Con perdón, el c*ño cazador
‘Yo tengo una función que hacer, buenas tardes'
23 de abril 2026 · 1 comentario
Ayer (24 de marzo) me acaricié el ojo con la mano untada en guindilla y a la que intentaba sofocar el picor con agua, me golpeé la ceja contra el grifo hasta el punto de creer que me iba a desmayar. Ojo, agua, golpe, llanto. Una espiral. Aun así, terminé de gemir, mi compañero de piso me cubrió de suero el lagrimal y volví a repartir guindilla sobre las lentejas que estaba cocinando. De primero de pendeja: no te toques el puto ojo sin retirarte las manos el chile. En menos de tres minutos la parte izquierda de mi cara ardía y jadeaba -el ojo chapado, lloroso y la humillación cósmica cinematográfica de la secuencia-, me pregunté dónde se encontraba la justicia y por qué el perdón se nos trata de meter con embudo por el gaznate. Las lentejas quedaron espectaculares y al día siguiente pregunté a mi padre (veterinario) y a mi hermana (también) si el dolor continuo del golpe implicaba que debía de acercarme a urgencias por si acaso, una contusión y conmoción cerebral. Evidentemente, me recomendaron ibuprofeno y menos drama. Resulta curioso como un golpe en la cara sí me lleva a pensar en acudir a urgencias, pero, sin embargo, padecer fiebre de 38 grados y unas anginas con pus negro, no. Las anginas me las arranqué con bastoncillos de oído y gárgaras de sal con jengibre. El golpe lo he sufrido por una semana y con temores de sufrir una contusión irreversible o de levantarme desmemoriada y en podredumbre espiritual.
Yo es que soy de somatizar. Somatizada viva, somatizada siempre. Y sodomizando nunca, joe. ¿Y que me ha pasado? Lo de la guindilla por despiste, lo de las anginas... Al final, todo se enjambrea en el pecho, las defensas se te desmayan directas al subsuelo y te levantas hecha pura cochambre. No ayuda que mi situación habitacional se mantenga estática desde hace cinco meses (si has llegado nuevx a este diario, che, revísate los anteriores que en este mes no me sale de la seta hacer un previously en la vida adormilada de R. Collins...) Venga, que sí. Que todo se me arrejunta y no sé por dónde deshacer el ovillo, que si el estanque vital, que si mi trauma materno-filial... blablablabla. Dos días en cama obsesionada con ‘Mad Men’ y la trama de Pedro Sánchez de cara a la sacada de pecho nacional frente a nuevo estallido de la brutalidad imperialista. Todas psoeizadas y, sin embargo, vivas. Iniciando danza de procreación con la República Popular China.
En la enfermedad he reflexionado mucho sobre mi escritura y tras tres horas escuchando Ana Belén mirando el techo comiendo gotelé, llegué a una conclusión. El desquicie anárquico. NO OBSTANTE, después de acabarme ‘La idiota’ de Elif Batuman (muchos días después de la fiebre) a otro no tan distinto. El diagnóstico cierra con una sentencia: mi mente traduciendo un revoltijo a este canal comunicativo padece... ¡La afasia de Wernicke! Jorge Burón me comentó que no lograba descifrar la estructura de mis textos. Yo tampoco, es congénito, desquiciante. Dilo, reina. ¡Sagaces soluciones! ¡Un trastorno del lenguaje caracterizado por una incapacidad para comprender el habla y una producción de discurso fluido, pero sin sentido, conocido como “ensalada de palabras”! ¡Retomemos la anarquía lingüística y el potaje sin etiqueta! ¡Cómo no obsesionarme con mantener un nivel de intriga mínimo!
Hoy os vengo a hablar del perdón, la disculpa, el zurcido, el esperma. Las ensaladas y el sincericidio. Un agache de cabeza y un preludio en silencio. También vengo a rescatar mis diarios de Budapest, Rocío en 2016 cuando aún gobernaba la ultra derecha en Hungría (hasta ayer, 12 de abril). Por qué sí, porque ha pasado una década y todo apunta a que no he aprendido una mierda.
*Marchando la ensalada. La anchoa, dos puntos:
El perdón cristiano, chiquillas, qué. KHÉÉÉÉÉÉÉÉÉ. No mames, venga otra vez con el catolicismo. Pues qué le vamos a hacer, si mi formación de adolescencia fue andar embutida en misa todos los putos domingos del otoño-invierno-primavera. Para superar, debes perdonar. ah sí, ¿eh? NO. O al menos, no siempre.
