Lugares

La manzana Granny Smith

Quien quiera leer el menú, que visite Spolek.

2 de octubre 2026


Nueva York existe, pero queda muy lejos de la República Checa. Como consuelo está el cine y Spolek. En esa cafetería, en medio, hay una columna de acero que conecta la primera planta con la segunda, pero sin la necesidad de ser rodeada por un agujero porque en Spolek no hacen falta los bomberos. Será por esta suerte de tallo endémico o por el menú que está disponible en inglés (siendo la sensación del momento los Spoleggs con salchicha), que ese establecimiento lo hace sentir a uno como si estuviera sentado en una cafetería en Manhattan. Todas las ventanas en la primera planta que dan al exterior están satinadas. Afuera está Brno. No está mal.

Quien quiera leer el menú, que visite Spolek. En lo personal, suelo decantarme por un millón de shots de vodka porque pegan fuerte y no hinchan tanto. Si estoy trabajando, entonces pido algo sin azúcar para no hacer de más. En cuanto a los sólidos, el Grilled cheese sandwich que concibió un cocinero de nombre Iván, nos hizo ver, a mi desorden alimentario y a mí, que todavía tenemos gustos en común. Las cinco o seis personas que inicié en el culto lácteo que era la adoración pagana de lo que fue ese fenómeno local en su momento confirmaron, sin lugar a dudas, que el día que quitaron el plato del menú, cayó occidente.

Alrededor de la misma fecha acondicionaron una esquina para niños. Es un rincón separado del resto de la Gran Manzana por una muralla de pizarrón que cuenta una historia extraña dibujada con tiza. Las sillas de plástico de colores son para los más pequeños. Las sillas grandes que también están por ahí son para que los abstemios no estén incomodando a los adultos. 

Cerca de la entrada, un adolescente acaba de pedir un Espresso Martini. Lo raro no es que se lo sirvan, ni que se siente solo en una mesa para muchos, sino que traiga consigo una caja de acrílico con una serpiente viva. Spolek es sinónimo de progreso y libertad. A pesar de ello, insisten en no poner música, desalentando a propósito a los borrachos que no tienen nada que decir o nada que hacer. Cabe mencionar que esto no incluye a la clientela que se está quietita en compañía sin abrir la boca más que para morder el popote de papel en su bebida. Así es la gente. 

Si esta breve presentación ha cumplido con su cometido y ahora a usted le interesa conocer el lugar, puede ver fotografías del establecimiento en línea o visitarlo de una vez por todas. No espere más, que la vida son dos horas y no incluye los traslados. Y como este es un comentario serio y no un reporte de vanidades, basta con agregar que los muros son verdes, las sillas también y el mosaico en el lavabo de caballeros, igual. Desconozco los acabados del sanitario para damas porque no he sido formalmente invitado a pasar, pero imagino que serán verdes en más o menos partes iguales todo el año porque si Spolek fuera un árbol, sería de hoja perenne. Solo el pelo de mi barista favorito es rosa. 

Junto con el edificio principal, una construcción mediana de dos niveles al fondo de una vivienda, el lote incluye la capilla del siglo XV que está en el patio; anexo en especial conveniente si a uno le gusta persignarse antes de brindar o después de enviar un correo electrónico. Este y no otro suele ser el detalle que advierte a quien se la está pasando bien en Spolek que, aunque afuera haga frío, no está en la Gran Manzana.

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