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El hambre según Homero
Son la gula y la abundancia las que están de moda, y ni siquiera sabemos cómo hablar de ellas.
9 de enero 2026
Son la gula y la abundancia las que están de moda, y ni siquiera sabemos cómo hablar de ellas.
Cada vez que enfermo —y por enfermedad puede entenderse una satánica décima de fiebre— no recuerdo cómo era eso de sentirse bien. Lo mismo ocurre cuando estoy sano: no encuentro palabras para describir qué era estar malo. Somos incapaces de rememorar el gozo y el dolor en todo su esplendor. Ocurre con la enfermedad, pero también con el sexo y con la comida. Qué complicado es desmarcarse del estaba asqueroso y del estaba buenísimo. Esta presunta negligencia es en realidad una bendición: nos salva de vivir retorciéndonos en nuestros males o regocijándonos en nuestro placer. Si pudiéramos, no comeríamos, reviviríamos nuestras mejores comidas.
Para recordar comidas en restaurantes o para encontrar nuevos lugares, muchos recurren a influencers de comida o foodtubers. Estos gourmands del siglo XXI, reconocibles por acciones como pedir toda la carta del menú, rebañar con pan hasta dejar el plato reluciente o pronunciar un prolongado mmmm de más de cuatro emes después del primer bocado de cada vianda, comparten un argot profesional caracterizado por el empleo de adjetivos como brutal, dinámico, espectacular, sabroso, rico y de frases como explosión de sabores, bombazo de umami, o fuegos artificiales en la boca. Y cómo olvidarnos de la palabra mágica: toque. Todo tiene un toque. Un toque ácido, un toque dulce, un toque salado. El toque es a los gourmets lo que el bro es a la generación Z. Y a decir verdad, no es cuestión de tomarla con los influencers, es que nadie sabe hablar de comida. Tampoco escribir.
Existen libros estupendos que orbitan alrededor de la gastronomía: I regret almost everything de Keith McNally, Taste de Stanley Tucci, Confesiones de un chef de Anthony Bourdain, Contra los gourmets de Manuel Vázquez Montalbán, El gourmet solitario. Muchos tienen pasajes memorables —el paseo por las dunas de Goro Inokashira o la conversación nocturna de Keith McNally con una enfermera— y sin embargo, ninguno trata estrictamente de gastronomía, sino de experiencias, anécdotas o historias donde la comida es protagonista. Lo que no esperaba es que la Odisea entrara en el grupo de libros gastronómicos pues está plagada de referencias a la comida y, más concretamente, al hambre.
En el Canto VII de la Odisea, después de días de naufragio, Ulises se encuentra a las orillas de un río con Nausícaa, princesa de Esqueria. La princesa urde un plan para que Ulises pueda llegar a palacio sin levantar rumores entre los ciudadanos. Una vez allí, Ulises conoce a Alcínoo, el gran monarca de la región, quien queda impresionado por su presencia y comienza a adorarle como si fuera un ser divino. Ulises le para los pies, no por molestia ni por herejía, sencillamente tiene hambre1: «No obstante, permíteme cenar a pesar de mis penas, pues un estómago vacío es algo muy molesto y se hace notar por muy tristes que sean las circunstancias de un hombre. Estoy muy apenado, pero, aun así, él insiste en que coma y beba, me pide que deje de lado mis pesares y me ocupe solo de llenarlo.»
El hambre. Ya nadie habla del hambre. Quizás ya no interesa el hambre. Basta con observar el interés que suscitan los vídeos del Patica o de Esttik, personajes con millones de seguidores que se atiborran delante de una pantalla. Ellos nunca han pasado hambre, y yo tampoco, y apostaría que la mayoría de personas que entran a leer un artículo en sustrato tampoco, y sin embargo es sencillo conectar con lo que escribe Homero.
En todos los encuentros entre Ulises y un nuevo pueblo, se repite la misma secuencia. Primero se recibe a los forasteros y se les da tiempo para llenar su estómago. Después comienzan las preguntas. Así recibe Eumeo, el porquero, a un Ulises disfrazado de viejo mendigo cuando por fin llega a Ítaca: «Pero ven adentro y, cuando te hayas saciado de pan y vino, dime de dónde vienes y cuéntame tus desventuras.»
Y continúa en el Canto XVII, una vez en Ítaca, cuando Ulises es despreciado por los pretendientes de Penélope, que le lanzan taburetes y le menosprecian porque no saben que detrás de ese mendigo hambriento está el verdadero rey de Ítaca. «Estoy acostumbrado a que me peguen y me lancen cosas. Me he llevado tantos golpes en la guerra y en el mar que estoy acostumbrado, puedo soportar algunos más. Pero un hombre no puede ocultar un estómago vacío; ese es un enemigo que causa muchas dificultades a los hombres, por eso botan las naves para surcar el mar y hacer la guerra contra otros pueblos.2»
El hambre ya no genera guerras, ahora son el petróleo y los microchips los que suscitan los conflictos. Tampoco genera contenido ni vídeos de YouTube; son la gula y la abundancia las que están de moda, y ni siquiera sabemos cómo hablar de ellas.
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1 Versión en prosa de Samuel Butler editada por Blackie Books.
2 Dejo varios ejemplos de la Odisea donde el hambre y la comida están presentes:
En el canto XII:
«Un juez no se alegra más de volver a casa a cenar, después de entretenerse en el tribunal con los casos más complicados de lo que me alegre yo al ver asomar otra vez la balsa en el remolino.»
En el canto XIII:
«Pero Ulises no dejaba de mirar al sol, como animándolo a ocultarse, pues estaba deseando ponerse en camino. Igual que quien se ha pasado el día arando un campo se alegra cuando cae la noche y puede ir a cenar, pues las piernas le sostienen con dificultad, así se alegró Ulises cuando se puso el sol.»
En el canto XVII:
«Atenea fue adonde Ulises y le animó a mendigar trozos de pan a cada uno de los pretendientes para ver qué clase de personas eran y distinguir a los buenos de los malos; aunque, pasara lo que pasara, no pensaba perdonar a ninguno»
«Antínoo, te preocupas tanto por mi interés como si fuese tu propio hijo. ¿Por qué quieres echar a este forastero de la casa? No lo quieran los dioses. Coge alguna cosa y dásela tú mismo, te lo ruego. No te preocupes por mi padre ni por ninguno de los criados de la casa, aunque sé que no harás lo que te pido, pues te gusta más comer que dar comida a los demás.»
«Un hombre no conoce el dolor si lo golpean mientras lucha por su dinero, sus ovejas o su ganado, y Antínoo me ha golpeado mientras yo estaba al servicio de mi estómago, que siempre mete a la gente en dificultades.»
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