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El problema del buen monstruo
O sobre la domesticación de lo raro
10 de septiembre 2026
Estoy cansado de los monstruos amables.
Preparando un taller sobre el gótico me encontré con un video de Roberto Chuit Roganovich1 en el que hablaba sobre Drácula. En un momento del programa nos alerta de los buenos monstruos, popularizados gracias a diferentes películas de los últimos años. Desde Shrek hasta Mike Wazowski, pasando por los Na’vi de Avatar, son muchos los relatos sobre monstruos simpáticos y marginalizados. Por otro lado, tenemos a Edward Cullen, La Bestia o Joe Black, seres oscuros y atormentados pero que al final revelan un trasfondo humano con el que podemos empatizar. A primera vista estas narrativas pueden parecer loables, historias que nos muestran cómo el otro, el diferente, el marginalizado, es la verdadera víctima. La monstruosidad como aquello que no surge del monstruo per se, sino de nuestra mirada ignorante. Podrían parecer una oda a la tolerancia y al respeto hacia lo desconocido, contener una valiosa lectura queer y el antirracista… ¿No? Bueno, es más complejo que todo eso.
En todas estas historias se nos insta a empatizar con el monstruo siempre y cuando este pierda su capacidad de incomodar. Surge así el problema del buen monstruo, mediante el cual la diferencia se neutraliza y se vuelve edulcorada. Aquella línea de fuga que se escapaba de los moldes preconcebidos es rápidamente atrapada y reconducida. A mí me parece particularmente interesante lo incategorizable, aquello que molesta, la extrañeza que incomoda. Creo que hay algo de valor en los espasmos musculares que les genera a ciertas personalidades al escuchar el lenguaje inclusivo2. Por eso creo que vale la pena que pensemos, ¿realmente aceptamos al monstruo o solo aceptamos la estética de la diferencia cuando se adapta a nuestros esquemas mentales? ¿Es siempre lo monstruoso realmente tan emancipador como creemos?
Estéticas pseudo-monstruosas
Yo mismo defendí en su momento3 las estéticas Camp y Trash como antídoto a las estéticas de pulcritud neo-reaccionarias.4 Feísmo y monstruosidad contra los clean looks y lo minimal. La autenticidad de los vlogs de Emma Chamberlain recién levantada frente a los “buenos genes”5 de Sidney Sweeney. “Curated messy life”6 frente a vidas ficticias de influencers con los que nadie puede ya identificarse. French lana del rey vogue cigarettes frente a detox anti-aging guasha running club.
A día de hoy, sin embargo, me doy cuenta que tanto lo Camp como lo Trash se han convertido en estéticas del buen monstruo. Perfiles contra el perfeccionismo y la artificialidad pero que se revelan tan artificiosos como cualquier otro, o incluso más, puesto que estos además de verse bien deben parecer que no requieren esfuerzo alguno. Antes me apelaban particularmente estos perfiles que parecían descuidados y contrahegemónicos, pero ahora reafirmo lo que dice Javier Pomares: “No eres nonchalant, eres un puto pringado”7.
Ofèlia Carbonell8 y Núria Gómez Gabriel9 ya apuntan cómo estas estéticas intentan convertir lo feo, lo grotesco y también lo podrido en agradables, cool y deseables. Estéticas extractivistas que pretenden recoger unos cuantos símbolos, capitalizarlos y despojarse de ellos cuando ya estén completamente vacíos de significado. Son numerosos los ejemplos al respecto: el heroin chic de los 90s, el fracaso del punk, lo effortless o incluso un intento del grunge clean girl.10
Miu Miu, una marca con una estética propia de modernita de Barcelona fue capaz de darse cuenta de esta tendencia ya en 2023 y apostar por esto.
«Pero espera un momento. Llevaba el pelo un poco revuelto, las medias le quedaban por encima de la camiseta y… ¿acaso a veces no llevaba pantalones? «¡Me encanta! Si fuera más joven, saldría en bragas», dijo Miuccia Prada tras el desfile, estallando en carcajadas.11 Pelo revuelto, SÍ, pero sin renunciar a la delgadez. Ser monstruoso se convierte en una pose simpática, sexy, una gracia inofensiva para distinguirse entre los distinguidos. Pero cabría pensar: ¿qué cuerpos pueden permitirse esto sin ser tachados de ser aberrantes?
