La Puglia de Giorgia

Por
Marta Parera
26/11/2025

Masseria Moroseta es un lugar donde el tiempo se enlentece, el silencio se convierte en sonido y la luz lo abraza todo.

Evento relacionado
al
·

Hacía años que tenía este proyecto en el punto de mira. Les sigo desde su apertura y, a lo largo de todo este tiempo, he podido ser espectadora de su evolución y transformación. Este otoño finalmente ha sido el elegido para subirme a un avión rumbo a Italia y descubrir una de mis masserias favoritas de la Puglia.

Las masserias son grandes casas rurales fortificadas típicas del sur del país. Solían ser espacios cerrados, con muros gruesos y altos que rodeaban un patio central, alrededor del cual se organizaban la casa del propietario, los establos, los almacenes y un horno comunal. Ese patio central era el corazón de la vida cotidiana: allí se reunía la gente, se trabajaban los productos del campo y se celebraban todo tipo de eventos. Hoy, muchas masserias han sido restauradas y convertidas en alojamientos, conservando esa arquitectura cerrada en torno a un patio, una especie de microcosmos agrícola.

Masseria Moroseta es la reinterpretación contemporánea de una de estas casas rurales. Más allá de su construcción con materiales locales, sostenibles y técnicas tradicionales, se encuentra en medio de caminos rurales serpenteantes, rodeada de olivos centenarios y un inmenso jardín salpicado de cactus. Ubicada sobre una colina, esta maravillosa casa de piedra blanca ofrece vistas al mar y a Ostuni: un remanso de paz y sencillez rural.

Es imposible alojarse o visitar Moroseta sin hablar de la luz. El edificio está dominado por el blanco, que se convierte en coprotagonista, mientras los verdaderos actores son el manto verde de olivos, el azul del mar en el horizonte y el celeste del cielo.

Este lienzo, ideado por Carlo Lanzini y proyectado por Andrew Trotter, sirve de escenario para la propuesta gastronómica de la chef Giorgia Eugenia Goggi, desplegada con dedicación, tiempo, pasión y convicción. Su trabajo, junto con este enclave único, es lo que siempre ha llamado mi interés y lo que me llevó hasta ella.

Hospitalidad creativa

Giorgia ha desarrollado un proyecto gastronómico profundamente personal, fusionando su formación internacional con una conexión íntima con la tierra y los productores locales. Su cocina se basa en productos frescos, ecológicos y de temporada, muchos de huertos y olivos propios, priorizando ingredientes vegetales. Un auténtico paraíso de creatividad culinaria.

Cada plato es una creación única que refleja sensibilidad artística, tradición mediterránea e influencias de sus viajes, concebido como un acto de innovación, sostenibilidad y respeto por el territorio. La experiencia que ofrece su equipo va más allá de la comida: busca generar un impacto ético y creativo, conectando con comunidades artesanales, cultivando relaciones directas con productores y promoviendo prácticas sostenibles que abarcan desde la autoproducción hasta la reducción total del desperdicio.

Giorgia entiende la cocina como un laboratorio de expresión, donde cada elección tiene un peso político y cultural, y donde la creatividad se nutre de la naturaleza, el arte, el diseño y la investigación constante. Su objetivo es ofrecer una experiencia auténtica, educativa y transformadora, fomentando un diálogo entre tradición y vanguardia, respeto por el entorno y exploración artística, manteniendo siempre la intimidad que caracteriza su proyecto.

El formato es siempre el mismo: una cena comunal que se celebra ciertas noches, un diálogo entre huéspedes, visitantes, platos, ingredientes, territorio, artesanía, propuesta líquida, equipo y el propio espacio.

La cocina como taller creativo

Giorgia, a través de su propuesta, busca abrir interrogantes, generar debate, tender puentes y sentar distintas voces alrededor de la mesa. Cada noche es un acto de creatividad y política gastronómica, una puesta en escena que cuestiona y seduce. Su trayectoria refleja paciencia, esmero e intuición: no busca atajos, sino entretejer investigación y creatividad con autenticidad.

Un acto de confianza

Al otro lado, los comensales esperan para entregarse a la experiencia, siendo permeables y formando parte de lo que se presenta. La comida se convierte en hilo conductor y vínculo de unión. 