*El huevo cocido, dos puntos:
Sagrado corazón. ¿Qué puñetas hace usted ardiendo eternamente? ¿Qué hace usted tatuado en piel atea? ¿Colgado en restaurantes de brunch? ¿En la poesía de Emily Dickinson? ¿en la boca de Carmen de Mairena? ¿En el pecho de la Ocaña? ¿En los dedos de Lemebel? Ni misericordia ni entrega ni su peliaguda relación con el padre.
*El garbanzo, dos puntos:
Hace 10 años revisitaba Budapest en Semana Santa. Hace cinco años estaba gestando un brote de agotamiento por la creación de mi primera novela. Hace dos años, reparándome, resucitando de mi condición de cadáver en México pos-mi-primer-amor-traumático. Hace un año, me sentía una boba o una peonza en confusión mientras seguía presentando mi primera novela. Este año acabo de aprender como cocinar una sopa china para rejuvenecer con un hongo que parece una esponja de lufa.
Y así es como se fustiga para tirar por el camino, encontrando una tienda asiática de confianza donde decidir tu futuro con galletas de la fortuna y comprar bayas goji para echarle a las gachas mañaneras.
Let’s go lesbians. 1
*La rúcula, dos puntos:
Solía pensar hasta este marzo que alguien que ha sido un ojete contigo de manera intencionada lo va a ser hoy, ayer y mañana. No perdones, no prendas en llamas tu malherido coraçao. Aprende de tus últimos cinco años, recuerda los perdones, las sacudidas y las tiradas para arriba de la cuesta. Piensa en Poçacar en San Remo, piensa en Pogi este domingo (repaso texto a 10 de abril) en la Paris-Roubaix. Como escribí en un poemario:
‘Acelerar sobre adoquines
precisa una técnica exacta
un empeño’
A bache suelto, peladeo titanero. Pero ya no comparto ese corolario. Hoy, lunes 13 de abril, Pogaçar no obtuvo victoria en el infierno del norte. Y sin embargo, Wout sí. Y nos alegramos. Atravesar los adoquines resulta complicado hasta el mejor ciclista de la historia. Go, Wout, Go. Tú también mereces devorar podio y velódromo.
*El aguacate, dos puntos:
Deforme semanal sacó un episodio titulado ‘EL PERDÓN’ hace tres semanas cuando yo comenzaba a gestar este texto. Lucía Lijtmaer anda obsesionada por la serie ‘Industry’. Y yo también. Cuando reverbera mi humillación o el sentido de la justicia pienso en esa escena donde Yasmin Cara-Hanani hace que Robert Spearing se masturbe mirándola, pero delante de un espejo para después obligarle a lamer su corrida. Con los papeles entrelazados y una clara postura de poder. Pienso mucho en con cuanta -cuantacuantacuantacuuuuuuuuuanta- penyeta me encantaría replicarlo. Hazte una paja hasta que te corras sobre tu imagen de mediocre frente al espejo. Córrete, recréate en ese acto de onanismo, de rodillas, mírame, no te atrevas y ahora: LAME TU PUTA CORRIDA. Muy amable, puedes abandonar esta estancia. Muchas gracias, muy amable. Aquí tienes una piruleta, lo has hecho fetén. Lamentamos tus espermatozoides desperdiciados, estamos seguras de que se habría engendrado un superhombre al mismo nivel que Mark Fisher o Thomas Sankara.
*Cebolla morada, dos puntos:
No se me borra de la memoria un pasaje de ‘El dolor’ de la Marguerite Duras. Ella plantea una situación hipotética donde se encuentra con un nazi que porta a su marido salvajemente torturado en la salida de un campo de concentración. Su debate interno se divide en la decisión de recoger a su marido que cae en sus brazos o arremeter contra el soldado nazi que lo carga, soltando a su marido para que aterrice y se dé un guarrazo contra el suelo no asfaltado. Venganza o compasión. No voy a comparar mi mes de marzo/abril con una víctima francesa del nazismo. La justicia está claro que no se sirve fácil, porque en ese mismo día se conmemoraban las marchas de Las Madres de Plaza de Mayo en una pseudodictadura libertaria que se empeña en negar los crímenes cometidos bajo la miradita de Videla. Una no puede confundir las Malvinas con las Maldivas. Jamás. No. Figúrate.
