Jeffrey Epstein y la teoría de los murciélagos

¿Me estoy volviendo loco?‍ Nunca me había sentido igual de lúcido que estos últimos días.

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Desde hace un tiempo, cuando no puedo dormir, pienso en Jeffrey Epstein. Con la edad he aprendido a convivir con una naturaleza obsesiva. Mi cabeza funciona por fijaciones. Mi madre, de quien quizás heredé esta tendencia, los llama “murciélagos”: pensamientos intrusivos que no te permiten descansar, que se enganchan a tu materia gris como alambre de espino. En mis peores agobios, cuando algo personal me asfixia, la mejor estrategia que conozco, por ahora, consiste en encontrar otro hilo del que tirar. Alguna otra obsesión neutral, que no contenga una carga emocional inasumible. Últimamente, Jeffrey me resulta útil. Cuando no puedo dormir, me digo: vamos a repasar los datos que conozco del Caso Epstein. Enumero los hechos. Perfilo los interrogantes.

Hay un pequeño problema con el sudor. Porque… yo… tengo una condición médica peculiar que es que no sudo, o que no sudaba. Sí… no podía sudar, porque había sufrido lo que yo llamaría una sobredosis de adrenalina cuando me dispararon en la Guerra de las Malvinas. Simplemente, era casi imposible que yo estuviera sudando.

Las conspiraciones son aspectos. No tienen que ver con cómo las cosas son, sino con cómo se te aparecen. Como una constelación o un espectro, solo existen si se perciben. Su influencia en nuestro mundo es abstracta, inasible, pero poderosa. Como el pánico, están porque no están. La aparente ausencia de amenaza es lo que hace intolerable el efecto.

P: ¿Puede decirnos, su nombre, por favor?

R: Jeffrey Epstein

P: ¿Es verdad que tiene usted lo que ha sido descrito como un pene con forma de huevo?

Una conspiración es un laberinto de espejos. La pregunta es con cuál te vas a dar. Primer paso: Jeffrey Epstein abusó sistemáticamente de decenas de menores. La isla. Virginia Roberts. Las hermanas, ¿cómo se llamaban? ¿En qué año…? Las fotos que desaparecieron. Segundo paso: un número sustancial de amigos y socios de Jeffrey Epstein participaron en el abuso. Noam Chomsky. Larry Summers. Woody Allen. Bill Clinton. El gorro de vaquero de Kimbal Musk. Elon Musk preguntando cuándo será la fiesta más loca en Little St. James. Epstein la llamaba Little Sr. Jeff. Epstein compró la isla en 1998. Kevin Spacey y Kevin Hart en el avión. Lolita Express. Todo el mundo lo sabía. Tercer paso: Jeffrey Epstein guardaba pruebas del abuso como material para la extorsión. Hay un término para ello cuando es una operación: honeypot. Pero, ¿fue un plan o un efecto? En un email enviado a sí mismo, Epstein parece estar elaborando una intrincada amenaza dirigida a Bill Gates, de quien afirma que le solicitó ayuda para medicar con antibióticos a su mujer, Melinda, para evitar revelar que había contraído una infección de transmisión sexual.

Una conspiración es como un amigo peligroso. Su presencia, al principio, te acelera y te estimula. Es divertido, impredecible y está un poco loco. Pero, con el tiempo, dejas de creerte las cosas que salen de su boca, te planteas si te merece la pena su forma tóxica de desaparecer, de hacer como que no te conoce. Te preguntarás si el hambre de experiencia no esconde el reverso oscuro de una vida insaciable, una dirección enfermiza, una huida hacia delante de uno mismo. Estarás exhausto, aburrido. Podrás dejarle ir, poco a poco. O podrás quedarte, pero deberás tener cuidado con no volverte loco buscando el fondo del abismo.

La estatua del gorila en la isla. Alexander Acosta. 2017, 2019. Los cables sueltos de la casa de Palm Beach en 2005, como si uno o varios ordenadores hubieran desaparecido. ¿Quién avisó a Epstein de que estaba siendo investigado? El pasaporte austriaco. El tipo del pasaporte era… Tenía algo que ver con el petróleo y con Arabia Saudí. El pelo afro de Epstein en los años setenta. La estatua de una mujer negra vestida de novia, con aspecto cadavérico, que colgaba de una cuerda en mitad de la casa de Jeffrey Epstein en Nueva York.

Desde Adán y Eva, las mujeres han cargado con la culpa de los pecados de los hombres.

El templo.

Otro paso: las élites globales realizan rituales, de carácter satánico y pagano. Violan niños y beben sangre de bebé, de dónde nace su poder y la persistencia de su riqueza y su eterna juventud. Miedo y asco en Las Vegas. La mitología de las élites satánico-pedófilas es vieja. Están los Protocolos y Bohemian Grove. George Bush, padre e hijo, masturbándose en el cráneo de Gerónimo. Pero estos referentes renacieron con fuerza a finales de la década pasada, expandiéndose y diluyéndose en teorías de la conspiración como Qanon y Pizzagate. Paranoias colectivas que fueron alentadas y alimentadas por individuos como Steve Bannon. La reunión de Jeffrey Epstein con el fundador de 4chan. El ojo del huracán.

Bannon, durante esos mismos años, mantuvo una estrecha relación con Jeffrey Epstein y aparece, en multitud de mensajes y correos, planeando la rehabilitación pública del multimillonario. Hemos visto, al menos un corte, de la famosa entrevista que llevaba años oculta. Las líneas de lo conocido y lo desconocido se cruzan, las trayectorias se invierten, el aspecto se transforma. Ahora el ímpetu que, en la base republicana, empujó la publicación de los Archivos Epstein aparece en su origen como un reflejo intencionadamente distorsionado. Tiene un nombre sonoro: psyop. Blowback conspirativo.

Limited hangout. Nixon.

Paso por la historia como por las cuentas de un rosario interminable.

Bill Barr, Donald Barr y la Dalton School. Volver al principio. Dinero negro. La CIA. Iran-Contra.

¿Inventó Jeffrey Epstein las microtransacciones? Jeffrey Epstein sigue vivo y está jugando al fortnite en Israel. El padre de Ghislane Maxwell y su muerte en circunstancias misteriosas en las Islas Canarias. El Mossad. Ehud Barack. Los tratos con Mongolia, las fundaciones de Suecia, Leslie Wexner, Eva Dubin, su marido. El sultán.

Ana Obregón. Winnie de Pooh. It’s quite likely that some of our faves are implicated.

¿Me estoy volviendo loco?

Nunca me había sentido igual de lúcido que estos últimos días.

Stanley Kubrick y la última escena de Eyes Wide Shut. Dos figuras, que quizás salieron en la fiesta a comienzos de la película, aparecen en el fondo de la tienda de juguetes. La hija de Nicole Kidman y Tom Cruise le aleja por el pasillo, mientras sus padres hablan y, tras una breve mirada atrás, parece que sigue a los dos hombres. ¿O no? ¿Estás seguro de que no es una ilusión óptica? Stanley Kubrick terminó de editar la película y, una semana después, murió.

Obsesión viene de obsessio, asediar. Estar obsesionado es estar asediado.

Las conspiraciones son como los murciélagos. Animales en el límite entre la naturaleza y la fantasía, salen de noche pero buscan la luz. Tienen colmillos y garras afiladas. Se mueven en enjambres hambrientos que se funden con las sombras. Eluden la mirada, revoloteando con rapidez hipnótica, en trayectorias impredecibles. Cuando pensabas que lo habías atrapado con la mirada, desaparece. Su silueta es un borrón, una interferencia. Su verdad, un agujero oscuro cuya forma apenas aprecias en el punto en el que se curva la luz.

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Hay un pequeño problema con el sudor. Porque… yo… tengo una condición médica peculiar que es que no sudo, o que no sudaba. Sí… no podía sudar, porque había sufrido lo que yo llamaría una sobredosis de adrenalina cuando me dispararon en la Guerra de las Malvinas. Simplemente, era casi imposible que yo estuviera sudando.

Las conspiraciones son aspectos. No tienen que ver con cómo las cosas son, sino con cómo se te aparecen. Como una constelación o un espectro, solo existen si se perciben. Su influencia en nuestro mundo es abstracta, inasible, pero poderosa. Como el pánico, están porque no están. La aparente ausencia de amenaza es lo que hace intolerable el efecto.

P: ¿Puede decirnos, su nombre, por favor?

R: Jeffrey Epstein

P: ¿Es verdad que tiene usted lo que ha sido descrito como un pene con forma de huevo?

Una conspiración es un laberinto de espejos. La pregunta es con cuál te vas a dar. Primer paso: Jeffrey Epstein abusó sistemáticamente de decenas de menores. La isla. Virginia Roberts. Las hermanas, ¿cómo se llamaban? ¿En qué año…? Las fotos que desaparecieron. Segundo paso: un número sustancial de amigos y socios de Jeffrey Epstein participaron en el abuso. Noam Chomsky. Larry Summers. Woody Allen. Bill Clinton. El gorro de vaquero de Kimbal Musk. Elon Musk preguntando cuándo será la fiesta más loca en Little St. James. Epstein la llamaba Little Sr. Jeff. Epstein compró la isla en 1998. Kevin Spacey y Kevin Hart en el avión. Lolita Express. Todo el mundo lo sabía. Tercer paso: Jeffrey Epstein guardaba pruebas del abuso como material para la extorsión. Hay un término para ello cuando es una operación: honeypot. Pero, ¿fue un plan o un efecto? En un email enviado a sí mismo, Epstein parece estar elaborando una intrincada amenaza dirigida a Bill Gates, de quien afirma que le solicitó ayuda para medicar con antibióticos a su mujer, Melinda, para evitar revelar que había contraído una infección de transmisión sexual.

Una conspiración es como un amigo peligroso. Su presencia, al principio, te acelera y te estimula. Es divertido, impredecible y está un poco loco. Pero, con el tiempo, dejas de creerte las cosas que salen de su boca, te planteas si te merece la pena su forma tóxica de desaparecer, de hacer como que no te conoce. Te preguntarás si el hambre de experiencia no esconde el reverso oscuro de una vida insaciable, una dirección enfermiza, una huida hacia delante de uno mismo. Estarás exhausto, aburrido. Podrás dejarle ir, poco a poco. O podrás quedarte, pero deberás tener cuidado con no volverte loco buscando el fondo del abismo.

La estatua del gorila en la isla. Alexander Acosta. 2017, 2019. Los cables sueltos de la casa de Palm Beach en 2005, como si uno o varios ordenadores hubieran desaparecido. ¿Quién avisó a Epstein de que estaba siendo investigado? El pasaporte austriaco. El tipo del pasaporte era… Tenía algo que ver con el petróleo y con Arabia Saudí. El pelo afro de Epstein en los años setenta. La estatua de una mujer negra vestida de novia, con aspecto cadavérico, que colgaba de una cuerda en mitad de la casa de Jeffrey Epstein en Nueva York.

Desde Adán y Eva, las mujeres han cargado con la culpa de los pecados de los hombres.

El templo.

Otro paso: las élites globales realizan rituales, de carácter satánico y pagano. Violan niños y beben sangre de bebé, de dónde nace su poder y la persistencia de su riqueza y su eterna juventud. Miedo y asco en Las Vegas. La mitología de las élites satánico-pedófilas es vieja. Están los Protocolos y Bohemian Grove. George Bush, padre e hijo, masturbándose en el cráneo de Gerónimo. Pero estos referentes renacieron con fuerza a finales de la década pasada, expandiéndose y diluyéndose en teorías de la conspiración como Qanon y Pizzagate. Paranoias colectivas que fueron alentadas y alimentadas por individuos como Steve Bannon. La reunión de Jeffrey Epstein con el fundador de 4chan. El ojo del huracán.

Bannon, durante esos mismos años, mantuvo una estrecha relación con Jeffrey Epstein y aparece, en multitud de mensajes y correos, planeando la rehabilitación pública del multimillonario. Hemos visto, al menos un corte, de la famosa entrevista que llevaba años oculta. Las líneas de lo conocido y lo desconocido se cruzan, las trayectorias se invierten, el aspecto se transforma. Ahora el ímpetu que, en la base republicana, empujó la publicación de los Archivos Epstein aparece en su origen como un reflejo intencionadamente distorsionado. Tiene un nombre sonoro: psyop. Blowback conspirativo.

Limited hangout. Nixon.

Paso por la historia como por las cuentas de un rosario interminable.

Bill Barr, Donald Barr y la Dalton School. Volver al principio. Dinero negro. La CIA. Iran-Contra.

¿Inventó Jeffrey Epstein las microtransacciones? Jeffrey Epstein sigue vivo y está jugando al fortnite en Israel. El padre de Ghislane Maxwell y su muerte en circunstancias misteriosas en las Islas Canarias. El Mossad. Ehud Barack. Los tratos con Mongolia, las fundaciones de Suecia, Leslie Wexner, Eva Dubin, su marido. El sultán.

Ana Obregón. Winnie de Pooh. It’s quite likely that some of our faves are implicated.

¿Me estoy volviendo loco?

Nunca me había sentido igual de lúcido que estos últimos días.

Stanley Kubrick y la última escena de Eyes Wide Shut. Dos figuras, que quizás salieron en la fiesta a comienzos de la película, aparecen en el fondo de la tienda de juguetes. La hija de Nicole Kidman y Tom Cruise le aleja por el pasillo, mientras sus padres hablan y, tras una breve mirada atrás, parece que sigue a los dos hombres. ¿O no? ¿Estás seguro de que no es una ilusión óptica? Stanley Kubrick terminó de editar la película y, una semana después, murió.

Obsesión viene de obsessio, asediar. Estar obsesionado es estar asediado.

Las conspiraciones son como los murciélagos. Animales en el límite entre la naturaleza y la fantasía, salen de noche pero buscan la luz. Tienen colmillos y garras afiladas. Se mueven en enjambres hambrientos que se funden con las sombras. Eluden la mirada, revoloteando con rapidez hipnótica, en trayectorias impredecibles. Cuando pensabas que lo habías atrapado con la mirada, desaparece. Su silueta es un borrón, una interferencia. Su verdad, un agujero oscuro cuya forma apenas aprecias en el punto en el que se curva la luz.

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