Diseños

En verano, ornitofilia y billetes

Tras anunciarse el rediseño de los que serán los últimos billetes de euro, analizamos esta decisión desde una perspectiva histórica y estética.

5 de agosto 2026


Hace unos días Christine Lagarde, la presidenta del BCE, anunció el rediseño de los billetes de euro, a través de un concurso con 1.241 candidaturas, 94 de ellas presentadas por estudios españoles. Se seleccionaron 39 propuestas, de las cuales solo 10 han pasado a la fase final. Esta fase final del concurso consiste en una encuesta a la ciudadanía que se tendrá en cuenta para el voto final del jurado, compuesto por diseñadores, ilustradores, expertos en seguridad y especialistas en neurociencia.

En el concurso se proponen dos temáticas: “Cultura europea. Espacios culturales compartidos” y “Ríos y aves. Resiliencia en la diversidad”. En la primera, observamos figuras históricas ilustres en diversos ámbitos (3 hombres y 3 mujeres), en cuyos reversos aparecen escenas actuales relacionadas con la disciplina que representa cada personaje (ciencia, música, literatura…). Se pretende reforzar la idea de patrimonio cultural compartido entre los diferentes países pertenecientes a la Unión Europea.

El segundo tema se inspira en los ecosistemas europeos y las especies de aves más representativas de nuestro continente. En el reverso, de forma un poco distópica a mi parecer, se muestran los edificios de instituciones como puede ser el Parlamento Europeo. Algo así como las especies autóctonas y lo que se las está cargando (industrialización, capitalismo y humanos). Dejando los edificios de lado, el tema ornitológico levanta pasiones en redes. De la estética cottagecore1 y lo whimsical2, llegan los nuevos euros con pajaritos que buscan simbolizar la diversidad en Europa.

Entre los diferentes diseños, independientemente de la temática, hay poca variedad de estilos, predominando el estilo Flat Design combinado con fotorrealismo y ligeros toques de un Corporate Memphis que lleva varios años en decadencia. Sin embargo, hay algunas propuestas que consiguen destacar como por ejemplo la F con la temática cultural y la H siguiendo la de naturaleza. La F tiene una composición muy dinámica en la que se aprecian diferentes texturas y trazos. En la H también se superponen diferentes técnicas. No digo que sean las mejores, de hecho, probablemente la F será la que más detractores tenga. Pero sí creo que son las más interesantes de mirar o las que proponen algo distinto.

Cabe destacar entre las propuestas la “G”, fruto de la colaboración del estudio Cruz más Cruz (Madrid) junto a Rubio & Del Amo (Murcia). La única propuesta española que ha llegado a la fase final. Algo curioso de este diseño vertical es su composición en cuatro bloques que permiten leer la palabra EURO al girarlo horizontalmente. Otra curiosidad, es que no es la primera vez que un Cruz diseña un billete, José María Cruz Novillo, el padre de Pepe Cruz y el hombre que diseñó España, fue el encargado de diseñar las pesetas de la Transición. Cruz Novillo también presentó una propuesta cuando se diseñaron los primeros euros, pero finalmente el diseño escogido fue el de Robert Kalina, con los elementos arquitectónicos (puertas, ventanas y puentes) que tenemos hoy en día en nuestras carteras y que no pertenecen a ningún país en concreto, sino que son representaciones de varios estilos europeos.

El briefing en su momento fue el mismo que ahora, un diseño que no simbolice a ningún país y a todos al mismo tiempo. Se busca un diseño que refuerce la identidad europea. Ese objetivo tenía sentido en el diseño de los primeros euros cuando la Unión Europea no llegaba a los 10 años de formación. Ahora la UE tiene 33, como Jesucristo cuando murió, aunque nuestra joven millenial no está crucificada, al menos de momento. Entonces, si los billetes no llegan al cuarto de siglo, ¿qué necesidad había de cambiarlos? Por un lado, puede haber motivos de seguridad, es decir, hacer que sean más difíciles de falsificar. No descarto esa opción, sobre todo con los avances tecnológicos de los últimos años, aunque me decanto por pensar que se trata de relanzar el mensaje del 2002, ese de la identidad europea.

