Libros

La España negra

El libro de Mar Piquer es un tsunami de mierda. Y, aun así, es perfecto.

Por Jose Sanz

20 de abril 2026 · 1 comentario


“Michelle Obama bajó del cielo.

Vino en un OVNI, les dijo ´hacedlo´.

Y en ese pueblo a hombres y niños

les han matado, eran dos tíos.” (Puerto Hurraco, Altos Hornos)


Mi señora novia tuvo a bien regalarme Crónica de la España Negra por Navidades, un auténtico  mamotreto1. Un tochaco de esos de precisar de gato hidráulico para pasar las páginas. La muy sinvergüenza lo sacó de un saldo de esos (a lo Bibliostock) en los que te clavan como mucho 20 pavos pero, por peso y tamaño, al efectuar el regalo, la persona obsequiada piensa que le hacen entrega de algo que vale 100 €. A lo mejor, hasta puede llegar a sentirse ante un obsequio que precisa de un pequeño microcrédito de Cofidis o similar estafa paralegal para ser adquirido. 


Pero no. Qué va. Mi teoría es que ella iba dispuesta a dejarse 50 pavos, que como mucho dan para dos basurillas de esas que se editan desde la mafia editorial española en cartel de precios, temáticas, tramas y horribles portadas, dio con esto y pensó para sí, en su infinita sabiduría: “pues para dárselo a los hijos de puta de Anagrama mejor cojo el mamotreto y lo que no se llevan ellos me lo fundo en el Burger King”. Y así hizo, y bien hecho está.


Voy a ser franco de primeras: si nos atenemos a los textos, el libro de Mar Piquer es un tsunami de mierda. Un moñigo en paracaídas que, estando maniatado y boca arriba, ves que desciende lentamente sobre tus ojos sin que puedas hacer nada porque no aterrice sobre ellos. Contiene todos los clichés posibles del periodismo de sucesos pero salpimentados con la lacra de la que es su evolución, el periodismo de sucesos televisivo; esto es, contiene un 90% más de retraso mental y aires de grandeza que el periodismo de toda la vida. Encima, al ser del 2010, incurre en una serie de paratextos que laudan aberraciones que ni vienen al caso2 ni nadie en su sano juicio celebraría salvo que, y hete ahí casi seguro que la razón, fuese un aro por el que pasar para que la edición contase con algún tipo de subvención a través del Ministerio de Cultura o la autora quisiese postularse como apta para escribir las memorias de encargo de cualquier político del PP o del PSOE. No conozco a Mar Piquer en persona y no puedo concluir si es astuta (y sabe que meter cualquier guiño a nuevas legislaciones españolas garantiza estabilidad laboral a futuros) o, directamente, es una entusiasta de la socialdemocracia, por lo que me voy a quedar con la eterna duda de si es lista de más o de menos.


Lo que sí sé, sin embargo, es que la maquetación es horrible (medio imitando antiguos periódicos tipo El Caso, medio contemporánea con esas horribles infografías ocasionales que parecen del Diario Metro) y que la señora Piquer no es una persona apta para ser fidedigna para con la realidad: el único caso que conocía de todos los que figuran en el libro, el del Asesino de Pedralbes, el de Jose Luis Cerveto, es acojonante cómo opta por incluir lo de que Jose Luis Cerveto3 se ponía hasta el culo de estimulantes para hacer horas extra en su etapa de transportista y, sin embargo, por a lo mejor no considerarlo relevante, la señora Piquer obvia su patrón de conducta tocona de menores. Entiendo que así con todo, claro. Otra cosa es que, al no tener ningún conocimiento más que de oídas del resto de crímenes, no pueda constatarlo claramente, pero vaya, que la sensación es esa, que hay que coger todo con pinzas.


Y aun así, este libro es perfecto. ¿Por qué? Pues porque es un glosario y puerta de acceso increíble a tres aspectos básicos para entender la sociedad española de los últimos 100 años. Una forma de verificar que es que España, hasta en las situaciones más dolorosas y lamentables, no tiene ningún otro país igual. Porque, ¿en qué otro país, leyendo sobre crónica negra, pasas la página de un libro y tienes al abogado Emilio Rodríguez Menéndez posando todo feliz con una asesina confesa al hilo de ser el letrado que le lleva la defensa? ¿Y en qué otro país, al hilo de tres niñas violadas y asesinadas, vuelve a salir ese mismo abogado pero en calidad de persona partícipe de una estafa en la que contrata al doble del presunto asesino para que declare en exclusiva en el periódico que acaba de adquirir, aumentando así sus ventas?


Esos tres aspectos a los que aludía antes son, claro está, la justicia, los criminales y el pueblo. 