*Revoltijo de pipas, dos puntos:
En las despersonalizaciones me fuerzo a pensar, obsesionada con los miembros fantasma, en mi cuerpo como un guiñapo preparado para el ensartamiento de cualquier objeto punzante: una bayoneta, una bala, una ramita de espinos, un palillo, una uña acrílica o un tacón de metacrilato. Así mi sistema nervioso, que andaba haciendo crochet, se estabiliza, y echa un lazo a un muelle terrenal. Mi mente le recuerda a mi cuerpo su consistencia y peso físico bajo gravedad.
He experimentado despersonalizaciones (hoy, 16 de abril) y no me han resultado desagradables, escribo más y descanso mejor. De pequeña soñaba con acostarme y levantarme en los cuerpos de otras personas para establecer mi vida desde su configuración que nada coincidía con la mía. He experimentado despersonalizaciones que me han resultado un infierno (el martes 14 de abril). Una puede jugar sus menús fríos con pipas de calabaza o con benzodiacepinas.
*Aceite, sal, vinagre/soja/limón/yogurt de aliño:
Cuando a un presunto amante le atravesó la petittttttmorrrrrt 2y se relajó, me explicó durante unos buenos 15 minutos la razón de por qué Rodrigo Walsh constituye la raíz directa de toda su obra como escritor. O, en otro caso supuesto, que entendía lo que sentía un Brontosaurio al extinguirse. Yo misma. A mí no me oiréis cosas como: ‘Todo movimiento puede convertirse en imperialista si se une a los poderes imperialistas, incluidas las formas imperialistas de pensamiento. Cuando hay una vanguardia que decide la línea política y la impone a otrxs, se asegura una jerarquía, y el movimiento no logra prefigurar la democracia que busca lograr.3’ Pues no. Yo alcanzo el orgasmo,se acontece una aneurisma, me paro, miro a mi acompañante y pregunto: ¿Te ha molestado que use el satisfyier después de que te hayas corrido tú?
Y me quedo lánguida, lááááánguida, como una boa constrictor haciendo la digestión de una cabra.
Vamos a repasar mi diario de primavera en 2016.
¡A almorzar en entretiempo! ¡En abril, carajo!
Retornando a ‘La idiota’. Me he pasado dos días ahogada en el Adagio de Albioni, echando de menos Hungría. En Budapest vi una obra de fin de curso donde los alumnos acababan cantando ópera en el tejado en calzoncillos y cubiertos en sangre. Escribí sobre ello (y otras cosas) en mi diario de entonces, vamos a repasarlo. Hola, bienvenida Rocío del 2016. ¿Qué puedes contarnos sobre tu vida hace diez años? Aviso a navegantas, la cursiva pertenece al diario y la letra sin cursiva soy yo diez años después juzgando a una mozalbeta de 22 años.
Diario de R. M. Collins en 2016.
Domingo 5 de abril: Ayer me acosté super tarde viendo Casi ángeles y acabé de nuevo con insomnio. Vuelta acá, vuelta allá. Cuando, de repente, me empiezan a arder las piernas en picores y no se calmaban rascando. Me levanto y me paso toallitas a ver si se me pasa, mientras maldigo mi ineptitud. Primero pienso dos opciones, la más loable (en ese momento) es que se debe al abrigo nuevo que me compré en el mercadillo de Ecseri. La anciana que me lo vendió le dijo a R. que era un abrigo que había atravesado campos de batalla (por ende, una ciudad o una región atravesada primero por los nazis y después por el comunismo soviético). Y chinches o insectos provenientes de establos budapestianos. La otra opción, pensar en el tiempo que R. llevaría sin cambiar las sábanas y cuantas cosas (semen/ácaros de diversas nacionalidades) han podido pasar por ellas. Pues eso, las cinco de la mañana y yo en un estado tántrico (mi yo del pasado andaba enfrascada en terminología sexual que aún no comprendía del todo y más sin atesorar, en ese momento, una relación sexual mínimamente decente) febril, me levanto y decido que lo mejor para quitarme los picores es depilarme las piernas con una cuchilla para guillotinar lo que sea que corretea por ellas. A las cinco de la mañana, con una cuchilla. Y con agua fría, agua muy muy fría. Así que procedo... voy lenta, cómo si la cuchilla pudiese arrastrar mis picores con el jabón. Cuando sangro no me preocupo, si no que, miró más intensamente el corte, por si sale algo de mi pierna. Una garrapata subcutánea, un virus, una pulga, unos espermatozoides perdidos. Ya que estoy me lavo la cara y me afeito las axilas también. Estoy temblando, mojada y helada, pero el picor se ha ido del todo. Lo cual me lleva a pensar que ha sido todo mental, que lo único que debo hacer cuando me suceda algo similar, es ejercer el control sobre mi mente y venceré. Todo se encuentra ahí. En mi mente. Así que logro dormirme hasta las once de la mañana.