Cuando los platos aparecen, es imposible resistirse a su belleza, refinamiento, equilibrio y armonía cromática. Invitan a experimentar, a descubrir qué nos intenta comunicar la cocina, y a hacerlo sin prisa, con atención. Una auténtica invitación al culto del cuerpo y la mente.

Así empezó nuestra noche, imagino que parecida a todas las que la antecedieron y todas las que la sucederían: 

“Nuestras cenas siguen una filosofía de carta blanca. Los menús cambian cada día, inspirados por la cosecha y el mercado local.
Prioriza algo ahora. Cierra los ojos y prueba con todos tus sentidos.
La primera mandarina del otoño. La tierra húmeda. El caos sereno del mercado a primera hora. Frotar una hoja de salvia entre los dedos. El vaho en la ventana de la cocina mientras esperas a que hierva la pasta. El aroma de la leña al caer la tarde.
La cena está servida.”

Familiaridad e intimidad, un refugio del yo

Leí el otro día un escrito en el que se hablaba sobre los beneficios de la meditación. En él se compartía que su práctica nos ayuda a desprendernos del ego y a ver nuestra identidad como algo fluido y conectado con los demás. Al reducir el apego al “yo”, surge la compasión y la empatía, recordándonos que somos parte de algo más amplio que nuestra historia personal. Me pareció que la cocina de Giorgia refleja justamente eso: abre puertas y ventanas, invita a conversaciones, cruces de miradas e intercambios de lenguajes. El “yo” existe, pero se entiende solo frente a un “nosotros”.

Llamar “chef” a Giorgia supondría limitar su universo, filosofía e imaginario. Ya que su manifiesto personal incluye: curiosidad, armonía, ligereza, honestidad, territorialidad, estacionalidad, convivencia, esmero, inclusión, respeto, ética, sostenibilidad, coherencia, crecimiento, aprendizaje, entusiasmo, espontaneidad y experimentación. Un lenguaje propio que nace de un impulso artístico y expresivo, sin límites.

Años después, Giorgia sigue poniendo el corazón en el centro de la cocina y la mesa, pisando fuerte para reivindicar el lugar de Masseria Moroseta en el tacón de Italia.

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Masseria Moroseta es un lugar donde el tiempo se enlentece, el silencio se convierte en sonido y la luz lo abraza todo.
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Marta Parera
26/11/2025
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Hacía años que tenía este proyecto en el punto de mira. Les sigo desde su apertura y, a lo largo de todo este tiempo, he podido ser espectadora de su evolución y transformación. Este otoño finalmente ha sido el elegido para subirme a un avión rumbo a Italia y descubrir una de mis masserias favoritas de la Puglia.

Las masserias son grandes casas rurales fortificadas típicas del sur del país. Solían ser espacios cerrados, con muros gruesos y altos que rodeaban un patio central, alrededor del cual se organizaban la casa del propietario, los establos, los almacenes y un horno comunal. Ese patio central era el corazón de la vida cotidiana: allí se reunía la gente, se trabajaban los productos del campo y se celebraban todo tipo de eventos. Hoy, muchas masserias han sido restauradas y convertidas en alojamientos, conservando esa arquitectura cerrada en torno a un patio, una especie de microcosmos agrícola.

Masseria Moroseta es la reinterpretación contemporánea de una de estas casas rurales. Más allá de su construcción con materiales locales, sostenibles y técnicas tradicionales, se encuentra en medio de caminos rurales serpenteantes, rodeada de olivos centenarios y un inmenso jardín salpicado de cactus. Ubicada sobre una colina, esta maravillosa casa de piedra blanca ofrece vistas al mar y a Ostuni: un remanso de paz y sencillez rural.

Es imposible alojarse o visitar Moroseta sin hablar de la luz. El edificio está dominado por el blanco, que se convierte en coprotagonista, mientras los verdaderos actores son el manto verde de olivos, el azul del mar en el horizonte y el celeste del cielo.

Este lienzo, ideado por Carlo Lanzini y proyectado por Andrew Trotter, sirve de escenario para la propuesta gastronómica de la chef Giorgia Eugenia Goggi, desplegada con dedicación, tiempo, pasión y convicción. Su trabajo, junto con este enclave único, es lo que siempre ha llamado mi interés y lo que me llevó hasta ella.

