__MESSAGE__
El fin del chiringuito en Asturias
El valor está precisamente en lo contrario: naturaleza, equilibrio y cierta autenticidad
27 de marzo 2026
El valor está precisamente en lo contrario: naturaleza, equilibrio y cierta autenticidad
El Principado de Asturias está en plena reforma del decreto que regula los chiringuitos de playa, y la cosa viene con marejada. La idea es sencilla sobre el papel: endurecer las normas, obligar al desmontaje fuera de temporada y poner límites más estrictos a horarios, terrazas y ocupación. Menos manga ancha y más control, menos diversión y beneficio. Y ante esto, está claro, han saltado los hosteleros temiendo que les desmonten —«literal, tío»— el chiringo.
La costa y su entorno deben ser cuidados y protegidos, no es negociable. Asturias no puede convertirse en un paseo marítimo continuo de hormigón y luces LED, ni en una feria permanente donde el paisaje sea lo de menos y reine la cerveza calentándose al sol. El valor está precisamente en lo contrario: naturaleza, equilibrio y cierta autenticidad que otros lugares ya perdieron hace tiempo. Por mucho que griten cuatro radicales y sus acólitos políticos, tampoco nos engañemos: estamos a años luz del turismo masificado del sur. Aquí no hay colapsos de pulserita ni playas convertidas en parkings humanos. Hay quienes vienen a Asturias a pasar sus vacaciones atraídos por sus maravillas. El turismo sigue siendo, sobre todo, una oportunidad. Y de eso viven muchos, no estando en esta tierra nada sobrados para aborrecer y maldecir los negocios.
El problema es cuando la regulación pasa de necesaria a obsesiva. Una cosa es evitar abusos —que los hubo, y bastantes— y otra es apretar hasta asfixiar. Lo de algunos chiringuitos era un chiste bien montado: “temporales” que llevaban más inviernos encima que un roble. Que se haya aprovechado el vacío legal, no justifica esta respuesta diseñada con escuadra, cartabón y mucha cerrazón desde un despacho donde el verano dura lo que tarda en llegar el aire acondicionado.
Cerrar a las doce, esa es buena, como si el verano fuese un retiro espiritual. La gente cena tarde, se alarga, vive. El chiringuito, además de una caja registradora, es parte del paisaje y la idiosincrasia de la playa. Cortarlo de raíz a medianoche es no entender nada. Y luego lo de los coches, los aforos, las medidas al milímetro. El papel soporta todo lo que en la realidad se desvanece.
Ahora, tampoco compremos sin filtro el lamento hostelero, que es un sector en el que campa mucho profesional de las lágrimas de cocodrilo. Mientras la norma era flexible, encantados. Mientras se podía estirar el concepto de “temporal” hasta hacerlo casi permanente, nadie protestaba. El problema llega cuando toca ajustarse.
Hay que regular, ordenar, proteger y evitar que la costa se desmadre dejando medrar y fomentando el crecimiento de los que apuestan por ello. El turismo no es sólo ruido, es empleo, es movimiento, es futuro. Y en una región que bastante pelea ya contra la despoblación y la falta de oportunidades, quizá no convenga pasarse de puristas.
Asturias no necesita convertirse en Benidorm, pero tampoco en un bonito decorado donde todo cierra y nos complican ser felices.
¿Qué opinas?
Sin comentariosXiringüelu y nada más
Por Álvaro Boro
Es imposible que les cuente lo bueno que es este día, lo felices que nos hace a tantos, si no lo han vivido. Conozco a gente que vino desde el lejano Oriente para tomar unos culetes de sidra, dejarse achicharrar por el sol, recibir unos abrazos y respirar ese polvillo de la arena y quitar mocos negros dos o tres días después.
Abrir la cocina es abrir el corazón
Por Álvaro Boro
Cocinar para los demás, invitar y recibir en casa a familiares y amigos es uno de los actos de amor más sublimes. Una forma primitiva y mundana de tratar de satisfacer las necesidades de quienes nos rodean mostrando todo el afecto que les profesamos y la importancia de su existencia en la nuestra. Se enciende el fuego desde la entrega absoluta para sellar una alianza fraternal y reforzarla.
Nada le puede salir mal a una España que bebe así
Por Álvaro Boro
Lejos de conspiraciones, luces rojas y demás devaneos intelectuales del futbolista, lo que hay que aprender de Marcos Llorente es a beber.
Abrir la cocina es abrir el corazón
Por Álvaro Boro
Cocinar para los demás, invitar y recibir en casa a familiares y amigos es uno de los actos de amor más sublimes. Una forma primitiva y mundana de tratar de satisfacer las necesidades de quienes nos rodean mostrando todo el afecto que les profesamos y la importancia de su existencia en la nuestra. Se enciende el fuego desde la entrega absoluta para sellar una alianza fraternal y reforzarla.
Native Bonjour: un pedacito de Francia en la costa asturiana
Por María Mieres
Cuando pones un pie dentro de Native Bonjour, quizás lo primero con lo que te des de bruces es un “no hay cachopo” grabado en la espalda de su cocinero, Damien.
Nada le puede salir mal a una España que bebe así
Por Álvaro Boro
Lejos de conspiraciones, luces rojas y demás devaneos intelectuales del futbolista, lo que hay que aprender de Marcos Llorente es a beber.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro Boro
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES