Música

KNEECAP en La Riviera: hablar solo de música, si eso es algo posible

El gran punto en común de toda la sala fue un enardecido compromiso político que resultó útil a lo largo de la velada para cerrar grietas entre la heterogénea reunión.

11 de junio 2026


Imagen de Jazmín Castilla (@jazducca)

Kneecap trajeron por última vez a la península su rave-rap en gaélico, inmiscuidos en problemas legales y de censura motivada por sus proclamas propalestinas, mal vistas en el extranjero, pero mejor entendidas en una España donde existe un alto consenso en favor de la causa contra el genocidio en Gaza. Surgió una coyuntura en su gira, con fechas canceladas fruto de estas decisiones extramusicales y el BBK aprovechó el hueco libre en la agenda para darles un espacio de última hora en su cartel, previo paso por la Sala Apolo de Barcelona.


Casi con irlandesa puntualidad, un año después regresan al estado español. Superadas las etapas de guiño soberanista en Bilbao y Barcelona, Kneecap pasaban por Madrid, capital del reino, con un disco nuevo publicado hace poco más de un mes, ‘Fenian’: una actualización más madurada de un sonido emancipado de patrones —un diverso recorrido desde el ‘boom bap’ clásico a la electrónica con alguna novedad más instrumental— En lo discursivo, Kneecap se mantiene orgullosamente en su estanco llamamiento a la rebeldía y a la movilización política esencial de un proyecto bregado en conflictos extramusicales, fruto de su soflama en favor del republicanismo irlandés en territorio unionista o de la causa palestina. En un momento en el que manda la confusión entre el exceso marketiniano convertido en arte, la artisticidad impostada y el engendro resultante de estos juegos de confusión —el maloliente ‘ragebait'—, todo fenómeno cultural invita a que la conversación pública sospeche sobre cuánto del éxito de ese proyecto se origina en lo polémico por encima de lo musical, sospecha que decidimos chequear presencialmente.


Si el problema que ha existido en nuestro territorio para acoger la anglofonía en el contexto del rap es notorio, agravado por las jergas y juegos de palabras del género, el mérito de Kneecap es todavía superior, ya que estos combinan el inglés con el irlandés gaélico. Lo que podría elevar una insalvable barrera idiomática incluso dentro del área de Irlanda del Norte, donde el irlandés gaélico es una lengua altamente minorizada, se ha convertido en un concepto asimilable por el mercado musical internacional. La gran pregunta ante el evento de este martes noche era conocer cuál es el nexo de unión entre el trío de Belfast y el público en este caso madrileño, pero de alcance global.


El paneo del ambiente de la sala no permitía dar con grandes conclusiones sociológicas. Por un lado, el espectro de lo ‘guiri’ entre diferentes uniformidades reveladoras: jóvenes ‘raveros’ de tonos flúor y ‘goblins’ bajo pasamontañas de bandera irlandesa. Por otro, y aumentando la media de edad, futboleros del Celtic o del Bohemians y renegados del Viñarock. El gran punto en común de toda la sala fue un enardecido compromiso político que resultó útil a lo largo de la velada para cerrar grietas entre la heterogénea reunión. Montones de banderas, principalmente de Palestina, algunas menos con estrellas rojas y una del Líbano. Todas examinadas por los miembros de Kneecap del escenario, que, para evitarse nuevos cargos por terrorismo, se aseguraban de estar en conformidad con la legalidad vigente antes de ser celebradas y ondeadas.


En lo relativo al ‘show’, la improbable comunión se logró. La desconexión idiomática se hizo patente al principio, pero conscientes de la situación, Mo Chara, Moglai Bap y Dj Provai, eligieron tomar atajos hacia la juerga, en sacrificio de un posible momento más emotivo con el destacable adelanto de ‘Fenian’ llamado ‘Irish Goodbye’, realizado en colaboración con Kae Tempest y que Moglai Bap dedica a la pérdida de su madre, fruto de una larga depresión. Las canciones más raperas al comienzo para reunir fuerzas y, desde el estribillo facilón de su ‘Get Your Brits Out’, el bolo rodó por la pendiente de las consignas políticas, que indudablemente son el factor aglutinador de su fanatismo y numerosos conatos de pogo que iban fundiendo sus fronteras por un bote masivo del que nadie estuvo a salvo en su tramo final. Para sus dos últimos temas, ‘H.O.O.D.’, su canción insigne, y ‘No Recap’, el violento calambrazo de ‘drum n’ bass’ que lanzaron en su momento de mayor presión mediática y judicial, incitaron en la pista ese peligro excitante por el que se paga una entrada y por el que hasta el más ‘valiente’ se expone a sufrir caídas, pisotones, codazos, baños de cerveza y desapariciones de amistades hasta el encendido de luces.

Imagen de Jazmín Castilla (@jazducca)

Superados los eventos que los pusieron en el ojo del huracán, su actualidad apunta a un estado de forma y emocional del proyecto más que reforzado. Cerrada la triple victoria judicial contra la corte del Reino Unido, que celebraron en varias ocasiones, transmiten una perspectiva de este disco y gira como una fiesta de celebración de su inocencia legal. Se puede decir con honestidad que ninguna de las rimas ni ritmos de Kneecap aspiran, ni pretenden aspirar, a la posteridad de una música que suena a muchas cosas que ya conocemos (The Streets, Foreign Beggars...). Para actualizar términos ante quien piense que sería motivo suficiente para descartarlos como objeto cultural relevante, el régimen del virtuosismo cayó mucho antes del 2026. Ahora son más útiles otras cualidades que brillan en su trabajo: el arrojo y la politización coherente, rasgos que no deben confundirse ni con panfletismo ni con el mal epidémico de decir gilipolleces en entrevistas.


Mientras disfruta de su ‘victory lap’, Kneecap ha sido capaz de lanzar un ‘Fenian’ apreciable en la escucha y que rompe a sudar en directo, lo que les permite aplazar deberes que transporten su proyecto a unas dimensiones musicales que solidifiquen su continuidad ante las grandes audiencias. Que sigan recogiendo frutos y sumando experiencias que quizás les llegan carentes procesos previos necesarios, pero, por encima de todo, que el ‘mass media’ y las autoridades les dejen merecidamente en paz, un avance básico para poder centrarse en construir una propuesta artística. Y de paso, que los demás podamos hablar solo de música, si eso es algo posible.

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