Hospitalidad creativa

Giorgia ha desarrollado un proyecto gastronómico profundamente personal, fusionando su formación internacional con una conexión íntima con la tierra y los productores locales. Su cocina se basa en productos frescos, ecológicos y de temporada, muchos de huertos y olivos propios, priorizando ingredientes vegetales. Un auténtico paraíso de creatividad culinaria.

Cada plato es una creación única que refleja sensibilidad artística, tradición mediterránea e influencias de sus viajes, concebido como un acto de innovación, sostenibilidad y respeto por el territorio. La experiencia que ofrece su equipo va más allá de la comida: busca generar un impacto ético y creativo, conectando con comunidades artesanales, cultivando relaciones directas con productores y promoviendo prácticas sostenibles que abarcan desde la autoproducción hasta la reducción total del desperdicio.

Giorgia entiende la cocina como un laboratorio de expresión, donde cada elección tiene un peso político y cultural, y donde la creatividad se nutre de la naturaleza, el arte, el diseño y la investigación constante. Su objetivo es ofrecer una experiencia auténtica, educativa y transformadora, fomentando un diálogo entre tradición y vanguardia, respeto por el entorno y exploración artística, manteniendo siempre la intimidad que caracteriza su proyecto.

El formato es siempre el mismo: una cena comunal que se celebra ciertas noches, un diálogo entre huéspedes, visitantes, platos, ingredientes, territorio, artesanía, propuesta líquida, equipo y el propio espacio.

La cocina como taller creativo

Giorgia, a través de su propuesta, busca abrir interrogantes, generar debate, tender puentes y sentar distintas voces alrededor de la mesa. Cada noche es un acto de creatividad y política gastronómica, una puesta en escena que cuestiona y seduce. Su trayectoria refleja paciencia, esmero e intuición: no busca atajos, sino entretejer investigación y creatividad con autenticidad.

Un acto de confianza

Al otro lado, los comensales esperan para entregarse a la experiencia, siendo permeables y formando parte de lo que se presenta. La comida se convierte en hilo conductor y vínculo de unión. 

Cuando los platos aparecen, es imposible resistirse a su belleza, refinamiento, equilibrio y armonía cromática. Invitan a experimentar, a descubrir qué nos intenta comunicar la cocina, y a hacerlo sin prisa, con atención. Una auténtica invitación al culto del cuerpo y la mente.

Así empezó nuestra noche, imagino que parecida a todas las que la antecedieron y todas las que la sucederían: 

“Nuestras cenas siguen una filosofía de carta blanca. Los menús cambian cada día, inspirados por la cosecha y el mercado local.
Prioriza algo ahora. Cierra los ojos y prueba con todos tus sentidos.
La primera mandarina del otoño. La tierra húmeda. El caos sereno del mercado a primera hora. Frotar una hoja de salvia entre los dedos. El vaho en la ventana de la cocina mientras esperas a que hierva la pasta. El aroma de la leña al caer la tarde.
La cena está servida.”

Familiaridad e intimidad, un refugio del yo

Leí el otro día un escrito en el que se hablaba sobre los beneficios de la meditación. En él se compartía que su práctica nos ayuda a desprendernos del ego y a ver nuestra identidad como algo fluido y conectado con los demás. Al reducir el apego al “yo”, surge la compasión y la empatía, recordándonos que somos parte de algo más amplio que nuestra historia personal. Me pareció que la cocina de Giorgia refleja justamente eso: abre puertas y ventanas, invita a conversaciones, cruces de miradas e intercambios de lenguajes. El “yo” existe, pero se entiende solo frente a un “nosotros”.

Llamar “chef” a Giorgia supondría limitar su universo, filosofía e imaginario. Ya que su manifiesto personal incluye: curiosidad, armonía, ligereza, honestidad, territorialidad, estacionalidad, convivencia, esmero, inclusión, respeto, ética, sostenibilidad, coherencia, crecimiento, aprendizaje, entusiasmo, espontaneidad y experimentación. Un lenguaje propio que nace de un impulso artístico y expresivo, sin límites.

Años después, Giorgia sigue poniendo el corazón en el centro de la cocina y la mesa, pisando fuerte para reivindicar el lugar de Masseria Moroseta en el tacón de Italia.

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