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Los latigazos mentales y el coño-cazador

Yo metía la lengua en el agujero de un diastema, casi ronroneando.

3 de marzo 2026


Charli xcx graba la banda sonora de ‘Wuthering Heighs’ con un móvil y en la lejanía, en la habitación de al lado de cualquier casa. Alguien camina a cuatro patas. ‘Sentimental Value’ representa un cine donde las burguesas sufren heridas de crianza, un chiste. Un chiste que dice así, o se narra así. Un abuelo, un pésimo padre, le muestra a su nieto la carátula de la película ‘The piano teacher’ y le sentencia: la mejor película para entender a las mujeres y la relación con sus madres.  Alguien una vez me tiró al suelo y me dio patadas, pensé que como yo había levantado también la mano, quizás no era grave. Alguien me dijo una vez de manera educada y aternurada: ‘No te ofendas, pero luces como alguien a quién le gusta que le follen duro’. La mamá de la profesora de piano y la manera de desgarrarse por colapso.  Dice McKenzie Wark, andabas demasiado entusiasmada con el costado sagrado del ritual erótico. Meh, me lo traduce a mí. A mí.  Le escribí a una amiga, lo que le interesa a esa idiota es el relato, no el suceso. Isabelle Huppert parece siempre un cuchillo de plata. Un amigo me quiso insultar, me dijo: ‘Tú eres como un tenedor hecho de madera, no sirves para comer, pero si para golpear’


Así que, pues. Una intro, un sample de extractos donde regrabar una canción.  

Yo, ardida, desenvuelvo mi tema de febrero:


‘Los latigazos mentales y el coño-cazador’


¿Qué es un latigazo mental?— me preguntas clavando tu pupila dilatada en mi pupila nebulosa. Pues un latigazo mental es primero un desvío que puede conducirte a un precipicio, un recordatorio abochornante posterior por ese mismo desvío. Un boicot a la dignidad. 


Por ejemplo. 


Primer latigazo mental en exposición:  Preguntar después de acabar de follar con alguien si le parecía racista como europea.


Tras un latigazo, me retumba la vergüenza en la cocorota y ya pueden pasar 15 años, que me sucederá el quejido cerebral con la misma intensidad. Un latigazo mental es cuando tienes la sensación de que alguien tendría que haberte pegado un sopapo en la boca para cerrártela. Algo que te dice ¿Qué necesidad tenías de soltarlo al aire? Hay cosas que mejor que nunca salgan del cerebro o del primer café del día con mi compañero de piso.  No solo es aceptar la vergüenza ajena que atesorarás hacia tu propia persona (con la que tratar´s de disociarte en el recuerdo), si no, darte cuenta de que esa vergüenza viene de una falta de tacto o cuidado con la persona a la que le has desparramado tu pensamiento intrusivo. Un latigazo mental se asemeja a un derrame de vino sobre un mantel blanco, una marca que te durará hasta que atravieses la laguna estigia. Hasta que la palmes o la droga te haga perder las pocas neuronas que nos quedan entre los 15 y los 50 años. También es lo que me sucede cuando me libero en el placer o me domina la ira, ese colador mental que nos distingue y nos hace co-habitar en pequeñas islas pacíficas a nivel personal, se distorsiona y de mi boca emergen coágulos menstruales de óvulos desechados (frases que solo representan una manzana de la discordia entre mi interlocutorx y moi). SYa que si con el placer, me abochorno... con la cólera, me aniquilo. 


Segundo latigazo mental en exposición: Gritar a tu madre que su palabra no vale nada y que vivir con ella es como habitar a un lado del muro de Berlín en el 611.


Me encuentro en un punto de ebullición absoluto, estoy a dos pestañeos de mandar a mi madre a tomar por el santo ojete y a desvincularme una buena temporada de ella.  De apostar por complicarme la vida por un arranque de rabia, a dos taquicardias de desaparecer con mi gato y mudarme a un pueblo remoto a vender mis bragas usadas a quien sea. Reconvertirme en pastora de cabras o a cosificar lo que pueda de mi cuerpo para sostenerme fuera de la vorágine demencial que es mi escena familiar en la capital. Otra vez. Regresar a México. Embarcarme a Corea (sin especificar a cuál). No se pinta tan grave, pero el continuo desgaste me roba objetividad al enfoque. Solo necesito convertirme en avestruz y meter la cabeza en tierra para que me la coman los gusanos mientras la vida sucede y sigue brotando. 


Tercer latigazo: ¿de verdad merezco un antibiótico o no se me permite ya morir por sífilis? 


