a ser los mismos en nuestra peor versión. No revelan latencias ocultas que nacen de la sociedad y vuelven a ella porque la interpelan, más bien eligen sus tópicos más simples para embadurnarnos de lo que ya sabemos de forma autocomplaciente, que entre fácil. Y de paso llaman estúpido al pueblo al que dicen deberse, asumiendo que lo que quieren es entretenimiento anestésico en vez de catarsis reveladora.
Es significativo cuán cerca suelen estar los productores de esta cultura supuestamente popular de las viejas instituciones canonizantes: Iglesia, Estado, Mercado.
Sin embargo, la prueba más evidente de que a la “cultura popular” no le importa en absoluto su sociedad (ellos le llaman “público”) es que aquellos que la producen, sus creadores, son exactamente opuestos al poeta anónimo de la cultura original. No son la sociedad, están en ella, en medio de toda ella. Son el ídolo de masas, que goza y goza siendo uno entre tantos, que se celebra a sí mismo por ser tan popular, más popular que nadie.
Y aún así, instituciones tan perversas y productores tan ególatras han producido también obras eternas, qué duda cabe. Casi siempre sin querer, jamás sabrán qué ni cómo hicieron.
Primera condición para producir cultura natural y nueva: no darse cuenta.
¿Qué opinas?
Sin comentariosVeo el mundo como una gran sinfonía, Mireya Hernández (Pepitas de calabaza, 2025)
Por Jorge Burón
Llegué a este libro seducido por la portada, por la belleza de la foto y la rugosidad satinada de la tapa, cosa que no me parece baladí.
Cuerpo blanco, L. T. (Ultramarinos, 2026)
Por Jorge Burón
Advertencias:
Las plagas sutiles, Santiago Gutiérrez (Franz, 2026)
Por Jorge Burón
No termino de pillar la técnica que lo sujeta, no le he sabido ver el truco, sé que es mi tarea, pero no he podido.
Escribir como deporte de competición extrema
Por Adrián Grant
La semana pasada falté a mi compromiso con sustrato una vez más.
Veo el mundo como una gran sinfonía, Mireya Hernández (Pepitas de calabaza, 2025)
Por Jorge Burón
Llegué a este libro seducido por la portada, por la belleza de la foto y la rugosidad satinada de la tapa, cosa que no me parece baladí.
Cuerpo blanco, L. T. (Ultramarinos, 2026)
Por Jorge Burón
Advertencias:
Suscríbete a sustrato.
Apoya el trabajo de Jorge Burón
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES