Música

Pablo Fernández, ‘Humo Internacional’: “El centro, más que de éxito, está lleno de gente mendigando por migajas”

«La industria musical es un caníbal, y cada vez funciona más como un sector servicios»

14 de abril 2026 · 1 comentario


En teoría, el desierto es un ecosistema hostil, baldío. En esta ocasión, resignificado por Franco ‘Bifo’ Berardi, se trata de un lugar al que dirigir la energía social para la construcción de una alternativa al iluso crecimiento económico infinito que tiraniza mentes y cuerpos, es decir, un terreno desaprovechado. La acumulación de malas pasadas que provoca la convivencia con una industria musical vampirizante obliga a desertar, o a fugarse a ese desierto, no para modificar las condiciones preexistentes, sino para la construcción de un nuevo ‘hábitat’ en comunión de aquellos agentes artísticos que buscan hacer las cosas de otra manera.


Por esta razón y por las sucesivas ocasiones en las que los escritores de ‘sustrato música’ se han mostrado embelesados por el encanto de todo lo que tocan, nos decidimos a hablar con Pablo Fernández, responsable del sello ‘Humo Internacional’. Fraguada en los espacios asociativos de la ciudad de Oviedo y sucesora de ‘Discos Humeantes’ -la incursión previa en la edición discográfica que inició Pablo Fernández en 2008-, la organización ‘Humo’, en la que Pablo forma equipo con Ana, Álvaro y Enaya, representa con orgullo un espacio propio, pero no una “apología de la extrañeza”:

Estamos en los márgenes porque pertenecemos a ellos, no porque nadie nos haya expulsado de ningún sitio. El centro, más que de éxito, está lleno de gente mendigando por migajas”.


Para los más enterados, ‘Humo’ es desde 2016 sello de cabecera dentro del ‘hazlo tú mismo’ del estado español, lo que Pablo celebra y reconoce como un pequeño público que es la “razón principal” por la que pueden seguir haciendo esto. Para quien no, bienvenido al concepto de “sello discográfico con la ambición de ser mucho más que un sello discográfico”.


Como iniciación en el universo discográfico de ‘Humo’, Pablo describe una identidad en la que “todo el mundo cabe” y el rechazo por quedarse “atrapados en la idea de ser un sello genérico o editar discos solo como una especie de estímulo nostálgico”. El gusto por el corrosivo e inquietante ruidismo de la electrónica industrial, enarbolado por algunos de sus referentes más celebrados, como Dame Área, los disueltos Fasenuova, Cachito Turulo (ex miembro de Fasenuova) o Somos la Herencia, o el afilado y veloz punk de La URSS, Viuda o los extintos Futuro Terror dan una descripción predominante, pero parcial sobre qué define al sello. Sin embargo, ‘Humo’ contiene caminos alternos a través de propuestas gamberras, pero también más candorosas, como las de Autoescuela o Los Yolos, intrigantes redefiniciones del rock como ‘.bd.’ o Ramper, sintético y esponjoso pop como el de Sofía o el prodigio entre electrónica y acústica atmosférica de ‘from’ -reciente fichaje de Humo, ya prepara lanzamiento de nuevo disco-. Una suma de diferencias que encuentran el nexo de unión en una curiosidad experimental en el sonido y un espíritu de creación desenfocado de las normas que impone el negocio.



Deslizando entre lo romántico y lo engorroso, Pablo es consciente de la imposibilidad de inhibirse de todas las situaciones estructurales que, bajo su radar de acción, se intentan reparar: “La industria musical es un caníbal, y cada vez funciona más como un sector servicios: la estructura profesional alrededor del artista existe gracias a él, mientras que muy pocos músicos logran vivir de su propia música”. Tomar parte en la asociación y la autogestión, bajo las condiciones actuales, deriva en la imposibilidad de sortear la tensión entre el objetivo ‘activista’ desconectado del lucro y la necesidad de dar al artista una red profesionalizada que sustente la inversión en crear música, donde Humo intenta influir para que lo ideal no se alimente de lo material: “existe conciencia cooperativa: espacios y colectivos que operan de otras maneras, pero lo hacen totalmente fuera de la industria y muchas veces rechazando el profesionalismo. Esa es nuestra ambición y nuestra guerra”.


En cualquier caso, un principio ético, y en su caso, también militante, se mantiene inalterable frente a cualquier pragmatismo cruel: “Partimos de la idea de que es el sello quien trabaja para los artistas y no al revés”. Poner en papel las relaciones entre sello y artista para convertir la idea en viabilidad financiera conlleva enfrentar dilemas. Tocando el asunto contractual, surge preguntarse si la igualdad se basa en la uniformidad de condiciones para sus bandas o en la adaptación a las necesidades particulares: “Cuando empecé con Discos Humeantes, pensaba que lo más justo era que todo el mundo tuviera las mismas condiciones. Más tarde, terminé dándome cuenta de que era ridículo pensar así y que había que valorar cada caso de manera concreta”. 


Otra de las acciones que bajo la libertad de ‘Humo’ se ejercen es la de buscar propuestas en aquellas zonas geográficas donde la industria, ficticiamente, se hace de rogar: “Si en ‘Humo’ trabajamos mayormente con bandas periféricas, es porque resulta más natural para nosotros; supongo que vivimos realidades parecidas”. El eje Madrid-Barcelona ejerce una fuerza de atracción que transmite la sensación de irrelevancia cultural de lo ‘provinciano’, en la que ‘Humo’ se decide a tomar parte para descentralizar los flujos de atención: “Las ‘capitales culturales’ están llenas de gente de provincias con ganas de que por fin les vaya bien, y las provincias, de gente que vuelve de las ‘capitales culturales’, hasta el culo de darse cabezazos contra un muro y vivir en una precariedad que no cesa”. 


Tomar parte en la asociación y la autogestión, bajo las condiciones actuales, deriva en la imposibilidad de sortear la tensión entre el objetivo ‘activista’ desconectado del lucro y la necesidad de dar al artista una red profesionalizada que sustente la inversión en crear música: 


Más allá de un sello discográfico, ‘Humo Internacional’ es un espacio emancipado, donde las cosas ya funcionan de la manera en que cualquier persona preocupada por cuidar la música y sus artistas desearía: “Solo tratamos de hacer nuestra pequeña casa de pueblo lo más habitable posible y que en ella prevalezcan nuestras propias leyes, nuestra propia cultura y donde adoremos a nuestros propios dioses”. Preguntando a Pablo por su idea del éxito, frente a la norma de producción capitalista, se descubre que la victoria de ‘Humo’ ya está sucediendo. La definición para Pablo es “seguir en lo que hacemos durante mucho tiempo, mejorar y llegar a consolidarnos como una plataforma que proporcione a nuestros artistas las herramientas necesarias para, si así lo desean, poder vivir dignamente de la música a su manera”.


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