Históricamente la emisión de moneda (y billetes) ha sido un medio de comunicación masivo propagandístico. El poder siempre ha utilizado la moneda para reforzar ideas de los diferentes regímenes políticos. Cualquiera que llegara al poder lo primero que hacía era emitir una nueva moneda para legitimar su autoridad y su ideología. Por ejemplo, cuando Alfonso XIII comenzó su reinado, las monedas incluyeron su cara y el escudo de España, además de un grabado que decía “Por la gracia de Dios”, en definitiva, un mensaje que deja claro quién manda y por qué. Durante la Segunda República, en algunas monedas aparecía una mujer que representaba La República y en otras, otra mujer, Hispania. En el reverso, incluían imágenes de industria o agricultura que representaban al pueblo trabajador.

En la actualidad, se sigue usando el dinero como medio de comunicación ante cualquier situación de conflicto. En este caso es innegable que el auge de los nacionalismos está detrás de esta decisión de cambio. Los diseños de ambas temáticas construyen una narración sobre quiénes somos como europeos y la conservación de nuestro patrimonio (cultural o natural). En la cultura eligen figuras de mujeres y hombres de diferentes lugares, porque “todos somos iguales”. En la naturaleza, pájaros que migran y ríos que unen países, alejándonos de las fronteras administrativas. El hecho de pedir la participación ciudadana es una parte más de buscar el sentimiento de pertenencia a la comunidad europea. Este cambio de diseño, que podría quedarse en “bonito” o “feo”, tiene detrás un mensaje disfrazado de neutralidad que han sabido edulcorar lo suficiente para que no exista una gran oposición por parte de las derechas acusando al Banco Central Europeo de wokismo3.

Un billete no solo comunica un mensaje, debe ser difícil de falsificar, bonito y representativo de la identidad de un país o países. También debe tener un diseño universal para conseguir que sea funcional. Más allá del aspecto debe ser fácil de reconocer y de recordar. Hay que tener en cuenta que un billete es el objeto con más usuarios y más diferentes entre sí. Niños, mayores, personas con diversidad funcional (física o intelectual) y de diferentes procedencias (turistas o inmigrantes). De ahí que haya neurocientíficos como parte del jurado para decidir los nuevos billetes de euro.

La convocatoria a la ciudadanía está abierta hasta el 21 de septiembre. El Consejo de Gobierno ha anunciado que la decisión definitiva se tomará a final de año y será entonces cuando comience la fase de desarrollo técnico y fabricación, que se puede prolongar varios años. Confiamos en que para entonces todavía sigamos utilizando algo de dinero físico, ya que muy probablemente estos sean los últimos billetes que conozcamos. Quizá cuando desaparezcan los billetes de pajaritos bajo monedas digitales, digamos eso de: “Solían gustarme, cuando estaba contigo, hasta las putas gaviotas”.



1 Tendencia cultural y estética que celebra la vida rural tradicional, la simplicidad y la naturaleza. Utilizan colores y materiales de la naturaleza y detalles como flores silvestres, aves y animales del bosque.

2 Estilo que propone dejar atrás el minimalismo y sustituirlo por lo fantasioso e infantil. Se trata de buscar aquello que nos hacía felices de pequeños, desde inspiración en cuentos de hadas hasta un parque de juegos.

3 Sectores conservadores, de derecha y de extrema derecha utilizan la palabra "wokismo" de forma crítica o despectiva para hacer referencia a movimientos progresistas centrados en la defensa activa de los derechos de las minorías.

4 Tendencia cultural y estética que celebra la vida rural tradicional, la simplicidad y la naturaleza. Utilizan colores y materiales de la naturaleza y detalles como flores silvestres, aves y animales del bosque.

5 Estilo que propone dejar atrás el minimalismo y sustituirlo por lo fantasioso e infantil. Se trata de buscar aquello que nos hacía felices de pequeños, desde inspiración en cuentos de hadas hasta un parque de juegos.

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