La justicia, en España, es un rosario de negligencias, aberraciones y dejaciones de las de no dar crédito. Desde no ejecutar una sentencia que podría haber evitado el posterior asesinato de una niña por estar la persona encargada de baja médica a firmarse actas de defunción sin existir cadáver alguno que permita certificar nada, todo lo que sale en este libro es escalofriante, destacando, si se me permite, invenciones (que a saber si la medicina forense contempla y los procedimientos penales admiten) tales que el concepto de “memoria procesal” con el que sorprende un perito (en teoría sin sesgo de parte) para justificar que la memoria del asesino juzgado tendiese a olvidar sólo aquellos hechos que le incriminaban y se le pudiese minorar la pena en sentencia. Así con todo, una tras otra, todas las partes que están involucradas en un procedimiento penal. Y sin faltar mazo de peña comiéndose años de cárcel por considerarla culpable sin serlo.


¿Los criminales? Pues está feo sacar pecho por ello, pero todos los afamados matarifes yanquis (Ed Gein, John Wayne Gacy, etc) una puta mierda al lado de los nuestros. Desde ese Rafi Escobedo posando con la camisa abierta metida por dentro del vaquero al notas aquel que volvió durante 4 o 5 noches seguidas al árbol donde dejó el cadáver de su víctima para proceder al fornicio post mortem, es que no hay color. Aquí, ante un crimen, da casi apuro tener que admitir que la familia de la víctima, llegado el día del juicio, al ver la cara del asesino, sufrirá profundísimas punzadas de dolor e ira, pero eso no será nada comparado con la grandísima vergüenza ajena y estupefacción que confrontarán conforme el susodicho empiece a narrar los hechos bien con un habla peculiar, bien con una secuencia de acciones de las de causar auténtico asombro. España pura el gaditano aquel que narraba cómo troceó al colega que mató para “poder llevarle de un sitio a otro más fácil”.


Y lo más grande, lo que hace a España: los españoles. Que se nos tiene por mansos por acatar sin torcer el gesto (ni hacer que ningún político o gestor pase miedo al pisar la calle) que se nos suba cada dos años otros tres la edad legal de jubilación o nos estafen sin miramientos con productos que ni el Teletienda más terminal tales que la baliza de los coches pero estamos a lo que estamos. ¿Y qué es eso? Pues que si en la sede judicial más cercana a nuestro domicilio o lugar de trabajo van a juzgar a un presunto asesino, allí se estará para gritarle “Hijo De Puta” cuando entre en el Juzgado, cuando salga e igual, si eso, mientras se le juzga, asomando la cara por los ventanales de la sala de lo penal. Un español, al menos hasta que demográficamente tenga más peso gritarles Gonorrea o Marico, jamás faltará a su deber de chillar como si ese señor al que no conoce de nada hubiese matado, en vez de a otra persona a la que tampoco, a su hija, su madre o su esposa. Es ejemplar, al hilo del Asesino de la Quiniela ,cuando todos los españoles seguían el juicio por radio y televisión no por ser un pueblo morboso el nuestro, sino por estar todos atentos a la posibilidad de que aquel pobre diablo desvelase un sortilegio infalible para acertar en las quinielas.


Y otro día ya hablamos de donde se dan la manos lo judicial y los españoles, de la figura del Jurado Popular. Aunque eso ya es ámbito del terror puro.






1Aquí hablo de un libro no del tamaño de los de Taschen en su versión grandota pero sí del clásico bodoque que antaño se usaba para, una vez despojado de su interior, una vez constituída una oquedad interna, ocultar un arma de fuego sin que nadie salvo su dueño lo supiese. La versión que permitiría a Taschen (presuntamente) mover capitales, armas, drogas y a saber qué más vía valija interna desde alguna de sus sedes estratégicas a otras caso de dedicarse, en realidad, a dichas actividades.


2El texto sobre el asesino de la catana abre con un párrafo que es que el libro hay que tenerlo sólo para poder enseñárselo a familiares, amigos y cualquier persona que pase por casa, aunque sea el del gas o el del agua para hacer la pertinente lectura de suministros. Una cosa bizarrísima que en 4 frases considera hecho relevante que el asesino no pudo terminarse el Final Fantasy III y, por ello, hay que exonerar a los videojuegos sobre cualquier responsabilidad en ese caso concreto. Es como Nieves Herrero y sus clásicas pesquisas sobre la responsabilidad de cualquier videojuego en el crimen que fuere (no sólo violentos: para ella, el Tetris también es culpable) pero del revés. Una obra maestra suprema de la subnormalidad irreplicable por la inteligencia artificial.


3Es, de calle, uno de los asesinos más fascinantes de la historia. No hay nada igual a los testimonios suyos que recoge el documental El Asesino De Pedralbes (Gonzalo herralde, 1978). En esencia, la incomodísima narración a cámara de un Cerveto a ratos niño grande y a ratos monstruo consciente de sus impulsos pederastas que permite atestiguar en esta lucha interna suya un último gesto redentor (condenarse por no matar a la hija menor de la mujer del servicio doméstico) y un componente de “crimen de lucha de clases” no demasiado alejado del de las hermanas Papin, aquellas que sirvieron de inspiración para aquel peliculón que fue La Ceremonia (Claude Chabrol, 1995).



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