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Horizonte de la primera fila
3) Reclamo una primera fila donde quepan algo más que desgraciados, megalómanos tristes y celosos. Una donde entren enamorados y generosos.
24 de agosto 2026
3) Reclamo una primera fila donde quepan algo más que desgraciados, megalómanos tristes y celosos. Una donde entren enamorados y generosos.
A estas alturas todos deberíamos saber jugar a la ventriloquía. También deberíamos ir sabiendo que no solo la bilis sabe hacer alquimia. Tristemente, de profetas resentidos está repleto este edificio de palabras y mentiras cobardes. El don de la hipérbole, y no su tentador abuso deformador, se concede a aquellos que también saben guardar algo más que silencio. Como todo don, este también es caprichoso.
Es cierto que la huida del juego de fuerzas de los valores, es decir, la capacidad de relacionar una serie de valores, hechos y atributos en relación a unos fines determinados, sean estos últimos o relacionales, y por tanto, determinar que en relación a estos fines hay unos atributos más deseables que otros, unos que potencien una serie de posibilidades o por si el contrario las anulen, acaba por producir una rendición total a los hábitos de la ley y la norma, o si se quiere, del mercado. También es cierto que con la valoración viene la fricción y si nos ponemos hegelianos… que con la identidad, la diferencia. ¡Ojo! Fricción no implica violencia, censura, moralización. Urge empezar a hacer juegos de fuerzas sin caer en el belicismo genocida que conduce y termina inevitablemente con la relación Pensar = Dominar, pero, volvamos. Ser explícito con las valoraciones sin ser cobarde, es decir, pasar del programa a la acción, implica necesariamente una primera fila1, que, por cierto, recordémoslo, no es incompatible con un pluralismo estético y epistemológico. Algo de esto sin duda sabía Susan Sontag.
En relación a la primera fila, quisiera ampliar el gesto y añadir un poco de tensión a esta dialéctica que debemos poner en desarrollo. Porque sí, hay ciertas dinámicas que resulta incluso ridículo criticarlas, más sobre esto luego.
1) La primera fila no debe, bajo ningún sentido, ser un retorno.
Hay que abrir bien los ojos, pues las quimeras de la ruptura y la transgresión así como se visten de brisa, mutan en formol. El simulacro del canalla.
2) La lengua del sofista la llevamos denunciando más de dos milenios desde los cuarteles filosóficos. Examinemos seriamente qué se ha hecho al respecto.
Pero seamos sinceros, lo que nos molesta es la estupidez, no la palabra cosificada, palabra-medio, palabra-objeto… pues con los brillantes perversos… Si no estamos de acuerdo con esto, examinemos las consecuencias de lo que afirmamos. Veamos hasta qué metafísica nos conduce.
3) Reclamo una primera fila donde quepan algo más que desgraciados, megalómanos tristes y celosos. Una donde entren enamorados y generosos, personas al servicio de una palabra que no sea su palabra.
Que no solo queremos grieta, también queremos horizonte.
Y sí, es bueno empezar a decir lo que ya se dice sobre este circo-templo plagado de mercaderes, porque el tufo lo olemos ya muches, un hedor perfumado con colonia barata y relamida, que a veces, quizás nos dificulta respirar, y otras, digámoslo, nos ofrece el regalo de denuncia fácil, evidente.
4) Pido también una primera fila que no sea otro microcosmos derivado de una patética competición de onanistas crónicos.
Queremos una primera fila, sí, pero recordemos el motivo.
Y cuidado, que aquí a todos nos gusta esto de que las propias palabras nos dictan su necesidad, pero luego… Otra vez confundiendo ritmo y melodía en esto de bailar.
Advertencia: Debo decir, antes de proseguir con este juego de voces, que no he leído el libro, que lo estoy yendo a buscar, pero he decidido aún así, empezar un gesto, contestar, que por algún lugar hay que empezar.
5) «Qui parle (dans le récit) n’est pas qui écrit (dans la vie) et qui écrit n’est pas qui est.» El que habla (en el relato) no es el que escribe (en la vida) y el que escribe no es el que es. Frase que recoge Jean-Yves Jouannis de una mujer en un café, que se ve que es de Roland Barthes, eso supo, o le dijeron, décadas después. Recordémoslo: El que habla (en el relato) no es el que escribe (en la vida) y el que escribe no es el que es.
Pero si algo atraviesa todo esto, lo impregna y lo rebosa, es esa idea tan puñetera con una genealogía tan concreta, ese invento que, y aquí pongo mi nombre y apellido, tanto me impacta, me rebosa y me fascina. Claro está que no soy el único. Y este algo, siento decirlo, es: lo genial del genio. Ahora bien, añadamos un asterisco. *. Normalmente lo genial es eso: genial. La experiencia estética que produce es una muy concreta, una experiencia que queda monopolizada por la experimentación de lo genial, que por supuesto que es lo que anhelo y deseo, que también me frustro muchas veces cuando sé que está bien lejos, tan lejos que resulta obsceno, que de tan ridículo parece irreal, pero otras, en el espacio disponible por la ausencia de genialidad, en la pluralidad de las expresiones, encontramos cosas esperables y otras que, liberadas del yugo de lo genial, afloran con una tenue luz que nos emociona sin presionar, sin vértigo, y permite una textura más compleja, más plural, de una bella concreción que también debe ser leída y celebrada, una belleza felizmente liberada de la firma.
6) Hay un poder que no es sumisión; leámoslo.
Al mismo tiempo que hay que hundirse en la fricción y el barro, ya es hora de que dejemos de citar a Audre Lorde y Úrsula K. Le Guin y nos las tomemos en serio algunos días y semanas. El espacio que ocupan las letras en el texto lleva consigo un reparto de lo sensible, una forma de relación, un régimen de lo posible, no seamos ingenuos.
7) En vez del veneno, o además del veneno, propongo el contagio, la permeación.
Contra el paradigma del veneno, quisiera pensar en la posibilidad de la plasticidad. Palabras como abejas que polinizan y sostienen a ecosistemas enteros produciendo dulce miel.
Hay veces que las palabras han sido un claro y me han permitido dormir en ellas con el calor de un sol sostenido. Quisiera una excelencia que no las lanzara como dardos sedientos. La grieta tiene muchas formas y siempre he creído que de ella emerge una lágrima que es como la piedad.
Gracias Jorge por pedir ayuda y apelar al núcleo de la responsabilidad, algunos, al menos yo, aunque muchas veces me equivoco, nos lo tomamos en serio. Está claro que tenemos que ser unos cuantos, a poder ser muchas. Yo también lanzo el guante o paso el relevo, esto ya, según se mire.
Como llegué al final y lo mejor era no compartir, decidí contestar.
1 Este artículo es una respuesta directa a lo escrito por Jorge, sin su articulo se puede entender el texto, pero el sentido es el diálogo.
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