Necesito un filtro, una malla que recoja lo que no encuentra espacio consistente en el aire. La astucia no pertenece solo al zorro, pero la paz mental solo se le otorga a quién fluye y avasalla. Quien sabe cocinar lubina, no malgasta limón. A buena entendedora, pocos vocablos bastan. 


 Cuarto latigazo a exposición: No me pertenece, pero se iguala. ¿Qué sucederá si pego un volantazo en esta curva, con el coche camino a la universidad?2.


Mi cerebro conecta la suspensión. El automático que solía adquirir en la desconexión ya no es fiable. Ahora me preocupa mi falta de cordialidad hacia el futuro. Mis ansias de revancha con todo y la pena sólida que parece dominarme últimamente. Hay una basílica que lleva mis huesos a mantenerse en punto de detonación sobre piedra sagrada. Pido asilo para un incendio. Leo ‘La naturaleza nos acabará abrazando’ de Néstor Reina. Me dan envidia sus progenitores, me siento de la mano con su viaje, su privilegio -de alguna manera similar al mío- y su voracidad ante la vida y la masturbación. Me gustaría poder abrazar una figura paterna-materna estable. En Hamnet se llama a gritos a las madres cuando el terror acecha. Nunca he sentido esa necesidad. Con mi hermana, quizás. Con alguien de quien me enamoré. Gritar llorando el nombre de alguien para que te sostenga. En desconexión, no recuerdo si cualquiera de las dos imágenes puede llegar fraguarse en realidad. Creo que sí, puede que fuese el mismo día. Hace dos años y pico llamé a mi hermana y le confesé, me estoy volviendo loca. Se me escurre el cerebro por la oreja y no sé cómo frenarlo, y ya no sé tomar aire, tragar saliva o quitarme esta sudadera. No puedo levantarme o concretar un pensamiento, cerrar el ojo izquierdo. Y ella me dijo que no, que tranquila, que solo atravesaba un ataque de pánico demasiado abrumador. Así que me tumbé contra la pared, apagué las luces y volví a gritar el nombre de alguien que ya no existía hasta que mi compañero de piso me encontró a punto de vomitar contra el parqué. 


Quinto latigazo a exposición: Imagínate que después de haber follado como hemos follado, voy y te digo que no quiero seguir con esto.3


Los latigazos verbales solo me estrangulan la autoestima, si lo que se viene acaba en una ciclogénesis física, debería de avisar a alguien. En mi adolescencia baja (una alta edad media) bebía tiza y chupaba pilas para no acudir al colegio. En mi alta adolescencia (baja edad media) tijereteaba ropa ajena para paliar la ira en el hogar, dejé de comer y me mataba a correr por un parque. Ahora mantengo la constante de mutilarme las uñas hasta el punto de sentir dolor cada vez que me enjuago las manos.  Si detengo esa costumbre, tiendo a volverme virulenta de cojones. Como si morderme los dedos disminuyese mi incertidumbre y otorgase un foco a lo violento que albergo. Al tratar de perseguir unas manos bonitas, la crisis no encuentra desembocadura ni paliativo. 


Sexto latigazo a exposición: Yo, joven. Estallido y: ‘¿te das cuenta de lo fácil que sería para mi persona pegarte un tiro4, ahora mismo, que te entrase por la nalga y saliese por el estómago? 


Una se revienta la oreja con Mike Oldfield mientras inspecciono lo que la Berta me ha enviado desde Reservoir Books. ‘Good girl’. Aria Aber. Una novela noctámbula. La protagonista es hija de unxs inmigrantes afganxs en Berlín. Yo soy hija de una burguesía complaciente en mi ciudad de origen. Aun así, me veo en su tambaleo descoordinado y una parte de lo que mutila sus posibilidades de integración (ella, inmigrante de segunda generación en un Berlín hostil post-11 de septiembre). En la furia, las chicas nos entendemos. Lo que se denomina ahorita como ‘la female rage’. Aria y yo compartimos la rabia (desde tableros opuestos y desnivelados), las decisiones estúpidas y la humillación para experimentar algo que nos resulte fuera-de-lo-común, una caza por avituallamiento del narcisismo desajustado. Un apego a ojear lo abisal desde la excitación, pero rezando por no tropezar demasiado ante ello. 


