La versión de la historia del crítico, al que nadie preguntó su opinión
Personalmente, creo que se ha tergiversado la historia que cuenta esta novela de mil maneras. Y me parece genial, no se me malinterprete, la verdad de un suceso es de las gentes que lo han vivido, y está estupendo que cada uno cuente la suya, pero se me va a permitir que casi todos me parezcan estúpidos y que señale cuál prefiero yo. No se me ha pedido mi opinión, pero tampoco creo que nadie tenga derecho a prohibírmela. Como ya se ha resumido varias veces el libro, y se ha explicado que está compuesto por una acumulación de declaraciones de personajes relacionados con el acontecimiento central, y se ha dicho que es muy divertida, paso directamente a lo que me interesa. En el centro del texto, alrededor de la página 200, se encuentra el breve testimonio (entre tantos que la conforman) del conductor del autobús, que no volverá a aparecer, solo tiene estas cuatro páginas, y en su versión, quizá sin darse cuenta, da cuenta de las condiciones materiales, políticas y socioeconómicas, que permitieron que ocurriera lo que ocurrió, de forma muy anecdótica y lateral, pero indispensable. Un entramado de corruptelas mediocres que tan revelador es acerca del funcionamiento de nuestra cultura, puerta de acceso al suceso central misterioso, clave de la novela que no revelaré, pero que quizá, además, ayude a comprender por qué y cómo se llegó a la situación a la que se llegó, qué tipo de moral, estructura y lógica social lo fundamenta. Para dar el contexto necesario quizá sea un poco enrevesado, pues no quiero desvelar nada de la trama, que tiene un componente relevante de intriga y su lectura se basa en parte en el placer de ir esclareciendo qué fue lo que pasó con el portero de ese colegio concertado de curas al que se le conocía en el barrio como el Majareta. Me perdonarán si por tanto este testimonio suena un poco oscuro para quien aún no haya leído la novela. Y aún así, si eres de los que no les gusta saber nada de nada y no leen ni la contratapa, pues no sé muy bien qué hacen aquí, pero les diría que la lean, que es muy buena, y ya si eso luego que vuelvan a esto. Yo voy ya con lo que me interesa. Basta saber que, en la historia central de la novela, hay de por medio la contratación de un trayecto en minibus fuera del centro, típico de excursión escolar de día, solo que excursión fingida, para la cual el único acompañante de los veinte niños de seis años fue el conserje, el Majareta, de lo cual a nosotros ahora solo nos interesa saber que es una irregularidad notoria, tanto en la novela tal y como se explica, como también en la realidad, ya que cuando los alumnos salen del centro deben ir acompañados al menos de dos responsables del personal docente. Para mí esta sería una gran novela aunque fuera solo por ese detalle, la clave y denuncia que se hace en este particular que se alude como de pasada y si no te fijas te lo puedes hasta saltar . La verdadera clave política de una literatura es aquella que en su entramado y sin aspavientos muestra las costuras del mundo, y no solo escenifica anécdotas de injusticia tópica hiperexplicadas con personajes planos, sino que construye su articulación narrativa con las mismas perversas articulaciones con que se construye su sociedad, dejándola así en evidencia para quien quiera prestar atención, y mostrando cómo de una forma u otra esto no es un caso anecdótico individual, sino que es sistémico y de alguna forma estamos todos en el ajo. Además, ese detalle que procedo a comentar, es prueba del matiz, finura y precisión con que se trabaja durante las más de 300 páginas, revelando, como este, muchos otros elementos de nuestra sociedad que no me da tiempo a abordar aquí. Este del que hablo es apenas una frase de la novela dicha por el conductor del autobús, que no vuelve a aparecer, y al que se le está intentando endosar el marrón, precisamente por pasar por alto esa irregularidad de que fuera ese día solo el Majareta con los alumnos en el minibús. El conductor revela que si el Majareta pudo salir del colegio en su minibus con veinte alumnos a plena luz del día y con el consentimiento de los padres allí presentes, fue porque la irregularidad de salir de excursión solo con un profesor o incluso el conserje era algo habitual. En muchos casos se hacía que si el número de alumnos encajaba justo en un autobús, se les metía a todos ahí con un solo acompañante, y las profesoras iban en su coche privado tan tranquilas al destino de la excursión, para así evitar contratar el autobús extra solo por dos o tres personas, y remata el conductor: “¿Y por qué lo hacían así? Pues porque le salía más barato al colegio y, como todo el mundo sabe, ya piden demasiadas cuotas ilegales a las familias”. Y así, como quien no quiere la cosa, como quien de camino al trabajo suelta al compañero de metro un comentario al aire que resume el sentido del mundo, esta novela revela una de las corruptelas más habituales, normalizadas y perversas del Estado, de nuestro sistema público, y de una institución como es la educativa por la que todos y cada uno de los ciudadanos de este país pasamos obligatoriamente, por ley, la única que afecta necesariamente a toda la población española, no se me ocurre otra. Tantas escenificaciones parlamentarias, batallas ideológicas, cambios de (nombre de) la ley, cambios de (nombre de) la asignatura de valores, ética, ciudadanía, chistes, burlas y mofas, y nadie ha dedicado el tiempo ni el esfuerzo para cambiar ni proponer ni revelar los verdaderos trapos sucios de la educación, entre otros: la mafia católica de la