Lunes 6 de abril de 2016. Letra apretujada, ilegible. Demasiado ensimismada como para prestar atención a la caligrafía.
7 de abril de 2016. Una entrada pegada de una obra de teatro:
Ódry Színpad 1088 Budapest, Vas u. 2/c. Athéni Timon 2015. Április 07. Kedd 22:00 Helyfoglalás érkezési sorrendben Paárnajegy 50% Ára:950 Ft azaz kilencszázötven Forint Budapest.
Espectacular, Timón de Atena. Nos ahorramos la entrada, los apuntes y otras 15 páginas.
Cierre de diario.
En Budapest me prometí muchas cosas en ese diario. Quería escribir, quería actuar, quería enamorarme, no sufrir. Quería vivir allí, volver cada dos años. Quería un futuro muy distinto al que habito. No he cumplido nada de lo que me prometí mientras andaba por esa decadencia arquitectónica pasmosa y bella. Si he sido capaz de perdonar, es porque a mí (y esto ya lo mencioné en otro artículo, bueno, yo soy la persona que más me he roto el corazón, más daño me he causado, más desesperanza). No me perdono haber plantado tanto sueño en esa ciudad y diez años después, andar igual, solo que más maltrecha, agredida y cínica.
Y sin haber regresado más que en otra ocasión, maravilloso viaje, si apuntalamos.
¡Soluciones sagaces a desventuras y chascos! Después de este breve interludio, regresemos a mi tema principal: La rumba del perdón.
Primer conato: Se me han ofrecido cuatro perdones este mes. Se acudió con flores, con descarne y con temblor. El perdón acaba siendo un concepto extraño, saldremos del concepto religioso. Algo más básico. Cuando la grieta ya tilita... ¿de qué coño sirve una sutura mal ejecutada? ¿Sigue en brasa el sagrado corazón en nuestras costillas? ¿O ya ha decidido tirar el plomo por dignidad?
Mencionemos a Rosalía, ya que enmascaró el día que podría haberse titulado: Cuando rememoré una vez que, hace tres primaveras y dos renacimientos, un hombre hirió mis sentimientos inmediatamente después de correrse dentro de mí. Y sin disculpas.
Primero, lo primero.
Larusaliach. Sí, acudí al concierto. Sí, me trencé el pelo con siemprevivas. Sí, una tibia que afirma cosas bastante cuestionables. Sí, entiendo lo que se dijo en Sustrato de las referencias como anzuelo ... Lo siento Fer de Sustrato, el concierto galopó contra el pecho de todas nosotras y ahí se refugiará. Nadie se daba cuenta y florecieron los almendros. No hace falta quitarle peso, podría decir. Y Rosalía corría emplumada y yo quería tirarme con ese miriñaque, con las alas caídas zurcidas de chiffon, por esa misma escalera. Quería tirarme para atrás sin el conocimiento de aquello que me recibiría. La fábula del que alcanzó lo que pretendía, quemadita, Ícara, cera y esperpento. Acudí con mis amigas y mi akelarre al concierto y, hubo un breve momento antes de empezar a cantar ‘La rumba del perdón’ que el gay de mi lado gritó: ‘Y ESO QUE YO NO PERDONO NADA’. Hija, feel yu, marica. Yo lo he perdonado todo. O casi. Y le perdono a Rosalía ser una petarda cuyo concierto disfruté hasta las lágrimas, le perdono ser una bestia inmobiliaria, pensar que si se puede separar la obra del artista y que ella con los -ismos, uff, tibieza eh. Al menos hasta que dure el LUX Tour o diga la siguiente burrada.
Sacamos aire, hinchamos diafragma y... volantazo.
Hoy es 12 de abril, ayer fue 11. Hace exactamente unas seis horas la continuación de este texto era algo completamente diferente. Desmenuzaba mi último vínculo con el mismo modus operandi que he realizado con todos mis desvincules previos. Y no ha sido justo, no emergió desde una honestidad. Y traicioné a la escritura, consecuencia directa de no saber clara con una misma y pretender mantener la línea visceral. Se necesita reposo y no chillar en fuero interno para ver por donde suena el río de verdad.