Fotos de elena pronto

Latigazo mental: Tengo miedo, sobre todo, de iniciar una nueva perversidad.5


No puedo dejar de lado ser la menos pija de las pijas, la menos gorda de las gordas o la que habita un limbo extraño y no -particularmente- activo de lo queer, la más normativa de lo no-normativo. Los limbos intermedios de cualquier patrón que me dejan tirada tomando el frío en un pantano medio lleno.  Mis latigazos mentales se deben a los huecos que dejó un poso doliente. A veces para boicotearme, a veces porque solo quiero clavarme una lanza entre las costillas y suplicar por volverme católica. Pero he roto mi celibato, con demasiado pudor, pero las suficientes veces como para no pasar el examen recursos humanos en un convento. En mi identidad, casi puedo visualizar las grietas y cada una de las partes donde me contradigo cerrando los ojos.

 Me repele mi falta de voluntad para la supervivencia. Se me abarrota la poca suficiencia y los vocablos. Le grité a mi madre: tu palabra no vale nada. Y ahora pienso que la mía tampoco. Visualizo la palabra tamizar. Visualizo una frase: 


‘Antes tenemos que refrescarnos las fosas nasales con anfetaminas (Good girl).’

 La protagonista a su amante, una década mayor que ella. 


Otra: 


‘Un día le dije, con mucha educación, que la tercera persona de la Santísima Trinidad no se encontraba en mis nalgas, como sugería esa mano suya tan calentona. (El cordero carnívoro)’.

 El protagonista pre-púber a su cura en confesión. 


También visualizo cualquier edificio brutalista que pueda tragarme a fauce abierta solo porque me aburro y me siento muy sola. No poseo un idioma para integrar/definir ciertas cosas, pese a adueñarme de muchas variantes del español que no me pertenecen. Rememoro la explicación de mis decisiones escabrosas, del afán de mutilación constante (uñas y humores). La inercia del aguante. Si por cada hueco, me remato para manchar aquello que se entiende por mi linaje o aquello para lo que debería haber acudido predispuesta nada más abandonar mi fase púber. La vida que me esperaba en desarrollo. 


Un Power point. Dos puntos:


 Estudiar en la complutense (como mis progenitores), un máster (no el de edición), trabajar para una editorial (no la de Planeta) y beber vino de melocotón en el after work. Perder la virginidad vaginal a los 16, la anal a los 21 y mi primer amor (amorch con pronunciación de Lola Flores) a los 25. Una mujer, casi mejor. Aunque redefinamos una vida en un sistema más normativo, me permitiré no dibujarme jamás en la heterosexualidá. Gracias. La fase de químicos de los 17 a los 23, la fase de los gin-tonics de los 22 a los 28. Teñirme de blonde-old-money. Pagar un piso en el barrio de Justicia, abandonar sin decir nada a cuatro personas distintas. Mentir sobre mi raza, mis ideales, mis estudios. Convertir lo desolador en lo ajeno, no anclarlo como mi punto de partida. Escuchar a la M.O.D.A de forma no irónica. No tener el recuerdo de que una vez me tiraron al suelo y me pegaron patadas. Adoptar a un galgo y acudir a la Gildería todos los domingos. Cocaína en bodas una vez al mes. Comprar la ropa en Noon y las botas en Bryan Stepwise. Leería ‘No comerás flores’ o ‘Los escorpiones’: ante todo, me mantengo ecléctica.  


Nah.

Debemos salir de este bucle de diario púber. 

Cambio de tema sin abandonar el sedimento.


El grupo Candelabro tiene una canción que se titula Tumba. Mirar en la tumba de tus ojos y poder ver que no estas ahí. Pero siempre vas a estar ahí, aunque ya no te mire a los ojos. Me lo recito a mí misma mientras me lavo la cara con ocho productos que no debería permitirme adquirir, antes de irme a la cama y rezar para poder dormir cuatro horas seguidas sin ayuda de pastillas o analgésicos. 


Sigue sin sedimento, establece el puente con tu diario personal y continua con el sermón. 


Séptimo latigazo. Yo metía la lengua en el agujero de un diastema, casi ronroneando, y pregunté si a esa persona le generaba tanto placer como a mí, sentir mi lengua entre sus dientes.6


‘Pero el deseo no se puede confinar, y menos ese deseo transformador, catastrófico, que atrae a las chicas al lado salvaje.’


Oh, Aria. Que bien entendiste a las chicas. 


Me pregunto cuantos de mis deseos se han establecido sobre una carencia, cuantos de mis deseos se constituyen sobre una atracción inmaculada y no sobre tapizar una basura del pasado. La indecisión y el visionado del fanfic de la Fennell me siembran dudas. 


¿Acaso solo me hago pajas narrativas bajo mis propios términos en público? 