La fetichización de las raras
Dos personalidades de internet que me interesan mucho son Ivy Wok y Mackenzie Thomas, dos chicas de Nueva York que son excéntricamente raras de manera desacomplejada. Ellas también apuntan cómo podría parecer que algunos chicos tienen interés por las raras, cuando realmente lo que quieren es la estética diluida y vacía de contenido. Decía Zizek: “El goce se tolera, incluso se promueve, siempre y cuando sea saludable, siempre que no atente contra nuestra estabilidad psíquica y biológica: chocolate, sí, pero sin grasa; Coca Cola, sí, pero sin azúcar; café, sí, pero sin cafeína; cerveza, sí, pero sin alcohol; mayonesa, sí, pero sin colesterol; sexo, sí, pero sexo seguro...” y me atrevería a añadir monstruos si pero sin monstruosidad. “Lo que estamos presenciando hoy es la mercantilización directa de nuestras experiencias: en el mercado compramos cada vez menos productos (objetos materiales) que queremos poseer, y adquirimos cada vez más experiencias de vida”. Queremos la cosa desprovista de su esencia. La otredad solo nos interesa como algo fácilmente empaquetable y digerible para que no nos perturbe demasiado. Decía Ivy Wok: “y’all say y’all want an idiosyncratic bitch, but when a real scary ass hoe show walk up to you with real darkness, they start getting scared”12. Otro tiktok que creo refleja bastante bien el problema del buen monstruo es el siguiente:
Monstruos queer
Decía Samantha Hudson en una conversación con Alana S. Portero: “Para mí lo trans ahora es antagónico a lo travesti”13, haciendo referencia a que lo trans se ha convertido en una suerte de buen monstruo, una identidad fija y estable dentro de los moldes aceptables. En contraposición, lo travesti emerge como aquello inclasificable que ya defendía Paul B. Preciado: “Prefiero mi condición de monstruo a las de mujer u hombre, porque esa condición es como un pie que avanza en el vacío y señala el camino a otro mundo”14. En la misma línea, Samantha continuaba: “Travesti tiene una cosa muy mágica que implica que has cogido la inmundicia que han vertido sobre ti y te la has puesto como un atuendo maravilloso”(...) “Mi género es la confusión”15
Se trataría, entonces, de mantenerse al margen, de negarse a ser asimilada y perder la esencia. Según Susy Shock: "Reivindico mi derecho a ser un monstruo ¡Que otros sean lo Normal!"
El buen monstruo puede parecer emancipador a primera vista, pero también es una manera de domesticar la diferencia. Es darnos un trozo de carnaza para mantenernos contentos mientras todo sigue igual. Convertir al otro en el buen salvaje que nos alimenta el ego no tiene ningún mérito; aprender a convivir con incomodidad, con paciencia ante la ambigüedad del otro, eso es lo más difícil y a lo que deberíamos aspirar.
1 Aquí menciona Roberto el concepto del buen monstruo. También pude hablar personalmente con Roberto sobre los monstruos.
2 Rubius desactiva el lenguaje inclusivo en Spider-Man 2
4 “A diferencia del horror tradicional, que se articula alrededor del miedo a la oscuridad o a lo desconocido, el horror blanco emerge cuando descubrimos que aquello que parecía natural está construido. Que aquello que se presenta como neutro es, en realidad, una forma de poder. El blanco impecable. La familia perfecta. La institución respetable. La estética “sin filtros” que promete neutralidad mientras delimita quién pertenece y quién queda fuera.” Núria Gómez Gabriel. Lo que el bótox nos impide ver.
5 "Sydney Sweeney Has Great Jeans" American Eagle Ad | Know Your Meme
7 No eres nonchalant, eres un puto pringado | Javier Pomares
8 Podrir-me al llit - Avui, ser desagradable se sent com una revolució
9 Feminisme gòtic. pág.68-71. Núria Gómez Gabriel e Ingrid Guardiola.
11 Miu Miu Fall 2023 Ready-to-Wear Collection | Vogue
12 Apply within if you like terrifying, idiosyncratic baddies.
14 Yo soy el monstruo que os habla. Paul B. Preciado
15Mi género es la confusión | Samantha Hudson ESDLB Live Ep.568
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