Cines

La Redención de la Nieve

La bola blanca es pertenecer a aquel lugar donde se puede ser uno mismo

14 de octubre 2026 · 1 comentario


Este artículo contiene algunos spoilers de La Bola Negra




La bola negra es una oda a la pureza arrebatada. Una bola blanca que condensa todo el juicio de una sociedad a lo considerado amable o no amable. Amable entendido como sujeto que es merecedor de recibir amor y reconocimiento. Merecedor de ser plenamente él mismo como algo admirable. Una bola blanca que contrasta con la bola negra que finalmente tacha el destino de Carlos, protagonizado por Milo Quiles, y que es la alegoría de la tensión interna de Lorca. Porque es el destino de los que han sido excluidos de la sociedad, los rechazados, los desdichados, los que se salieron de la norma, los anormales. Por eso creo que el alma de la película está en la historia que da vida a la obra de teatro inacabada del escritor granadino. Sin menospreciar ni un ápice la conmovedora historia de Rafael (Miguel Bernardeu) y Guitarrica o la tumultuosa relación entre Lola Dueñas y Carlos González, cargada de dolor generacional. La raíz, el alma, ha irrumpido, a mi juicio en dos escenas. 

La primera, la del baile en el bar de pueblo donde Carlos explica que le han echado la bola negra. Esto es; que no ha entrado en el club de lo que se espera de un hombre de su época. Porque es homosexual. Él es incapaz de decir esa palabra en toda la película. Es preciosa la escena en la que se presenta por primera vez delante del cónclave de la hombría que hoy bien podría llamarse manosfera y cómo le presentan los Javis. Vestido de blanco, puro, impoluto, con un coro de fondo mientras la luz entra por la claraboya del espacio diáfano. Un joven rechazado por los todopoderosos cuya actitud rezuma la misma prepotencia de aquellos que mataron a Lorca, con el mismo temple y actitud altiva. Se percibe el miedo y la necesidad de pertenencia, se percibe el frío constante dentro de Carlos, una perpetua incomodidad, como si le nevara dentro. Pero hay un instante de liberación. Cuando Carlos se arranca a bailar acompañado por la muchedumbre de a pie, con la que se puede desencorsetar y dar rienda suelta a un cuerpo que ha estado tanto tiempo amarrado. Entre gestos bruscos, idas y venidas sensuales y el traqueteo salvaje de un niño que trae el arrebato lorquiano de raíces gitanas, besa una bola blanca que le acercan y que se pierde en la coreografía. Es muy breve. Pero es toda una metáfora: la bola blanca es pertenecer a aquel lugar donde se puede ser uno mismo. Entre los que no encajan, donde la empatía y la desdicha comparten mesa.  

El personaje se besa a sí mismo y se permite, por un instante, ser, mientras sabe que su destino está ligado a los suburbios, al lugar donde siguen cayendo las lágrimas de la madre del niño al que ahogaron en una pila del pueblo, el niño nieve, y donde descansan los huesos de la mujer a la que ataron con cuerdas de guitarra y cuyo marido mató a palos por ser demasiado… libre. Al lugar de los perdedores y las leyendas de habladurías, donde los amores se truncan por no ser normativos. Esa es la sombra que le acecha, esa es la capa de nieve que poco a poco le va quebrando los huesos. Las turbias palabras que nunca prendió, canta Guitarrica mientras el poema que traspasa la película acaba de expresar el oxímoron recurrente que es amar y, ya ni ser correspondido, sino el saberse amante sabiendo que el cuerpo se juega la muerte si lo vive. 

Norma que agita igual carne y lucero

traspasa ya mi pecho dolorido

y las turbias palabras han mordido

las alas de tu espíritu severo.


La segunda escena es cuando Carlos, después de negar que es homosexual, se encuentra sobre la nieve. Una nieve que como la luna tiene vida propia en la literatura de Lorca. Que es madre pero también desierto árido, que abraza pero mata. Besa pero abraza. Que es el único consuelo que le queda al protagonista. Como dice Lorca mismo en su obra “Pequeño poema infinito” que escribió en Nueva York: “Evocar el camino es llegar a la nieve”. Donde van los puros que han sido impuros en este mundo. Máculos inmáculos que ascienden a la cima ¿cielo? donde en realidad se encuentran los favoritos de Dios. Porque han sido fieles a sí mismos, algo que Milo Quifes no ha logrado, no ha sentido que el tiempo le perteneciera. ¿A dónde vais? Le pregunta Quifes, a lo que ellos le responden: “Allá donde cae más pura la nieve”.  

Los Javis honran así tantas historias que han merecido ser vividas a pesar de todo. Que han sido a pesar de que la bola negra haya arrebatado su pureza, arrollando con su juicio inexorable las vidas libres. Tras verla por segunda vez, clavada en la silla del cine después de darme cuenta que no podía dejar pasar otro día sin haberla visto de nuevo, vi una resurrección transversal. La vida de Lorca resucitada y desempolvada de aquella cuneta para que no muera y viva “la moral de la libertad entera” que fue acallada por la intolerancia. Esa es la frase que Lorca le confesó a su amigo y director de teatro Cipriano Rivas Cherif en una habitación de hotel antes de estallar la guerra. Era justo el momento en el que había sufrido el desengaño amoroso de Rafael Rodríguez Rapún, quien (y esto son hecho verídicos) se alistó en el bando republicano al enterarse que soldados fascistas habían fusilado al poeta. 

“Se necesitaría una verdadera revolución. Una nueva moral, una moral de la libertad entera”

Defendió ante su amigo que lo verdaderamente "normal" no era la heterosexualidad ni la homosexualidad exclusivas, sino el amor sin barreras, basado en el goce mutuo y el abandono absoluto, libre de dominación. Al pronunciar estas palabras, el granadino citó explícitamente al poeta estadounidense Walt Whitman como el gran referente y pionero en reclamar esa nueva moral. De hecho, este dolor íntimo y la urgente necesidad de una moral que no castigara el amor disidente fueron los motores que le llevaron a escribir los descarnados Sonetos del amor oscuro.

Alto vuela. Porque no pudo dejar de ser quién fue. Como escribió a su familia:

 "Yo he nacido poeta y artista, como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo. Dejadme las alas en su sitio, que yo os respondo, que volaré bien"


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