Pablo leyó la primera versión de este texto y, un tanto preocupado, me preguntó primero si yo necesitaba una llamada. Después lo definió de manera certera, cito: 


 ‘Resuena como si en todos tus anteriores textos fueses una tía que se ha tirado toda la noche en una fiesta haciendo bromas cínicas y este que me acabas de mandar, como si te fueses a llorar a la cocina.’


 En la cocina de una casa ajena, no se llora, se come o se reordena la despensa. Pero no se llora. Nila (protagonista de Good girl) llora después de mantenerse tres días de fiesta y recordar a su madre muerta. Otra persona me dijo, tu tristeza encaja en tu forma de ser, no en tu personalidad. Se me explicó la diferencia, pero me encontraba tan cansada que no lo recuerdo. ¿Y si la tristeza no encuentra salida en esta entrada de diario privado?  Que va, siempre me he enseñado a atajar con un giro o un verdadero latigazo que cambie el rumbo de mi destino. Puedo boicotearme o resultar tierna de forma verbal, pero en mi tablero se mantiene la salida o el jaque a la reina. No te entristezcas, si puedes devolver el puñetazo o continuar batallando, sorbe lágrimas y camina a pasitos. 


Mantengamos la esperanza en que esto no sea otra entrada a la literatura del yo de una blanca que se queja de su identidad liminal. Mi tristeza no es tan importante. Pensemos. Leo ‘Confesiones de un chef’ de Anthony Bourdain. Leo ‘Estados de agravio’ de Wendy Brown porque que comparar una relación materna con el fin del neoliberalismo progresista, suena cool.  Inicia una revuelta, plantea soluciones, devora literatura de lesbianas, abofetea a un libertario, escucha a Dakhabrakha sumergidx en un opiáceo, pega un machetazo la próxima vez que te cruces con un pedófilo ya que abundan demasiados en el mundo.  


‘Estados de agravio analiza lúcidamente los impasses emancipatorios y los círculos viciosos producidos entre el victimismo, la dependencia y la maquinaria institucional estatal’ dictamina el prólogo. Buah, es que soy yo lit. 


Legitima lo polimorfo y temporal de tus problemas insignificantes. No. Capitaliza tu taradez. Puede. Lo reaccionario se consume de la misma manera que un caramelo de violeta. ¿Sí? En teatro acuñamos una expresión fabulosa y facilonga que se denomina Deux ex machina7. El personaje del papá en ‘Sentimental Value’ le espeta a la traumada protagonista -mi Renate tremendita- que resulta muy difícil querer a alguien que guarda tanta furia. Y, joder, yo no quiero que mi madre me quiera. Mi madre me quiere, solo que lo que no le apetece es respetarme. Respetarme de verdad, sin controles de asfixia ni chantajes emocionales ni manipulaciones por dinámica. Isabelle Huppert, adóptame. Jacobo Elordi, déjame ensillarte como es debido. Te mereces, tanto como yo, un bocado de hierro en la mandíbula.  Te mereces tanto como yo, un fustazo picarón. 


 Mi deux ex machina quizás, se traduce en una frase final que restalla como un latigazo puesto que termino esto con la prisa del final de mes y una febrícula post-somatización emocional. ¿Lo único que deseo? Sentirme querida y a salvo. Y también que, en una noche de karaoke, esta señorita con voz de currusco, pida la canción ‘Don't rain on my parade8 y todo el mundo se sorprenda -maravillado/estupefacto- por que no he fallado ni una sola nota y mi timbre de voz reverbera de manera espectacular. 


La clausura de esta contingencia se escribe con la Charli aun de fondo. 

Cerramos con una pregunta. 


¿Qué significará el coño cazador y que razón lo sitúa en el título?

Nos vemos en el capítulo de marzo, compañerxs.  

Aún me quedan triquiñuelas por esquivar.

 


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 1 Sin especificar a qué lado en concreto te refieres.

2 Y se pegó un giro. Un levísimo y discretísimo, giro. Pero se terminó en Valencia, no cometiendo petisuis.

3 Stop, error. Tampoco escribas un relato sobre eso. ¿Por qué andas replicando algo que te hicieron con otra persona? Me dije inmediatamente después mientras nos dormíamos, muy incomodxs.

4 No voy a mencionar el contexto, legislativamente, puede denunciarse. O me podrían haber denunciado.

5 Esto no se debe soltar a la virulé a cualquier persona y más si andáis compartiendo consanguineidad. 

6 Estupefacción, los dientes son huesos fuera de carne. No se siente. No siento nada de nada. Pues toda la razón

7 Persona o situación que, dentro de una obra, resuelve de modo inesperado y, por lo común, inverosímil una situación difícil o que ha llegado a un punto muerto.

8 Barbra Streisand, Funny Girl. 







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