Relataba con guasa mordaz disecciones de nuestras últimas conversaciones como si solo se sostuviera en una narración unipersonal, trenzado con una disertación de la razón de cierre y finiquitando con un veredicto de mierda. Si se otea con prismáticos, exenta de un riesgo acorde, una la caga con recreación. Así pues, metí la pezuña hasta el fondo.
Estallaba una intimidad, la diseccionaba como ejecuto cada vez que algo me abandona. Sin justicia ni cuidado. Le mostré el texto a la persona implicada y, en este caso, fui yo quien realizó una rotura. Quién repartió bofetada a alguien que no merecía ese tipo de trato por mi parte. Cuando calla la furia, se mece el trigo.
Me cuesta reconocerme como alguien que lastima a otra persona sin pensar. Tras pasarme la noche en vela, introspectada viva, mi llegada a puerto concluyó en un boicoteo por cobardía. Mi cobardía. Puse en cuestión por arrogancia. Sin curar ni salvar. Tan siquiera fue un fogonazo crudo o un derrame para desatar el nudo. Aniquilar en búsqueda de un cierre infinitamente más sencillo.
¿Me he convertido en un señoro hetero -con cero empatía emocional por huida facilonga y lavada de manos- tras el golpe contra el grifo? La culpa de todo se guarda en el visionado de ‘Mad men’ Yo iba derechita a Peggy Olson y me sedujo Don Draper para reconvertirme en él. Sin su carisma ni su gomina ni su sociopatía.
Don Draper no ha viajado a Budapest, pero yo necesito recordar que sí.
Let’s go lesbians.
Me he acostumbrado a transformar en un cadáver aquellas experiencias que me laceran. A despellejar, extraer cada órgano meterlo en un frasco de formol, etiquetar un chiste barato en cada bote, forzar una catarsis y meterlo todo en un hoyo que me recuerde, de manera burda y deshumanizada, lo que me hirió. El ‘cadáver’ con el que deseaba hacer lo mismo, repetir el patrón de desvincule... no se concibe cómo carne muerta e insensible. En este caso se trata de alguien real y no una proyección ficticia o sucedánea, que le ha afectado el tono y descarne que he manejado para despachar lo sucedido entre nosotrxs. Una persona a la que le hirió su forma de herirme -inusitado y terreno inexplorado por mi experiencia, apúntalo también- porque muchas veces descarrilamos contra una criatura que adoramos sin ser nosotras nada de eso. Creo que he tratado bastante más regular una persona que cometió un desbarajuste puntual, que un asunto que involucra un argumento de una telenovela de Cris Morena 4(la disculpa florida). Y regresamos a mi modo de ‘orquestar justicia’ en el que, al contrario que el caso con mis progenitores5, aquí el papel de la clemencia juega mucho mi imparcialidad al género y al desfogue sobre un amante-amigo/una amiga que se morreó con otro affair.
Me he equivocado, no volverá a ocurrir como dijo nuestro rey emérito antes de volver a hacer el ridículo y a cometer delitos sin que se moviese una pestaña en nuestra patria. Ew. Prueba otra vez, pendeja. Me he equivocado. 6Oléééé. Rosa de España.
Mucho mejor.
Sí, chicas, he degustado mi primer: Not all men -apartado responsabilidad emocional- 7 Ojo, me da esperanza y me desnuda frente a un error propio. Una consecuencia que resolver y en la que no recrearme para siempre.
Me obcequé que se habían intercambiado: coño cazador, coño cazado. Depredador que caza, presa que se devora. Grotesco, pero mantiene la perpetuidad de a quien asignamos los papeles pasivx/activx, amante/amadx. Todo chapucero, subterráneo y tosco como un sistema binario. Si repetimos patrones para vincularnos, los repetimos para sobrellevar la angustia del cierre. He oprimido/ reducido una cosmología. Me mantengo con firmeza en la venganza por las palabras, mi espíritu sigue afilando uñas. Es solo que en este caso... debo dar cuatro pasos para no avillanar ni por costumbre ni por reparo. Ni siquiera en disocie, mi atada a puerto, debe surgir de un aullido sin mesura. O al menos, en este caudal.
Yo. Pido perdón. Por olvidar la esencia de algo hermoso en favor del bien sonoro en un texto y un chiste. Por perfilar mi cobardía en réplica de una grieta que deseaba cubrir con un parche en vez de adueñarme de un tránsito a la altura. Por no considerar que Wout Van Aert podría ganar la Paris Roubaix. Por no regresar a Budapest. Por apenas escuchar este mes, Agapimú 8de Ana Belén que me otorga dicha instantánea y cordura.
