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Las plagas sutiles, Santiago Gutiérrez (Franz, 2026)
Un libro genial, pero sobre todo unos cuentos, uno cada uno, geniales, oscuros, de una oscura blanquitud, y bellos, muy bellos.
10 de marzo 2026
Un libro genial, pero sobre todo unos cuentos, uno cada uno, geniales, oscuros, de una oscura blanquitud, y bellos, muy bellos.
Tenemos la idea general y abstracta de que la ciencia avanza por ensayo y error, ajena e inmune a las influencias de la ideología, la economía o la moral. Sin embargo, qué se ensaya, en qué investigaciones invierten el mercado y los estados está directamente determinado por esos tres factores, repito: ideología, economía y moral. Una vez entendido esto es más fácil entender cómo la misma lógica opera en la literatura. Se puede escribir cualquier texto, pero qué textos se publican tiene que ver con dogmas de índole no literaria. Cuando la representación o lenguaje de un texto escapa de los carriles marcados por las fuerzas ocultas del campo cultural lo etiquetan como un libro inverosímil. Pero la verosimilitud está determinada, también, por la ideología, la economía la moral.
Belén Gopegui
Es un tópico del campo literario decir que el mercado satura ciertos temas, corrientes y estéticas, que intuye más populares, opacando otras más libres y heterogéneas. Así, se dice, resulta imposible que salga a la luz una obra original o propia, que escape de las convenciones prefijadas, haciendo que toda la oferta literaria sea casi idéntica entre sí y un poco cansina, no tanto por su baja calidad (que también; cuando se saca mucho de lo mismo la mayoría tiene que ser mediocre por necesidad) sino por su repetición (no somos tan distintos unos de otros).
Por suerte, ciertos libros raros, ciertos autores tozudos, ciertas editoriales desquiciadas, se encargan de desmentir el tópico y nos traen textos de verdad diferentes, de verdad literarios, no porque sean unicornios venerables contra la inmundicia cotidiana, sino porque de verdad la literatura es su interés principal al pensar un libro. Si no te importa la moda, ni el mercado, ni la moral oficial, ni los temas candentes, ni las fiestas más chic, es más fácil que surja lo raro. Y sí, lo raro es un valor por sí mismo.
Traigo este libro como prueba y ejemplo de las reflexiones previas.
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¿Como coordinar la mística gramatical de Wittgenstein, la poesía tartamuda de Beckett, la literatura fantástica del idealismo alemán, el universalismo platónico, la fábula kafkiana, la fábula borgeana, el humor de Arreola y Parra, con las visiones en aguafuerte de William Blake?
No lo sé, aquí sucede. No termino de pillar la técnica que lo sujeta, no le he sabido ver el truco, sé que es mi tarea, pero no he podido. Tampoco la frase soy capaz de descuartizarla, ¿en qué consiste este estilo? A parte de los referentes ya citados, podría decir que tiene algo del lenguaje bíblico, del Génesis concretamente, la palabra que crea. En este libro efectivamente las palabras hacen brotar el mundo ante nuestros ojos según se suceden.
Pero es una frase algo más larga que la versicular, algo del enredo onírico, más moderno, más surrealista, sin en absoluto caer en retruécanos ni gorgoritos (que no me parecería una carencia, pero no es su carácter), ese devenir onírico de la frase que se ilumina por símbolos tipo, claros sensitivamente e indescifrables lógicamente.
Por último, la estructura. He venido pensando que mi desapego con el cuento tiene mucho que ver con los “libros de cuentos”. La maravillosa tecnología libro se mercantiliza cuando la extensión necesaria para ser editable, imprimible, rentable impone juntar varias cosas que por naturaleza deberían ser “únicas”. Pienso que cada cuento es un Aleph, o debería intentar serlo, y siempre encontrarlos juntos y ser obligado a leerlos seguidos me ha molestado. En este libro no tanto (aunque sí reivindico la unicidad de cada uno y del primero por encima de todos, quizá por ser la fuerza primera creadora). Algo de la fábula (distinta del relato), algo de la palabra creadora, que cuento a cuento va levantando un universo y desplegando el territorio en cada entrega, lo salvan. Algo de la sólida estructura lingüística, que sin ver muy bien cómo se articula intra e intertextos también creo que es parte de su organicidad conjunta.
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Yo leo Las plagas sutiles como un análisis de la forma en que la metafísica infecta nuestra realidad. Los horrores y muerte que esto provoca, la única posibilidad lúcida que tenemos, abocados a ese nuestro destino y las infinitas formas de esos destinos múltiples. El futuro de la humanidad es la metafísica, también su origen. Y cómo esto afecta la materia y la vida es el único sentido de su vida.
Un libro genial, pero sobre todo unos cuentos, uno cada uno, geniales, oscuros, de una oscura blanquitud, y bellos, muy bellos. El quinto, «El soldado ideal», su reflexión acerca de la guerra, resulta hoy especialmente inquietante y poderosa. El último, sirve como tratado o manifiesto de la poética y política del propio libro y, me atrevo a aventurar, del autor, al que le pido por favor que tenga una carrera literaria larga, y que si bien no hace falta que sea muy frecuente en sus publicaciones, sí que siga desarrollando estas tesis con la misma intensidad.
Si la tarea de la crítica se redujera a acercar un poco más la cálida luz a estos oscuros textos, entre tanto producto de mercado brilloso por forzadas luces led, y demostrar que sí existe y está disponible una literatura diferente, que sí se puede publicar y convencer al público, aunque sea a un grupo pequeño, de que lo lean, yo me daría por satisfecho.
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