concertada. Para empezar es necesario aclarar que la educación concertada en este país es de titularidad pública, esto es algo que mucha gente no sabe fuera del ámbito educativo y muchos prefieren olvidar e intentan ocultar dentro del mismo. Si es pública es obligatoriamente gratuita. No se puede cobrar una cuota. Siendo así, como asegura el personaje de esta novela, y como sabemos quienes hemos trabajado en estos centros, es sabido que esas cuotas ilegales son práctica habitual. Por otro lado, es pertinente señalar que la educación concertada en España tiene un peso nada desdeñable, suponiendo alrededor del 30% de los centros educativos del país. Y que dentro de los concertados, según la institución Escuelas Católicas1, que aglomera a la inmensa mayoría de colegios católicos del territorio, el 60% de los alumnos de la concertada (a la que llaman “privada concertada”, cosa que no existe, para confundir voluntariamente, como decía antes) están en centros católicos, como por ejemplo el centro educativo de la novela en cuestión. Es decir, de facto, en España hay educación pública católica y representa alrededor del 20% de la educación total2. Uno de cada cinco alumnos van a colegios católicos pagados por el Estado que, además, en muchos casos, obviamente no en todos, cobran cuotas ilegales a las familias (que, todo hay que decirlo, lo consienten, y hasta lo celebran, ya que por lo menos son cuotas más bajas que en la privada, y así pueden educar a sus hijos en sus valores con “libertad”, pero eso de la libertad conservadora, que consiste en prohibir a los chicos llevar el pelo largo o pendientes y a las chicas llevar la falda corta o ¿por qué no llevas pendientes?, sería irse a otro tema, y además me caliento, que no es plan). Pues este tinglado y no otro, las cuotas ilegales y los chanchullos consentidos por todos para reducirlas, es la condición material necesaria para que en esta novela pase todo lo que pasa. Con esta educación católica pública, y con muchos otros elementos de la educación y otros ámbitos sociales, políticos, culturales, se las ve esta novela con tanta gracia, profundidad y fuerza narrativa. Y con ella nos descojonamos a cada página mientras lloramos desconsolados de cómo es tantas veces y en tantas cosas este cacho de tierra en que vivimos, y cómo somos tantas veces y en tantas cosas aquellos que lo habitamos, la verdad. Y es por eso que este libro es tan, tan entretenido, y tan, tan bueno. No te explica nada, la gente habla, y habla así, y nada cuadra del todo pero en el fondo está clarísimo lo que está pasando, ¿no? Siendo que a la vez el final es un gran final, género tan en peligro de extinción de la literatura contemporánea que cuando se encuentra uno solo puede sobrecogerse ante lo único y pensar si no será quizá ya la última vez que lo vea. Este libro es una maravilla, la verdad, y es muy crítico y a la vez muy divertido. Qué gran novela, qué cantidad de estúpidos malvados y canallas encantadores charlan por aquí, qué bien representados estamos todos entre estos estúpidos malvados y canallas encantadores. Qué tristeza de país tan gracioso. Y qué bien denunciado y ridiculizado, representado y narrado que está aquí, en Majareta.
P. D.: Teniendo presente en este libro cómo funciona el dinero, las adjudicaciones, las contrataciones y despidos, el abuso del poder, el maltrato a los pobres desgraciados que siempre pagan el pato, los discursos reversibles según quién habla y de quién se hable, me parece pertinente un posdata acerca de dinero, mercado, perversiones y oportunidades, a cuenta de que Seix Barral, la editorial de esta novela, pertenece al tan mentado en los últimos meses Grupo Planeta. En las últimas semanas se ha hecho mucho aspaviento con la forma en que, vía Premio Planeta, vía Premio Nadal (del mismo grupo), el capital, el mercado, el dinero pervierte y estupidece la literatura. Como si el hecho de que apareciera por aquí el dinero y lógicas de consumo implicara necesariamente peor literatura (como si no hubiera sido así desde hace más de cien años). En el caso del Planeta es terrible literatura, si es que es literatura; en el caso del Nadal hace tiempo que también, y este año no es una excepción. Pero ese mismo capital de Grupo Planeta, en su sello Seix Barral, dirige los intereses de ese dinero en otra dirección, a saber, algunos de los mejores autores y de las obras más interesantes que hay en este país, y lo que viene, según me comentan. Podemos ser anticapitalistas, seámoslo, pero con argumentos un poco más sofisticados que: el mercado es malo. Por ahora, al menos a medio plazo, no parece que vaya a desaparecer, así que con estos bueyes hay que arar. Decimos que lo que hace Destino no tiene nada que ver con lo que hace Seix Barral, y efectivamente, no tiene nada que ver, eso es lo interesante. Que el mismo dinero sirve para dos fines tan distantes, uno vulgar y otro útil. La tarea igual es generar un campo literario donde interese Seix Barral (y otras, ojalá) más que Planeta o Destino (y otros, muchos). Que el público demande mejor literatura para que así al mercado le interese venderla. Que exijamos a los artistas, los buenos y de verdad artistas, su mejor versión y que se batan el cobre en estos potreros, porque no hay otros, y consigan inyectarle al estúpido mercado lógicas, discursos y estéticas antimercado, y consigan sacarle al infame capital un precio aceptable porque realmente lo valgan y lo generen, aunque sea para poder vivir y seguir produciendo (y destruyendo el sustento ideológico de ese mercado fatal).
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