Ralentizamos que alcanzamos casi el desenlace de esta diarrea afásica. Nunca tuve miedo de los golpes, solo de la humillación que cargan. Del instinto vengativo que emerge de la boca del estómago en reacción a la ‘injusticia’. No trato de excusarme, trato de desmenuzar mis mecanismos de defensa.
Yo. Otra vez. Dice Rosenda: 9Cuando el poder pesa más que el amorcuando el miedo está en ti y el deseo a tu alrededor. Tírame magnolias.
Los finales abruptos me causan tristeza. Consumámonos hasta convertirnos en ceniza o en saliva bajo la lluvia. Voy directita a perder, para siempre, una forma de mirar. Un pánico de frontera, un deleite por la bruma. Un cerrar el pico sin hueva por mantener cierto misterio. Esa, la lección de abril.
Reescribimos en aislamiento con flores blancas de Glicina frente al portátil y Unknown Mortal Orchestra acompañando. Despedimos el ánimo tristechonda para dar la bienvenida a la primavera, lo que sigue a la germinación, el estallido, LA CÉLIBE-ALEGRÍA. Se cierra la estación del coito, que los capullos nuevos florezcan solos.
Por si no se ha pillado, esto va de la incapacidad de perdonar(se) y cómo el cuerpo lo paga. De asumir traspiés, también. Y aunque me inclino a Ocklu10 de manera obsesiva como penitencia en los bucles... Solo logra difuminar estas capas de pena como filas de vidrio, no las amordaza. ‘Choke enough’ para bucear en onírica. Que más se le pide, res mes. Una disección galante de sentimientos que abruman. Olfateamos el perdón propio y con ello, un perdón redondo para con el resto. Mi lengua vernácula: el fustigue por costumbre. Y lidiar con la vergüenza que ciertas decisiones me causan. No debería de existir en este espacio-tiempo, pero ya que lo hago, me postulo a mejorar la situación y a crecer una miqueta. Idiomas, querida11. Una chica necesita aprender nuevas formas de comunicación y escucha.
Ea, finiquitando que ya llevamos varios intentos de cierre y caída de telón.
Os aseguro que en primavera se avecina menos turrada de oreja y más textos sobre la futilidad de las flores, unas palabritas sobre el siguiente genocidio que nos sude la entrepierna como sociedad y nuevas formas de emborracharse por, aquello que representa mi agujero favorito de nuestra anatomía, el ano.
Cierro -ahora de verdat- con una joya audiovisual de semana santa. Una imagen de Aitana Sánchez-Gijón, que no solo lleva sobre la espalda el peso de ser lo único brillante de ‘Amarga navidad’ si no, una sacudida de abanico ante el acoso de los paparazzi por su romance con Maxi Iglesias:
‘Yo tengo una función que hacer, buenas tardes.’
Y con la dignidad de una garza nipona, se desliza por el asfalto acuoso a servir interpretación al escenario del Teatro Español de Madrid. Yo tengo un mes de invierno que procesar, buenas noches. Y me trastabillo como una golondrina recién levantada después de un diazepam:
‘¿Ustedes, mis pensamientos intrusivos, quiénes son?’
No soy un coño cazador. Ahora sí. El último ingrediente de la ensalada:
Mi coño.
Mi coño premenstrual, arrepentido.
¡Bon profit!
1 Billy on the Street.
2 Un pinche orgasmo a lo francés.
3 Judith Butler.
4 En concreto cuando sucede la trama en la temporada tres, después del salto en el tiempo, cuando Jazmín se morrea con Luca a pesar de Tefi. Bendita Tefi, que graciosa que sos.
5 El artículo ‘La vagina de Mae-West’.
6 Rosa López. Ot1. Gala 9.
7 No os vengáis a arriba, que se salvan dos de quince (emocionalmente hablando). Ahora, tras las buenas nuevas del nuevo portal de internet (una se despista y cada vez que me incursiono a revisar lo escrito, suceden múltiples violencias en menos de 24 horas), la llamada Rape Academy... como sigáis violándonos se nos va a acabar la paciencia con la justicia y con aquellos que encubrís a los colegas también, se avecina tremenda ola del ‘female rage’ con hacha en mano.
8 Versión con Ojete Calor.
9 Así se llama Rosalía según Noemi Argüelles.
10 Merci, Lenuch.
11 Aramís Fuster.
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