Lo imperfecto
Las ciudades cada vez se parecen más. Los jugadores de fútbol son todos completísimos
4 de marzo 2026
Por Álvaro González
4 de marzo 2026Las ciudades cada vez se parecen más. Los jugadores de fútbol son todos completísimos
Hay escenas de películas en las que uno podría quedarse a vivir para siempre: el epílogo de La La Land, una noche tonta en Casablanca en el café de Rick o cocinando langostas con Alvy y Annie en Annie Hall. Pero si solo pudiese elegir una, creo que me quedaría a cenar para siempre en la prisión de Goodfellas. Es más, si esa cena fuese lo único que me esperara el resto de mis días, no me parecería mal la cadena perpetua.
De todas las cosas que pasan alrededor de esa mesa para cuatro con el mantel blanco, impoluto, es imposible no caer rendido, embobado, ante la forma en que Paulie corta el ajo. La cuchilla de afeitar se desliza lentamente, creando así una lámina tan fina que hasta se podrían envolver caramelos con ella. La escena es simplemente perfecta, y ese nivel de perfección viene dado gracias a las múltiples imperfecciones que uno encuentra durante toda la escena. El ajo se corta finísimo pero desigual, no hay dos láminas parejas, al igual que las albóndigas de Vinnie, que al ser caseras no destacan por su uniformidad. Y esto no solo pasa con el cine, ocurre con todo.
Odio esa manía que tienen los cirujanos de grabarse con sus pacientes diciéndoles “tienes imperfecciones en el mentón. Nada que no podamos arreglar para que tu cara quede más armónica”. ¿De verdad queremos una cara Hercúlea? ¿Es eso lo que busca esta sociedad, perder su identidad a cambio de lo que supuestamente es ideal?
Las ciudades cada vez se parecen más. Los jugadores de fútbol son todos completísimos y lo hacen todo bien (¿para qué quiero un portero que sabe usar mejor los pies que las manos?). Buscamos la pareja perfecta, el viaje que según las reseñas de cinco estrellas es el que tienes que hacer. Buscamos que todo sea de ensueño cuando en realidad esa ensoñación viene de algo puro, no de cualquier impostura artificial. ¿De qué sirven un cuerpo, unos labios y una cara inmaculada si realmente nada es tuyo?
Vivir en una contradicción constante es lo que hace del mundo un lugar perfectamente imperfecto. El ying y el yang. Las gallinas que entran por las que salen. Soltar algo para poder coger lo que venga. Por eso tiene gracia la vida, ¿no? Porque nuestras pasiones comparten litera con las cosas que no nos gustan. ¿Acaso no es perfecta la falta de perfección?
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