El sábado por la mañana Estados Unidos bombardeó Venezuela so pretexto de los lazos con el narcotráfico del presidente Maduro, que fue capturado y llevado en avión a Nueva York para ser juzgado. El motivo real, por supuesto, no es ése sino los pozos de petróleo del país, que ahora pasarán a estar bajo control de compañías norteamericanas*. En la rueda de prensa posterior Trump aprovechó para amenazar a Colombia (su presidente también estaría metido en el tráfico de cocaína y su entrada ilegal en Estados Unidos) y Cuba (un desastre en general), y reconoció abiertamente que la operación no contaba con autorización previa del Congreso pues “no es el tipo de operación que deba contar con autorización”, y tal cosa hubiese hecho peligrar su desarrollo.
Al menos las invasiones de Irak y Afganistán (e incluso la de Panamá tan recientemente citada), también grotescas e hipócritas, habían contado con el velo de dicha autorización, pero a estas alturas ya para qué. La hipocresía** implica un respeto formal de la norma, aunque por detrás se trate por todos los medios de subvertirla. Ese respeto formal, aún insuficiente, supone como mínimo un obstáculo para que los hombres fuertes de turno no hagan lo que les dé la gana, pero ahora Trump tiene el camino allanado. Ya había demostrado que todo eso le daba igual con Irán o Groenlandia, o en las negociaciones por la paz en Ucrania, pero ahora da un paso más y se lanza a la conquista de un país soberano*** simplemente porque puede, porque es un país pobre e indefenso, aislado y sin amigos y al que nadie va a levantarse a ayudar. Es un retorno a las esferas de influencia, al derecho de la fuerza, y sería ingenuo pensar que China o Rusia no estén ahora mismo tomando silenciosa y atenta nota.
En Europa debíamos llevarnos las manos a la cabeza. Como uno de los pocos y menguantes bastiones de países mal que bien democráticos, tal vez sería éste momento de desmarcarse con claridad, de señalar y censurar severamente y de poner en marcha mecanismos para castigar la operación. Promover incluso alianzas con otros países o territorios afines. No servirá de nada, por supuesto, pero no es buena idea darles a los tiranos sus deseos en bandeja. A los tiranos les molestan, les estorban las democracias. Hoy quizá no se hayan fijado en nosotros, pero pensar que eso será siempre así es una derrota de antemano.
---
*Trump ha ninguneado incluso a la líder de la oposición (o según todos los indicios, verdadera ganadora, con Edmundo González, de las últimas elecciones), María Corina Machado, de quien ha dicho “no cuenta con los apoyos suficientes” en el país y no está, en fin, en posición de gobernarlo ahora mismo.
**Por supuesto, si hemos llegado hasta aquí es porque esa hipocresía ha alcanzado cotas tales que la gente se ha hartado y ha optado por huir hacia delante. Pero tal vez en vez de huir hubiéramos debido detenernos, pensar, restaurar o reformar en lo posible.
***Por muy dictatorial que sea un país y podridas estén sus elecciones, el derecho internacional prevé mecanismos para corregir todo ello. No es buen programa lavar un crimen con otro crimen.