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Hasta cuándo
Mientras tanto, en Israel el demonio Ben-Gvir, ministro de seguridad, descorcha botellas de champán por todos los palestinos que ahora podrá matar legalmente
9 de abril 2026
Escribí en enero sobre Venezuela y me llovieron collejas. Luego fue lo de Groenlandia, y ahora lo de Irán. Mi punto entonces, y quizá no me expliqué bien, es que eran las maniobras de un tirano peligroso, grotescas, fuera de toda ley u orden, y que aún cuando tocaban a un régimen igualmente tiránico, los pretendidos demócratas debíamos decir o hacer algo, porque los siguientes podíamos ser nosotros. El martes este tirano amenazó con arrasar todo un país (sus palabras exactas: “toda una civilización morirá esta noche”) y el mundo entero tembló por la sombra de la guerra nuclear, apenas si oculta en su amenaza (temblamos, sí, porque sospechábamos que era un farol, la famosa Teoría del Loco…). La pregunta es: hasta cuándo. Ahora este tirano y sus payasos encabezados por el borracho Hegseth aúllan por un éxito total; por el proverbial arte del deal de su jefe, deal que ha conseguido 1) fortalecer a Irán, mucho más cohesionado que antes de la guerra, 2) otorgarle el control del estrecho de Ormuz, que ha demostrado puede abrir y cerrar a voluntad, y con ello el pescuezo de la economía mundial, 3) mostrar al emperador desnudo, a pesar de todos sus soldados, bombas y misiles, y 4) mostrar el paraíso hueco de los países del Golfo, nada más que arena, rascacielos y petróleo (que ya no es seguro que puedan vender). A ello habrá que sumar el posible levantamiento de sanciones y la retirada de bases de Oriente Medio, con lo cual salta a la vista que éste es el negocio del siglo. ¿Qué pasará, sin embargo, en quince días, cuando Trump se dé cuenta de la jugada?, ¿qué pasará cuando los iraníes digan que no cruzará un sólo barco que no pague sus dos millones de dólares, que destinarán a reparaciones?, ¿qué pasará mañana, hoy cuando Israel siga bombardeando Líbano, por alguna razón excluido del alto el fuego, e Irán decida también saltárselo?, ¿volverá a amenazar con la bomba?, ¿volverá a afilar el sable?, ¿volveremos todos a contener el aliento, en vilo, a la espera de lo que a este miserable se le ocurra hacer?
Hasta cuándo. Hasta cuándo vamos a seguir tolerando esta podredumbre, esta inmundicia, esta extraordinaria vileza. Mientras tanto, en Israel el demonio Ben-Gvir, ministro de seguridad, descorcha botellas de champán por todos los palestinos que ahora podrá matar legalmente, merced a una ley que lo habilita, en Cisjordania, a ahorcar a todos aquéllos (no judíos) condenados por terrorismo por un tribunal militar; y en Hungría Viktor Orbán, el ratoncito de Putin, a quien gusta susurrar, cariñoso, en su oído “estoy a tu servicio”, recibe en campaña a la rata Vance, que a su vez se queja de “interferencias” en el proceso electoral por parte de países europeos. ¿Hasta cuándo vamos a fingir que no son amigos unos de otros, que no están alineados sus intereses, sus perfidias, sus visiones del mundo?, ¿hasta cuándo vamos a fingir que no vienen a por nosotros, que no estamos cercados, rodeados de matones insensibles listos para disparar a la primera de cambio?, ¿es que no vamos a hacer nada?, ¿es que todo lo que podemos dar son tuits, strongly worded statements (como éste)?, ¿es que lo mejor que tenemos son Rutte, ese Randall, esa sabandija, chivato de patio de colegio; o la tundra Von der Leyen, dispuesta a renunciar a todo lo que somos en cuanto vienen mal dadas?
Yo no sé hasta cuándo, pero más bien convendría que fuera pronto.
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